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OPINIÓN

Cuando los pobres nos evangelizan

Lo que León XIV quiere que volvamos a ver: mirar la pobreza desde una perspectiva distinta

Carlos Anaya Moreno

CEO de Geo Enlace, empresa de Internet de las cosas desde el año de 2010; y fundador de la Unión de Servicios Solidarios-Banco de Tiempo (2018). Se desempeñó como director General del Registro Nacional de Población de 2004 a 2010. Actualmente, es cofundador de metododelcaso.org y miembro de “Laicos en la Vida Pública”.  

Miércoles, Junio 17, 2026

Vivimos en una época extraña. Nunca habíamos tenido tanta capacidad tecnológica para comunicarnos, producir riqueza y resolver problemas. Sin embargo, millones de personas siguen viviendo en condiciones indignas. Más aún: pareciera que los pobres no sólo carecen de recursos, sino también de visibilidad. Están presentes en nuestras ciudades, en nuestros barrios y a veces incluso en nuestras familias, pero con frecuencia permanecen fuera de nuestra mirada.

Quizá por eso el mensaje del papa León XIV para la X Jornada Mundial de los Pobres resulta tan provocador. Desde el título mismo “El Señor es el refugio del pobre” el Pontífice nos invita a mirar la pobreza desde una perspectiva distinta. No se trata únicamente de analizar estadísticas o diseñar programas sociales. Se trata de preguntarnos qué revela la existencia de los pobres acerca de nosotros mismos, de nuestra sociedad y de nuestra relación con Dios.

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La primera sorpresa del documento es que no comienza hablando de economía, sino de espiritualidad. León XIV recuerda las palabras del salmista: «El Señor es el refugio del pobre» (León XIV, 2026). La afirmación parece sencilla, pero encierra una enorme profundidad. Significa que Dios no observa el sufrimiento humano desde la distancia; se acerca, acompaña y se convierte en refugio para quien ha sido abandonado por los demás.

La Biblia está llena de esta lógica. Desde el Éxodo hasta los Evangelios, Dios aparece constantemente escuchando el clamor de quienes no cuentan para los poderosos. No es casualidad que Jesucristo naciera en una familia humilde, viviera sin riquezas y proclamara bienaventurados a los pobres. Como recuerda el Concilio Vaticano II, Cristo «amó con corazón de hombre» (Concilio Vaticano II, 1965, n. 22), compartiendo plenamente la condición humana.

Pero León XIV va más allá. Su diagnóstico sobre el mundo actual es especialmente agudo. Según el Papa, la raíz de muchas injusticias contemporáneas no es únicamente económica, sino cultural y espiritual. Cuando desaparece el sentido de la trascendencia, las personas dejan de verse como hermanos y comienzan a verse como competidores.

Por eso advierte que «la ausencia de Dios coloca a las personas ya no unas junto a otras en el respeto recíproco, sino unas por encima de otras bajo el signo del dominio y del sometimiento» (León XIV, 2026).

La frase describe con precisión muchas dinámicas actuales. En una cultura obsesionada con el éxito, la productividad y la acumulación, quienes no logran mantenerse en la carrera terminan siendo considerados prescindibles. Los pobres dejan de ser personas para convertirse en estadísticas, problemas administrativos o simples daños colaterales del progreso.

No es casualidad que Francisco denunciara hace algunos años la llamada “cultura del descarte”, en la que los excluidos terminan siendo tratados como sobrantes sociales (Francisco, 2013, n. 53). León XIV retoma esa preocupación y la proyecta hacia nuevos escenarios.

Uno de ellos es el mundo digital. Quizá uno de los párrafos más novedosos del mensaje es aquel donde afirma que «el ambiente digital radicaliza el prejuicio hacia ellos y aumenta la cortina de indiferencia que rodea sus causas» (León XIV, 2026).

La observación merece atención. Hoy las redes sociales pueden conectar continentes en segundos, pero también pueden invisibilizar sufrimientos reales. Los algoritmos suelen privilegiar lo espectacular, lo polémico o lo rentable. Los pobres rara vez encajan en esas categorías. Su realidad queda relegada detrás del entretenimiento permanente y del flujo inagotable de información.

En consecuencia, la pobreza contemporánea no es sólo falta de ingresos. Es también ausencia de voz. Sin embargo, el mensaje papal evita caer en el pesimismo. León XIV insiste en que los pobres poseen una riqueza que el resto de la sociedad suele ignorar. Afirma que «el pobre sabe reconocer más que otros lo esencial, porque vive de lo esencial» (León XIV, 2026).

Esta afirmación cuestiona muchos de nuestros supuestos culturales. En una civilización que mide el éxito por la acumulación de bienes, el pobre recuerda que la felicidad humana depende de algo más profundo: las relaciones, la comunidad, la esperanza y la confianza.

No se trata de idealizar la pobreza. La Iglesia jamás ha enseñado que la miseria sea deseable. Por el contrario, ha combatido constantemente las condiciones que degradan la dignidad humana. Lo que el Papa subraya es que quienes viven con menos frecuentemente desarrollan una sensibilidad especial hacia aquello que realmente importa.

Aquí aparece uno de los temas centrales de la Doctrina Social de la Iglesia: la dignidad humana. Toda persona posee un valor infinito por el simple hecho de haber sido creada a imagen de Dios. Esa dignidad no depende de la riqueza, la educación, el prestigio ni la productividad económica. Por ello, la opción preferencial por los pobres no es una concesión ideológica ni una estrategia pastoral. Es una consecuencia lógica del Evangelio.

San Juan Pablo II la definió como «una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana» (Juan Pablo II, 1987, n. 42).

León XIV traduce esa enseñanza en una pregunta incómoda para todos los creyentes: «¿Llegamos hasta donde se encuentran los pobres, experimentando su marginalidad?» (León XIV, 2026). La pregunta resulta incómoda porque obliga a abandonar la distancia cómoda de los discursos. No basta con hablar de los pobres. Hay que encontrarse con ellos.

En este sentido, el Papa recupera una de las intuiciones más profundas de san Francisco de Asís, cuyo octavo centenario de muerte se conmemora en 2026. El santo no transformó la historia únicamente porque ayudara a los pobres. Lo hizo porque decidió compartir su vida con ellos. La diferencia es enorme. La asistencia puede darse desde arriba. La fraternidad sólo puede construirse entre iguales.

Por eso León XIV propone una Iglesia que no se limite a organizar obras de beneficencia, sino que se convierta ella misma en «pobre y refugio para los pobres» (León XIV, 2026). Una Iglesia donde los pobres no sean invitados ocasionales, sino protagonistas de la vida comunitaria.

Al final, el mensaje deja una enseñanza que trasciende el ámbito religioso. Una sociedad se juzga por la forma en que trata a quienes menos tienen. Los pobres no son un problema que deba resolverse para que los demás podamos vivir tranquilos. Son personas que revelan el grado de humanidad de nuestras instituciones, nuestras comunidades y nuestras conciencias.

Quizá la aportación más profunda de León XIV consiste precisamente en recordarnos que los pobres no sólo necesitan ser escuchados. También tienen algo que enseñarnos. Porque cuando una sociedad aprende a mirar el mundo desde la dignidad de los últimos, descubre nuevamente el significado de la justicia, la fraternidad y la esperanza.

Y entonces ocurre algo inesperado: los pobres dejan de ser únicamente destinatarios de nuestra solidaridad y se convierten en maestros de nuestra propia humanidad.

Les invito a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema:

Referencias
Benedicto XVI. (2009). Caritas in veritate. Libreria Editrice Vaticana.
Caritas in veritate (29 de junio de 2009)
Concilio Vaticano II. (1965). Gaudium et spes. Libreria Editrice Vaticana. Gaudium et spes
Francisco. (2013). Evangelii gaudium. Libreria Editrice Vaticana.
Evangelii Gaudium: Exhortación Apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual (24 de noviembre de 2013)
Juan Pablo II. (1987). Sollicitudo rei socialis. Libreria Editrice Vaticana.
Sollicitudo Rei Socialis (30 de diciembre de 1987)
León XIV. (2026). Mensaje para la X Jornada Mundial de los Pobres: El Señor es el refugio del pobre. Dicasterio para la Comunicación.
Mensaje del Santo Padre León XIV para la X Jornada Mundial de los Pobres [15 de noviembre de 2026] (13 de junio de 2026)

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