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OPINIÓN

La paradoja del hambre en la era de la abundancia

Lecciones del Papa León XIV, en el discurso al Programa Mundial de Alimentos de la ONU

Carlos Anaya Moreno

CEO de Geo Enlace, empresa de Internet de las cosas desde el año de 2010; y fundador de la Unión de Servicios Solidarios-Banco de Tiempo (2018). Se desempeñó como director General del Registro Nacional de Población de 2004 a 2010. Actualmente, es cofundador de metododelcaso.org y miembro de “Laicos en la Vida Pública”.  

Miércoles, Junio 24, 2026

Uno de los aspectos más significativos del discurso de León XIV es que rechaza interpretar el hambre únicamente como un problema técnico o económico. El Pontífice sostiene que la inseguridad alimentaria es el resultado de decisiones humanas concretas y de prioridades políticas equivocadas.

Ante los responsables del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, el 22 de junio de 2026, afirmó: "Asistimos desolados al inicuo uso del hambre como arma de guerra" (León XIV, 2026a).

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La expresión es particularmente fuerte porque desplaza el análisis desde la escasez hacia la responsabilidad. El hambre ya no aparece como una fatalidad inevitable, sino como una consecuencia de estructuras de poder que permiten que poblaciones enteras sean utilizadas como instrumentos de presión política o militar.

Desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, esta realidad constituye una violación directa del destino universal de los bienes. Los alimentos existen para alimentar personas antes que para servir intereses estratégicos. Cuando la comida se convierte en instrumento de dominación, la dignidad humana queda subordinada a la lógica del conflicto.

La contradicción de una civilización tecnológicamente avanzada
Resulta especialmente revelador que estas reflexiones se produzcan apenas unas semanas después de la publicación de Magnifica Humanitas, la encíclica dedicada a la inteligencia artificial y a la custodia de la persona humana.

En ella, León XIV advierte que el desarrollo tecnológico no garantiza por sí mismo el progreso humano. Por el contrario, toda innovación debe evaluarse a la luz de la dignidad de la persona y del bien común.

El Papa escribe: "La tecnología es un fruto extraordinario de la creatividad humana, pero pierde su orientación cuando deja de servir a la persona humana y al bien común" (León XIV, 2026b, n. 34).

Esta observación adquiere una enorme relevancia cuando se analiza la crisis alimentaria global. Nunca antes la humanidad había contado con mejores sistemas de producción agrícola, logística, comunicaciones, análisis de datos e inteligencia artificial. Sin embargo, millones de personas continúan padeciendo hambre.

La paradoja es evidente: disponemos de más herramientas que nunca para resolver el problema, pero no siempre contamos con la voluntad moral necesaria para hacerlo.

La dignidad humana como criterio de evaluación
La Doctrina Social de la Iglesia propone un criterio sencillo pero exigente para evaluar cualquier sistema económico, político o tecnológico: la dignidad de la persona humana.

León XIV recuerda en Magnifica Humanitas: "Toda persona posee una dignidad inviolable que ninguna condición económica, política o tecnológica puede disminuir" (León XIV, 2026b, n. 51).

Desde esta perspectiva, la lucha contra el hambre no es una cuestión secundaria dentro de la agenda internacional. Constituye una obligación moral fundamental.

No basta con aumentar la producción ni con mejorar los indicadores macroeconómicos. El auténtico desarrollo se verifica cuando las personas pueden vivir con dignidad, acceder a los bienes esenciales y participar plenamente en la vida social.

Esta visión coincide con la enseñanza constante de la Doctrina Social de la Iglesia. Como afirmó san Pablo VI: "El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico desarrollo debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre" (Pablo VI, 1967, n. 14).

Recuperar el bien común global
Quizá el mensaje más importante del discurso ante el Programa Mundial de Alimentos sea la necesidad de recuperar una visión auténticamente universal del bien común.

Durante décadas, la cooperación internacional estuvo inspirada por la convicción de que ciertos desafíos —el hambre, la pobreza, las pandemias o el deterioro ambiental— solo podían enfrentarse mediante la colaboración entre las naciones.

Sin embargo, León XIV observa con preocupación una creciente fragmentación geopolítica que debilita esa conciencia compartida.

Frente a esta tendencia, el Papa exhorta a fortalecer la cooperación internacional, eliminar obstáculos burocráticos y garantizar que la ayuda llegue efectivamente a quienes más la necesitan.

La credibilidad de las instituciones internacionales, señala implícitamente, no depende de la calidad de sus declaraciones, sino de su capacidad real para proteger a las personas más vulnerables.

Una civilización que alimenta la esperanza
La gran lección de León XIV puede resumirse en una afirmación sencilla: alimentar es mucho más que distribuir alimentos. Alimentar significa reconocer la dignidad del otro. Alimentar significa construir paz. Alimentar significa crear condiciones para que una persona pueda imaginar un futuro.

Por ello, la respuesta al hambre debe abarcar no solo la asistencia inmediata, sino también la educación, el desarrollo local, la estabilidad institucional y la reconstrucción del tejido comunitario.

Cuando una sociedad garantiza el pan cotidiano de sus miembros, no solo combate la pobreza material; también fortalece la esperanza. Y la esperanza, como recuerda constantemente la tradición cristiana, constituye uno de los recursos más poderosos para transformar la historia.

En definitiva, la paradoja del hambre en la era de la abundancia no revela una insuficiencia de recursos. Revela una insuficiencia de solidaridad. La verdadera pregunta que León XIV plantea a la comunidad internacional es profundamente moral: ¿seremos capaces de colocar nuevamente a la persona humana en el centro de nuestras decisiones colectivas?

La respuesta a esa pregunta definirá no solamente el futuro de la seguridad alimentaria, sino también el futuro de nuestra propia civilización.

Les invito a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema:

Referencias
León XIV (2026, mayo 15). Encíclica Magnifica Humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Libreria Editrice Vaticana
Carta Encíclica de Su Santidad León XIV Magnifica Humanitas (15 de mayo de 2026)
León XIV (2026, junio 22). Visita a la sede del Programa Mundial de Alimentos, Roma. Libreria Editrice Vaticana
Visita a la sede del Programa Mundial de Alimentos (PMA) (22 de junio de 2026)
Pablo VI. (1967). Populorum Progressio. Libreria Editrice Vaticana.
Populorum Progressio (26 de marzo de 1967)

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