¿La culpa era de él? ¿Quizá de algún amigo que no lo orientó hace años al hacer una tarea, por cual llegó tarde a casa y fue castigado? Jamás volvió a hablar con sus amigos cercanos y nunca la chica de la noble sonrisa, no lo vio en una fiesta y se alejó de él; todos tenían la culpa en ese instante menos él, a 49 minutos de su deceso.
La vida está cargada de decisiones y uno tiene la opción de ir o no, como el que fue de viaje y murió en un accidente por que el camión se volteó, o una bala perdida, han escrito que el momento siempre estará allí; no importa que camino se tome, siempre la muerte será muerte y a esa no se le puede tomar más tiempo del previsto por ella misma.
Más artículos del autor
El molesto ruido lo hizo salir varias veces de casa a un parque, tomar el libro y de pronto quedar en la observación del correr de los perros, ver una y siempre que podía su andar, la persona que los conducía o si en su soledad buscaban alimento, el pensar que tenían una vida cargada de emociones, de peleas, de soledades y de gratitudes en su mirada.
Y así también a los gatos en la distancia, más reservados, cercanos a sus necesidades, sin apegos, observadores, siempre atentos, y tomadores de decisiones con la rapidez de un ratón en la justa medida de la lucha por su vida.
La observación y fascinación por los árboles, ver su color, olor, textura, pensar lo que habrían escuchado, desde los nuevos enamorados, hasta el gato que los trepa y por un momento los hace suyos.
¿Cómo llego a ese instante? ¿Cómo de la libertad se pasó tres años en la agonía de su vida?