El ánimo del equipo de campaña es festivo y optimista. Contrario a lo que refleja en las fotos y entrevistas de televisión, Ernesto Javier Cordero Arroyo, el candidato opositor, el rebelde que busca la dirigencia nacional panista se muestra como un hombre simpático, dicharachero, de sonrisa ágil y humor desenfadado.

La solemnidad prejuzgada, preconcebida y endilgada a los panistas desaparece en el Tumbalínea, autobús en que viaja el aspirante.

Las risas abundan con las bromas picantes que sueltan con desparpajo sobre sí misma Ana Teresa Aranda Orozco; las anécdotas de la etapa de músico, como baterista del grupo Timbiriche, de Max Cortázar, le dan material a Cordero para burlarse a sus costillas de su vocero.

En tanto, Juan José Oliva, ex gobernador de Guanajuato y fórmula de Ernesto Javier en la búsqueda de la dirigencia nacional, tiene tema para la remembranza; hasta el ex subsecretario General de Gobierno estatal, Luis Fernando Manzanilla Prieto, hace bromas exitosas sobre su hoy cuñado incómodo. O aquí tiene muy buen humor o de verdad, como dicen, van muy bien en la intención del voto para ganar la contienda que tiene cita en las urnas el próximo 18 de mayo.

Cordero, sorprendentemente es otro, diametralmente distinto al acartonado personaje solemne, al otrora secretario de Hacienda y Crédito Público del sexenio pasado.

Los dos reporteros de e-consulta que hacemos el traslado con él y su equipo desde su reunión en San Martín Texmelucan, a la capital poblana, somos recibidos con confianza; nadie se cuida de lo que habla y las expresiones, análisis, críticas y autocríticas políticas fuera de grabación suenan sinceras, espontáneas.

Los dos grandes damnificados de la crítica corderista son el actual presidente del PAN con licencia, Gustavo Enrique Madero Muñoz, y el gobernador poblano Rafael Moreno Valle Rosas. Pero más aún, la colusión de estos personajes para “intimidar y presionar” a muchos de los 13 mil 500 militantes poblanos de Acción Nacional que sufragarán para definir quién será su dirigente nacional.

Las preguntas son directas y las respuestas de Ernesto Javier Cordero Arroyo se dan sin regateos. Viene con la espada desenvainada.

En la conversación (que se publicará completa el próximo domingo) Cordero Arroyo señala que Rafael Moreno Valle Rosas, con sus actitudes de cargar los dados de la contienda en Puebla a favor de Madero, evidencia que no ha superado su pasado, su etapa priísta.

Los adjetivos aparecen contundentes y ágiles cuando habla de quien fuera su aliado en la contienda interna de AN por la candidatura Presidencia, que perdió Cordero frente a Josefina Eugenia Vázquez Mota. Esa es ya agua pasada, pero no las afrentas actuales.

El tránsito cargado hace largo el traslado, que los políticos aprovechan para recordar anécdotas y datos parlamentarios, que es el terreno en donde mejor se cocinan hechos extraordinarios, chuscos, inverosímiles y casi todos los que ahí viajan y forman parte del equipo de Cordero, han ocupado curules o escaños.

La torta de conejo

En el viaje, Cordero se comunica vía telefónica con el coordinador de los 22 senadores perredistas, el poblano Luis Miguel Gerónimo Barbosa Huerta. Lo felicita por la rehabilitación que lleva luego de que le fue amputado el pie derecho y que ya camina, ayudado de una prótesis, con bastón.

Se hablan con afecto. Más tarde, Ernesto Cordero comparte que le recomendó que este sábado que visite Tehuacán acuda al restaurante La Lonja y se coma una torta de conejo. Se quieren bien, comparte el también senador con licencia.

Un ajuste de tiempo lleva al equipo completo a la taquería La Oriental de la Avenida Juárez; de ahí, a pie al acto en que oportunamente, sin despeinarse, se suma el también senador Javier Lozano Alarcón.

Panistas de cepa, como Ana Teresa Aranda y Francisco Fraile García flanquean a Cordero cuando toca la puerta del Comité Directivo Municipal, que le negaron para realizar su reunión, a pesar de que en la convocatoria se ofrecen estos recintos por todo el país a los dos contrincantes.

El buen humor de Ernesto Javier no mengua ni cuando Manzanilla le informa que están siendo boicoteados y que de los mil 500 militantes que esperaban frente a la sede municipal sólo han llegado 500.

“Esta es nuestra casa y nos la cerraron… Abre, Pablito… Pablito… Pablito”, dice en alusión al morenovallista Pablo Rodríguez Regordosa, quien conduce los destinos del panismo en la ciudad.

De cerca, Ernesto Javier es otro, diametralmente distinto al acartonado ex secretario de Hacienda.