Entre los políticos existen algunas frases a manera de referencias sobre cómo navegar en el escenario del ejercicio del poder.
Cuando un gobernante, del nivel que sea, enfrenta la crítica popular debido al incumplimiento de sus promesas de campaña, a la mala gestión, a síntomas de corrupción, a exposiciones negativas, entre otros factores, suele decirse que “el poder desgasta”, y de esa forma se justifican las acciones negativas y se sugiere contratar o aplicar los consejos de “gestión de crisis”.
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Estas ideas aplican para todos los políticos de todos los partidos en todos los países. Morena no puede ser la excepción.
Y es que el movimiento fundado por AMLO está pasando por momentos difíciles, desde la filtración de datos sobre gobernadores relacionados con el narco, hasta la puesta en valor de las viejas prácticas del PRI en el “acarreo” para el registro de aspirantes a candidaturas en días pasados con miras a las elecciones de 2027.
Muchos se preguntan: ¿Cuánto costó el acarreo? ¿Quiénes lo financiaron? ¿Qué compromisos fueron creados para la movilización de tanta gente de tantos estados para el registro en la Ciudad de México?
Las dudas se multiplican.
Un repaso por el Manual del Trepador de Maurice Joly ayuda a entender el comportamiento de los espectadores, es decir de los electores. Al hablar del escenario de Francia, Joly propone creer en la perfectibilidad y el progreso moral comenzará sin duda, y enumera las condiciones:
"Cuando la vanidad salga del vientre de los señores Fulano, Mengano y Zutano, y deje que entre el amor puro por el bien público.
Cuando los hombres que sienten respeto por los principios y temen a los dioses inmortales ni presten oídos ni se inclinen ante gobiernos a los que desprecian.
Cuando los que se llenan la boca hablando de causas sagradas se gasten diez escudos para apoyarlas.
Cuando la oposición, una vez conquistado el poder, deje de hacer leyes reaccionarias.
Cuando un hombre de buenas rentas y buena posición se exponga a algún pequeño percance por decirle la verdad al poder.
Cuando se luche a brazo partido por defender las propias convicciones políticas.
Cuando los que nadan en las aguas del presupuesto pidan una reducción de impuestos.
Cuando los que acumulan los cargos pidan la libertad de prensa y el derecho de reunión.
Cuando los que claman contra el lujo de las mujeres dejen de mantener a muchachas de la vida alegre.
Cuando las muchachas de vida alegre dejen de serlo gracias a los defensores de la religión de la propiedad y de la familia.
Cuando los que se burlan en voz alta de las condecoraciones y otras cosas del mismo jaez no vayan a solicitarlas de rodillas o arrastrándose por las antesalas.
Cuando los jacobinos toleren que se vaya a misa y cuando los demócratas melenudos se preocupen cordialmente de la democracia.
Cuando se quiera hacer la felicidad del pueblo sin pensar en los propios negocios.
Cuando el más fogoso de los liberales no prefiera mil veces ser vencido resultando brillante en la oposición antes que aceptar un cargo subalterno por la victoria de su partido.
Cuando simples ladrones no parezcan gentes de bien al lado de mucha gente honrada a la que saludamos.
Cuando los promotores de sistemas económicos nuevos se expresen en un lenguaje claro.
Cuando se puedan ganar dos o tres millones en dos años por medios lícitos.
Cuando se sea capaz de renunciar a un cargo y a un sueldo para mantener la propia independencia.
Cuando los que han llegado a la cumbre, jóvenes o viejos, no presten el lazo para estrangular a los nuevos talentos.
Cuando hagan falta muchos conocimientos para hablar de política y mucho talento para hacer un discurso.
Cuando la Academia deje de coronar el saber medrar literario y no acoja en su seno a los poetas para señoras.
Cuando ya no estemos obligados a torturar la lengua francesa para decir lo que pensamos, y podamos llamar pan al pan y vino al vino, y estafador a Rolet, etcétera.
Cuando el lector podrá, si le place, continuar esta enumeración.
Acerca de un tema como éste no hay principio ni final y cada uno convierte en última línea lo que puede".
Hasta aquí la cita. Habría que releer a Joly, al Manual del Trepador también conocido como El Arte de Medrar, un texto que repasa la condición humana en un ambiente de ironía.
Quizá nos haga falta recurrir a la “ironía” para explicar y entender lo que está pasando. O como dijera el ex primer ministro italiano Giulio Andreotti: “El poder desgasta… al que no lo tiene”.
O por lo menos, así me lo parece.