¿En qué momento el aula se convirtió en un reality show donde el adulto pide permiso para pedir silencio y el niño cree que obedecer es opcional?
Porque si lo analizamos con lupa de mercadólogo, esto no es un problema de valores nada más: es una crisis de producto educativo, una falla catastrófica en la cadena de respeto y una pésima estrategia de marca llamada "permisividad disfrazada de pedagogía moderna". Y los datos, como los buenos memes, no mienten.
Dime si te ha pasado: entras a un salón de clases y parece más bien un tianguis en hora pico. Uno ve TikTok, otro graba al profe para funarlo en redes, uno más le dice al maestro "oye, viejo, ¿y la tarea?" sin el "disculpe", sin el "por favor", sin nada. Y el profesor, pobre diablo, sonríe nervioso como si acabara de ver a su ex en el súper.
Vamos por partes, porque esto es más largo que una junta de consejo técnico. El primer síntoma de que la educación se está yendo al carajo es el síndrome del profesor acorralado. Hoy en día, ser maestro es como ser policía de tránsito en un país sin leyes: te ven, te ignoran, te graban y si te quejas, te cancelan. Un artículo de Vanguardia MX de 2024 se atrevió a ponerle título honesto: "Docencia: Los maestros tienen pavor de enseñar". Y no es pavor a un alumno con un cuchillo (aunque también eso sucede hoy en día), es pavor a que una mamá le reclame porque le puso un 6 a su hijo que no hizo nada en todo el semestre. El artículo dice, y ojalá fuera chiste, que los profesores modifican su forma de enseñar para no tener conflictos con los padres. O sea, el alumno no estudia, el padre no educa, pero el maestro termina pidiendo perdón. ¿El resultado? Exámenes que son más fáciles que ganarle al Puebla de la franja, tareas que son dibujitos y una evasión total de cualquier consecuencia. Porque poner un castigo hoy es como pedir que te funen en el grupo de "Mamás Unidas Por La Educación De Mis Hijos", ese antro digital donde se planean linchamientos pedagógicos.
La Encuesta Nacional de Convivencia Escolar (ENCSE, 2022), que seguramente nadie leyó porque da flojera leer cosas oficiales, revela que el 42% de los docentes en México reportó sentirse poco o nada apoyado por las autoridades ante situaciones de indisciplina. 42%. Eso es casi la mitad. O sea, si juntas a todos los profesores de un país, la mitad te dice "estoy solo en este barco, soy el capitán, y los piratas son mis alumnos". Pero el barco no es un barco, es un salón de clases, y los piratas no tienen parche, tienen celular y cero consecuencias. La misma encuesta señala que el 35% de los docentes ha considerado dejar la profesión por el estrés de la indisciplina. ¿Y qué hace la SEP? Sacar nuevos libros de texto con dibujitos bonitos y frases como "el alumno es el centro del aprendizaje". Muy lindo, pero el centro del aprendizaje no puede ser alguien que no investiga, no lee y cree que todo está en ChatGPT. Eso no es centro, es un agujero negro.
Y no creas que esto es solo México. En España, la Universidad de Barcelona publicó en 2021 un estudio en la Revista de Educación donde encontraron que el 68% de los maestros de secundaria considera que la permisividad familiar ha aumentado como espuma en una chela mal servida y eso en los resultados ha generado, un sinfín de problemas en la educación.
Ahora, metámonos con el famoso modelo educativo mexicano, ese que dice que el alumno debe "investigar, decidir y aprender por sí mismo". Suena bonito, ¿no? Como un eslogan de Coca-Cola. Pero en la realidad, el alumno no investiga, no decide nada que no sea qué video de TikTok ver y aprende lo que el algoritmo le dice. ¿Por qué? Porque investigar requiere esfuerzo, requiere leer, requiere frustrarse y volver a intentarlo. Y el sistema permisivo le ha enseñado que, si algo es difícil, no es culpa suya, es culpa del profe que explica feo, de la escuela que es aburrida o del gobierno que no le pone wifi gratis. El resultado es una generación que no sabe buscar en Google más allá de la primera página, que cree que Wikipedia es una fuente primaria y que "investigar" es copiar el primer resultado sin leerlo. Y el profesor no puede reprobar porque luego viene el "derecho a la educación superior". Perdón, pero el derecho a la educación no incluye el derecho a pasar sin saber.
La OCDE, en su reporte *PISA 2022 - Discipline in Schools*, señala que México está por debajo del promedio en clima disciplinario. Pero el dato que me encanta es que los alumnos mexicanos reportaron con mucha frecuencia que "el profesor tiene que esperar mucho tiempo para que la clase se calme". ¿Cuánto es mucho tiempo? Hay profesores que han reportado esperar hasta 15 minutos para empezar la clase. 15 minutos. En un sistema educativo donde las clases duran 50 minutos, perder 15 en pedir silencio es como perder el 30% del tiempo. Imagínate un médico que pierde 15 minutos buscando su estetoscopio mientras tú te desangras. Pues así. Y la misma OCDE encontró que a menor disciplina, menor rendimiento. O sea, no es que "los jóvenes de ahora sean más inquietos", es que la falta de consecuencias está produciendo estudiantes que no entienden ni el instructivo de un refri.
Y el colmo de todo es cuando los mismos padres permisivos se quejan de que la escuela no enseña bien. Ahí es donde el sarcasmo se me desborda. O sea, usted señor(a) que le dijo a su hijo que "no le hagan caso al profe si les grita", que justificó cada falta de respeto con "es que mi hijo es muy expresivo", que le firmó la queja en el grupo de WhatsApp porque el maestro se atrevió a poner un examen sorpresa... usted es el primero en decir "es que la educación en México está muy mala". Pues claro que está mala, si usted mismo le enseñó a su hijo que el conocimiento no vale nada y que el esfuerzo es para los tontos. En marketing, esto se llama "cliente tóxico". El que exige calidad, pero no paga precio, el que pide resultados, pero no respeta procesos. Y la escuela, en lugar de ponerle un alto, le regala una paleta y le dice "tiene razón, señora, perdón por existir".
Desde la psicología educativa, autores como Carol Dweck (2006) ya advirtieron que confundir autoestima con ausencia de límites genera lo que ella llama "mentalidad fija": la creencia de que no necesitas esforzarte porque el mundo te debe todo. Y eso es exactamente lo que está pasando. No es que los jóvenes sean malos, es que nadie les ha enseñado que el fracaso es parte del aprendizaje, que un 5 no es un castigo, es una señal de que falta trabajo, y que el respeto no es opcional. Pero como enseñar eso requiere consecuencias, y las consecuencias requieren valor, y el valor en un sistema permisivo es peligroso... pues mejor dejamos que todo siga igual. Y así, dentro de diez años, tendremos una generación entera que no sabe investigar, no tolera la frustración, no respeta jerarquías y encima cree que el mundo le debe un premio por existir.
Y si a esto le sumamos que tampoco hay empatía ni entre ellos mismos, pues ya tenemos el combo completo: el alumno no respeta al profe, el profe le tiene miedo al alumno, y los alumnos se miran entre sí como si fueran desconocidos en el metro a las 6 de la mañana. Porque oye, ¿competencia académica? ¿Trabajo en equipo? ¿Apoyarse en un proyecto? No, señor. Hoy el compañero de al lado no es un aliado, es simplemente "el que se sienta junto a mí", como si fuera un mueble más del salón. Y ni siquiera eso, porque a un mueble lo cuidas más. Ahora, hablemos de la famosa "identidad institucional". ¿Alguien recuerda aquello de sentirse orgulloso de pertenecer a una escuela? Eso murió antes que los Centros de Integración Juvenil, porque hoy los alumnos ven su colegio como un simple trámite. Y ojo, es culpa de que nadie les ha enseñado que una institución no es solo un edificio donde permaneces 5 horas, sino un espacio que también necesita que tú le pongas algo. Pero claro, cómo vas a poner algo si apenas y te pones la camiseta del equipo de futbol que está de moda, menos te vas a poner la del colegio. Literal y metafóricamente. ¿El resultado? Grupos cerrados más exclusivos que un club de sociales de Polanco.
Hoy, te invito a que le pidas a un adolescente de estos que investigue algo por su cuenta, sin ChatGPT, sin copiar y pegar, sin que le estés viendo el hombro. Y cuando vuelva con un trabajo que dice "no sé, búscalo tú", ahí me cuentas si el problema no es más grande de lo que parece. Y por favor, si eres padre o madre y te sentiste aludido, no me mandes mensaje ofendido. Mejor siéntate con tu hijo, ponle un límite y dile que sí, que el profe tiene razón de vez en cuando. Duele, lo sé. Pero duele más tener un hijo que a los 25 años no pueda tener un trabajo porque no soporta que le digan qué hacer.