Ciudad
Rescatan monumento edificado durante crisis del siglo XVIII en Puebla
Abre sus puertas al público como un espacio para la cultura y trabajo de artesanos locales y de la región sureste del país
Una casona originaria de 1766 y catalogada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en la clasificación uno, el más alto que otorga la institución, abre sus puertas al público como testigo viviente de la Puebla colonial, y como un espacio para la cultura y trabajo de artesanos locales y de la región sureste del país.
Con más de mil metros cuadrados de construcción y una arquitectura propia de la corriente barroca, la casona fue originalmente un hostal ubicado en la calle, 2 Oriente Número 811, a orillas del río San Francisco, cuya colindancia, de acuerdo a Elsa Patiño Tovar, catedrática de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, indicaba la extrema riqueza y la extrema pobreza que conformaban el cuadro de vida del antiguo Obispado de Puebla, ya que la organización territorial de la ciudad estaba estrechamente ligada a un reparto del poder y la segregación social.
De esta forma, la casa es testigo de la “contradicción inherente al humanismo europeo en el hecho de querer plasmar utopías, cuyo sustrato es la búsqueda de libertad y dignidad” explica Patiño Tovar.
Miguel Ángel y Laura Gutiérrez Fernández del Campo fueron los responsables de la restauración, que correspondió a un monto superior a los cinco millones de pesos y una duración de más de tres años.
Testigo del mestizaje
Los hermanos, de origen poblano, mencionan que el valor histórico de la casona reside en la época de su construcción, la cual fue realizada durante la transición que existió entre la política segregacionista de los asentamientos y el acelerado proceso de mestizaje.
“Estudios históricos de la ciudad de Puebla, como el de Carlos Contreras y Claudia Patricia Pardo, indican que el momento de construcción de la casona corresponde a una etapa en la que los españoles se fueron a vivir a los barrios indios, como el Alto o la Merced, y la población india se introdujo a la ciudad”, explica Miguel Ángel Gutiérrez Fernández del Campo.
De esta forma, el propietario también narra que la casona fue testigo de la ruptura del mito que rodea a Puebla, respecto a haber sido una urbe particularmente española-criolla. Y es que en 1777, durante los tiempos del Virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa, existían 54 mil 573 pobladores, de los cuales 30 por ciento era de origen español, 20 por ciento indígena y 70 por ciento mestiza.
Edificada durante una crisis económica y social
Así mismo, Gutiérrez Fernández del Campo refiere que su ubicación es otro de sus valores históricos, ya que al estar cerca del puente de Bubas, hospital que atendía a enfermos que padecían las principales epidemias de la época como la viruela y el sarampión; la casona da muestra que fue construida en una época en la que prevalecía la falta de higiene en la ciudad, suciedad y estancamiento económico.
En este sentido, la casona, denominada como “Herencia 811”, fue construida cuando Puebla de los Ángeles enfrentó un estancamiento económico originado por dejar de ser el gran centro productor de cereales y su función de centro abastecedor de la ciudad de México, lo que se vio reflejado en las malas condiciones de urbanización y el despoblamiento.
En palabras de Gutiérrez Fernández del Campo, la casona es “una herencia de fortaleza y perseverancia, que se demuestra ante los momentos de crisis, y qué mejor ejemplo que su propio origen”.
Cambian la historia
Sin embargo, a más de 300 años de su edificación, Herencia 811 es la antítesis del momento en que fue construida, pues hoy día es sinónimo de emprendimiento, al alojar más de 24 locales dedicados a la artesanía y gastronomía mexicana, así como de constituirse como un espacio para nuevos artistas.
A menos de un mes de apertura, ha registrado más de 500 mil visitantes de Puebla, Oaxaca, Veracruz, Europa y Estados Unidos, por lo que este equipo de emprendedores poblanos, invita al público local y foráneo a visitarlo y ser testigo de la riqueza cultural que guardan sus muros y altos techos, así como de convivir con la historia a través de conferencias que se imparten los fines de semana por historiadores y arqueólogos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.