Sólo 3 de cada 10 mujeres acceden a servicios financieros y sólo una ahorra en una institución financiera, lo cual representa un obstáculo para la movilidad social en México , concluyó la investigadora Patricia López Rodríguez esta mañana en un webinar organizado por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

En la presentación del informe “Inclusión Financiera de las mujeres para la Movilidad Social en México” publicado por el CEEY, concluyó que a pesar de la disminución en la brecha de género en cuanto al acceso al mercado laboral, la falta de productos financieros diseñados para mujeres es un problema que no sólo afecta a las usuarias sino a sus hijos también.

Entre los hallazgos del estudio, López Rodríguez estimó que cuando la madre de familia tiene acceso a servicios bancarios, los hijos tienen mayor probabilidad de cursar niveles de estudio superiores que los de los padres.

Además de la numeralia ofrecida por el informe en la que se hace hincapié en la necesidad de la inclusión a la vida financiera de las mujeres, la académica del ITAM y la Universidad Iberoamericana explicó que variantes como el desarrollo laboral de las mujeres, mayoritariamente en la economía informal, y la falta de educación financiera ponen en una situación de desventaja a las mujeres de cara a su inclusión en los servicios financieros.

Otro factor que consideró López Rodríguez como desventaja para la inclusión de la mujer en los servicios financieros, es la disparidad que, en su apreciación, existe en cuanto al tiempo empleado en labores domésticas, que se considera como trabajo no remunerado.

Ursula Heimann, especialista en temas financieros y comentarista en la presentación, expuso la necesidad de que las mujeres no sean vistas por el sistema financiero como beneficiarios de prerrogativas y sí como sujetos activos de la economía.

Expuso que las políticas de inserción de la mujer a los servicios financieros tienen que ir en el sentido de segmentarlas en cuanto a sus circunstancias de negocios, ingresos, condiciones de empleo y escolaridad para la creación de productos que las incluyan como usuarias de servicios financieros, esto con el fin de fomentar la movilidad social intrageneracional e intergeneracional.