Entretenimiento
La derrota francesa en la final de la Eurocopa 2016
Siete días antes todo era alegría, el país volvió a los tiempos felices
La noche estuvo llena de dolor, de lágrimas pero también de violencia.
Ya todo es historia y Francia vive su duelo
C’est triste, c’est fini!
7 días antes todo era alegría, el país volvió a los tiempos felices, donde ni los atentados, ni las manifestaciones ni mucho menos el intento a un llamado FRAXIT mermó el humor de quienes vivimos en tierras galas.
No se hablaba de otra cosa más que de la final.
Se agotaron las playeras en las boutiques
Las reservaciones en los bares y restaurantes estaban repletas, ni uno más.
Quienes ya sabían que iban a entrar a la #fanzone ya sabían que tenían que madrugar para hacer largas filas y tener acceso a un pedacito, a un atesorado lugar en la mejor-peor parte de París (los reportes policiales hablan de 50 detenidos anoche y varios incendios), detrás de la Torre Eiffel con las megapantallas.
Ni Edith Piaf hubiera logrado tanto público reunido.
Seguramente la #Eurocopa2016 fue la envidia de Madonna incluso de Coldplay, al ver a toda una nación unida y solidaria en espera de alzar la copa y de un público que cantó, comió, bebió, rezó y bailó al ritmo del futbol.
Todo era alegría.
El sol que se ve desde las cinco y media de la mañana hasta las once de la noche coincidió con el famoso verano francés que hace de sus días majestuosos y el evento futbolístico no podía tener mejor escenario.
L’été de Brigitte Bardot!
Los más sesudos e intelectuales decían que confiaban en que ganaría el mejor equipo, “Nuestro nacionalismo no nos ciega, sabemos que Francia tiene un buen equipo, pero Portugal es un grupo bien organizado con un gran líder para ellos que les da la fuerza y el empuje”.
Domingo 10 julio
Desde muy temprano se veían rostros pintados, pelucas con los colores azul, blanco y rojo, sombreros de todos los tipos con los mismos detalles franceses, vehículos con enormes banderas tocando el claxon.
Los autos descapotables ayer se dejaron ver por todas las calles, con un montón de gente saludando a diestra y siniestra y regalando sonrisas.
Desde la explanada del museo de Louvre se podían observar a miles de extranjeros posando para la famosa foto con la bandera francesa: “Allez, allez les bleus”.
Hasta los vendedores hicieron su agosto en pleno julio y su stock de crayones, banderas, gallos, agua embotellada forrada de azul, rojo y blanco se agotó, para las siete de la noche ya todo estaba listo para vivir la gran final.
El estadio de Saint-Denis se convirtió en una verdadera fortaleza, desde muy temprano las personas comenzaron a formarse, la esperanza se dejaba sentir y la fraternidad se respiraba en el ambiente.
En la plaza Bastille ya se dejaba ver uno que otro aficionado
El arco del triunfo fue iluminado desde las ocho de la noche para rendirle tributo a Griezmann, Pogba, Payet y ninguno de ellos figuró en el partido.
Hubo quienes organizaron su día perfecto, reunión en casa con los amigos, piscina en su residencia, carne asada, vino, champagne, cervezas y botana, todo listo para el festejo.
Fueron 108 minutos con 59 segundos de mucha tensión, de gritos, de incredulidad de ver a un Cristiano Ronaldo detener el partido dos veces, de no poder anotar, de ver nacer a un héroe #merciLloris y vivir con el fantasma de la violencia.
Pasado el minuto ciento nueve, los rostros se transformaron y no había ya alegría, toda Francia enmudeció.
Y París ya no era una fiesta.
Tampoco Lyon, Lille, Bourdeaux, Marseille….
Todo el eco del triunfo de Portugal fue respetado pero no repercutido.
“Si los azules perdieron, nosotros también perdimos”, me decía Alex un simpático americano que apoyó fervientemente a los galos.
Y sí, nosotros perdimos.
Perdimos la gran final, pero ganamos una nación unida y solidaria donde la cordialidad se hizo presente.
Con un espíritu revolucionario esperan ya la copa del mundo, y que no muere ni morirá aun cuando faltan 730 días para ello
Mariana vive y la Marsellesa que deleita a millones de corazones sigue haciendo eco.
#Merciemesbleus
#MercieFrance