Martes, 25 De Agosto De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El gobernador de un día

El muro institucional contra Rocha Moya

Miguel Ángel de la Rosa

Político, abogado y contador público certificado. Nacido en Puebla. Como periodista ha sido colaborador en radio, televisión y periódicos locales. Como político ha sido Presidente Estatal del PRD. Funcionario en los poderes ejecutivo y legislativo federal y estatal.

 
 
 
 

Martes, Agosto 25, 2026

Hemos tenido días de alta tensión política en el México contemporáneo. Eventos como la Matanza de Tlatelolco en 1968, la "Caída del Sistema" en 1988, el levantamiento del EZLN o el magnicidio de Luis Donaldo Colosio en 1994 marcaron a fuego nuestra historia. A esa lista de crisis institucionales se sumó el fugaz e imprudente retorno de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa: un torbellino político de apenas 34 horas que fulminó de manera definitiva su carrera.

El viernes 21 de agosto de este 2026, Rocha Moya sorprendió al país al reasumir sus funciones tras 112 días de licencia temporal. Se había retirado en mayo para capotear las investigaciones de la Fiscalía General de la República (FGR), desatadas por el Departamento de Justicia de EE. UU. ante presuntos nexos con el Cártel de Sinaloa. Su repentina vuelta no obedecía al amor por el servicio público, sino a una urgencia jurídica: recuperar de forma exprés el fuero constitucional. La reactivación de su inmunidad procesal coincidió sospechosamente con la detención por parte de la FGR de un testigo clave en el homicidio del exrector Héctor Melesio Cuén, lo que encendió las alarmas de un inminente cerco judicial.

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Sin embargo, el cálculo político de Rocha Moya subestimó los nuevos tiempos de la República. Su retorno detonó un rechazo unánime e inmediato desde la cúpula del oficialismo. La presidenta Claudia Sheinbaum censuró públicamente la reincorporación al tildarla como algo "no pertinente, por decirlo menos", advirtiendo en redes sociales que "ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la nación". A este duro deslinde se sumaron enérgicamente los 23 gobernadores de Morena, dejando al mandatario completamente aislado.

Para los amantes de la política ficción, el episodio se leyó como un choque frontal entre los bloques "pejistas" fieles a la línea dura de Andrés Manuel López Obrador y "claudistas" alineados con la presidenta Sheinbaum, transformando una tensión silenciosa en una confrontación abierta por el control del partido. No obstante, la propia mandataria sepultó estos rumores en su conferencia matutina al calificarlos como mera fantasía, dejando en claro que Rocha corrió bajo su propio riesgo.

Cercado, sin respaldo y asfixiado por la presión, Rocha Moya cedió la noche del sábado 22 de agosto. Envió al Congreso del Estado su segunda solicitud de licencia con carácter indefinido, la cual fue aprobada por unanimidad el domingo 23 de agosto. Con esto, concluyó de facto su administración y dejó a Sinaloa sin un gobernador titular a la espera de un interinato.

Este fugaz retorno expone con total claridad los límites del fuero constitucional frente a las presiones institucionales del México de hoy. Más allá de las investigaciones internacionales, el contundente deslinde de la presidencia de la República evidencia un cambio radical en la narrativa del poder. Este episodio demuestra que la viabilidad política de los gobernantes ya no depende de complicidades automáticas, sino de la legitimidad pública y la cohesión federal. Los intereses particulares han dejado de encontrar cobijo en México en este 2026.

 

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