Sociedad
Persiste tradición de regalar mulitas y panzones en Puebla
Aunque el número de puestos de artesanías es menor en comparación con años pasados, la tradición se niega a morir
Foto Jaime Zambrano
La tradición de regalar “mulitas” hechas de barro o palma; muñecas de cartón; y panzones de cerámica o papel, persiste en Puebla pese a los cambios generacionales. Aunque el número de puestos de artesanías es menor en comparación con años pasados, la tradición se niega a morir.
Durante este día, Jueves de Corpus Christi, decenas de puestos se colocaron en el Parían y Barrio del Artista ubicados en el centro histórico de la Angelópolis, para ofrecer las tradicionales figuras.
Las mulas más baratas se ofrecen en tres por 10 pesos, se trata de figuras del tamaño de una moneda de un peso; aunque algunas llegan a superar los 60 pesos; en tanto, las muñecas cuestan más de 50 pesos; y los panzones se ofrecen desde 25 a más de 100 pesos.
José Ramírez, artesano de Amozoc, refirió que disminuyó la presencia de comerciantes que ofrecen las tradicionales “mulitas” y aumentó el número de puestos de comida, sin embargo, resaltó que a tradición continúa.
“Venimos desde Amozoc para vender las tradicionales figuras. Muchas personas nos compran para regalar las tradicionales mulitas a un amigo. Nosotros les ponemos el nombre a la persona a la que va dedicada”, comentó.
Rodolfo Sánchez, explicó que estudia en la BUAP, sin embargo, este día apoya a su familia en la venta de los panzones y las tradicionales muñecas.
“Vienen muchas abuelitas y madres a comprar los panzones y las muñecas, sin embargo, también hay muchos jóvenes también compran para regalar a sus amigos. Es una bonita tradición”, comentó.
Se acuerdo con la tradición católica, regalar mulas o panzones a un familiar o conocido en señal de broma, nació en la Colonia. Cuentan que un hombre llamado Ignacio tenía dudas acerca de su vocación sacerdotal y un jueves de Corpus le pidió a Jesucristo que le enviara una señal. Al pasar el Santísimo Sacramento, Ignacio pensó que si estuviera presente Dios, hasta las mulas se arrodillarían. En ese instante, la mula se arrodilló. Ignacio interpretó esto como señal y entregó su vida a Dios en el sacerdocio.