La maestra Perla Gómez Pulido, académica de la IBERO Puebla, señaló que “es de la mayor relevancia que las universidades cuenten con una política integral en materia de género que impregne todas sus áreas”.

Durante un conversatorio organizado por esa universidad, se planteó que la cultura de género no está sentada solo por las instituciones, sino también en el diario vivir. Las sociedades latinoamericanas relacionan a lo femenino con la debilidad, la emotividad; es visto como descartable y menospreciable. Las universidades no escapan de esta realidad social.

La doctora Nathaly Rodríguez Sánchez, académica en el Departamento de Ciencias Sociales, reconoció que las catedráticas tienen la responsabilidad de crear modelos inspiradores para las generaciones en formación. “Debemos desnaturalizar estas prácticas para que las mujeres no solo estemos de cuerpo presente en las aulas, sino para darle una resignificación a lo femenino”.

Desde su experiencia, la maestra Carmina Parada Aguilar, académica y especialista en derechos humanos, compartió que las estudiantes de Derecho cuestionan las prácticas masculinizantes que se inculcan a aquellas que buscan especializarse en áreas penales o fiscales.

Patriarcado y reeducación

Como catedráticas, las panelistas han aprendido a ser consecuentes en la cotidianidad con lo que afirman en las aulas. Rodríguez Sánchez ha implementado acciones como la inclusión de mujeres teóricas y académicas en sus planes de estudios y el análisis crítico de los privilegios de los que goza con base en las perspectivas interseccionales.

Gómez Pulido ha profundizado en la escucha activa y la inteligencia emocional para lograr que sea la empatía el hilo conductor de los diálogos en las aulas. Otras estrategias incluyen la promoción del lenguaje inclusivo y la visibilización de las connotaciones discriminatorias de los comentarios y chistes cotidianos, como las acepciones del sustantivo miss.

La base para la transformación es la generación de pensamiento crítico. Parada Aguilar rompe los paradigmas con un ejercicio de género lingüístico mediante el cual, al hablar en femenino, detona el debate sobre la importancia de visibilizar a las mujeres desde la lengua. A su vez, fomenta la lectura de noticias cotidianas para explorar diferentes formas de implementar la perspectiva de género.

Todos los avances en la materia son producto del compromiso moral de grupos encabezados por mujeres jóvenes. “Si bien seguimos con prácticas machistas, las alumnas ya no se quedan con eso; alzan la voz”, celebró la Dra. Gabriela Moreno Valle Bautista, académica IBERO Puebla.

Aprendizajes en el desarrollo profesional

Cuando el compromiso ético con la enseñanza se conjuga con el feminismo y el diálogo intergeneracional se plantea la posibilidad de mejores mundos. Recalcó Carmina Parada: “desde la perspectiva universitaria, es fundamental que los estudiantes puedan manifestar su sentir y enseñarles a que si no están de acuerdo con algo levanten la voz”.

Perla Gómez reconoció que el paro nacional de mujeres demostró que la pandemia no ha detenido los esfuerzos del alumnado para involucrarse en el quehacer público y universitario. “Estamos viviendo un proceso de aprendizaje compartido, yo también aprendo de alumnas y alumnos”.

De manera particular, el Derecho continúa con perspectivas patriarcales que van desde el uso del lenguaje hasta los procedimientos diferenciados tanto en los tribunales como en el encuentro informal entre pares. Sin embargo, Gabriela Moreno Valle celebró que, desde que dejó de ejercer en 2014 para dedicarse a la docencia, se han visto cambios significativos.

Cuentas pendientes

Las catedráticas coincidieron en la necesidad imperante de reeducar a profesores y estudiantes bajo la premisa de que la formación en cuestiones de género es relativamente nueva. Se trata, concluyó Gómez Pulido, de una construcción del día a día en la que los profesores varones están llamados a volverse partícipes de los cambios.

También puntualizaron que la capacitación de las universidades debe introyectar la forma de pensar a través de cursos y protocolos de atención a violencias de género, los cuales deben involucrar activamente a las estudiantes. “Vamos por buen camino. Las alumnas tienen que entender que son privilegiadas. Esto es resultado de las luchas pasadas”.

Los aprendizajes que han dejado las expresiones de las jóvenes dejan ver que hay situaciones que no están siendo atendidas de manera correspondiente a la magnitud de las violencias. “La universidad tiene una responsabilidad como un espacio de reflexión sobre la realidad a partir de la historia para buscar la transformación”, aseguró el Mtro. Simón Hernández León, coordinador de la Licenciatura en Derecho de la IBERO Puebla.

En consonancia con la lucha de los feminismos, el papel de la comunidad masculina, dijo, es establecer diálogos donde los varones aprendan desde la escucha activa y el respeto. La construcción de nuevas formas de entender lo jurídico tendrán que contar también con una disposición de apertura hacia lo intergeneracional e intercultural.

Para volver a ver el conversatorio, ir a la siguiente liga: https://www.youtube.com/watch?v=NUxmULzUytE