Domingo, 24 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Michael Jackson les ganó a todos; otra vez

¿Cómo es posible que un muerto le esté ganando a todos los vivos?

David Peral

David “Trukutru” Peral es creador, locutor y analista de la cultura musical, reconocido por su labor en la difusión y el estudio de la música popular en medios escritos, radio y plataformas digitales. Su trabajo se distingue por abordar la música como expresión cultural, fenómeno social y testimonio de su tiempo.

 
 
 
 

Domingo, Mayo 24, 2026

Hay una generación entera que nació cuando Michael Jackson ya no estaba. Nunca lo vio en vivo, nunca vivió su nombre como algo urgente y presente, nunca sintió el escándalo en tiempo real. Y aun así, en algún momento de estas últimas semanas, con el celular en la mano y los audífonos puestos, algo en esas canciones le paró el corazón exactamente igual que se lo paró a sus padres cuando tenían su edad.

Billie Jean tiene 43 años. La semana del 8 al 14 de mayo acumuló 51.5 millones de reproducciones en todo el planeta y llegó al número uno del Billboard Global 200. La canción más escuchada del mundo. Tardó 144 semanas en escalar desde que entró al chart, un récord que nadie había logrado antes. Tres semanas atrás estaba en el puesto 65. Thriller volvió al top 10 del Billboard 200. Beat It, Human Nature, Don’t Stop ’Til You Get Enough reaparecieron en las listas. Un hombre muerto desde 2009 le está ganando la partida a casi todo lo que se grabó ayer.

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La película Michael, abrió el 24 de abril con casi 100 millones de dólares solo en Estados Unidos y más de 500 millones a nivel global. La gente fue al cine, la música los aplastó y al salir fueron directo a Spotify. Eso explica el detonador. Sin embargo, sigue sin explicarnos la intensidad. No explica por qué una canción de 1983 acumula en siete días más streams que casi cualquier estreno actual con todo el aparato de marketing moderno detrás.

Yo creo que la intensidad no se puede explicar, porque hacerlo sería bastante incomodo, sobre todo para los músicos que llevan las riendas de la industria de nuestros tiempos. La música actual, con su producción impecable y sus algoritmos afinados, rara vez llega a llenar ese lugar que Michael Jackson ocupaba. Artistas enormes de hoy, como The Weeknd, Bruno Mars, Taylor Swift o Lady Gaga, han construido parte de su sonido bebiendo claramente de él, de Michael, y aun así sus canciones suelen quedarse en una atmósfera linda pero contenida. Pueden ser pegajosas, pueden sonar perfectas en un estadio o en un auto a media noche, pero pocas veces logran ser al mismo tiempo masivas y profundamente inquietantes.

Michael Jackson hacía algo que hoy prácticamente no existe: él creaba música que era simultáneamente perfecta y humana, masiva y dolorosa, bailable y compleja. Billie Jean es una canción de traición y paranoia disfrazada de pista de baile. Human Nature es melancolía existencial envuelta en algo que suena a verano. Esa capacidad de meter la complejidad del ser humano dentro de tres minutos que cualquiera puede cantarse solo en la regadera es lo que se fue con él y no ha vuelto. Quedó un hueco del tamaño de una era entera, y llevamos dieciséis años dando vueltas alrededor de él.

Fui a ver la película. La música, como siempre, me quito la respiración. Cuando sonaron los primeros acordes de Billie Jean o de Thriller en la pantalla grande, la sala entera contuvo la respiración. El público, de todas las edades, se emocionó de una forma casi física. Pero conforme avanzaba la historia, me quedaba una sensación que no se quita fácilmente y es que la película prefiere quedarse en el espectáculo, en los triunfos, en el mito del rey del pop.

Evita mirar de frente el costo que tuvo esa vida, sí, lo más cruel, la infancia robada, el padre que lo moldeó a la fuerza y con golpes, la presión constante que convirtió a un niño en un fenómeno y luego en un hombre que cargaba solo con un peso descomunal.

Es como si el dolor que formó a Michael fuera un detalle incómodo, algo que mejor no tocar demasiado para no romper la magia. Y, sin embargo, ese dolor es la raíz de todo. Uno no siente al escuchar sus canciones la simple celebración de un ganador. Siente el eco de alguien que sufrió de maneras que muy poca gente entiende y que, de alguna forma inexplicable, transformó ese sufrimiento en arte que sigue parando corazones cuatro décadas después.

Eso es precisamente lo que volvió estas semanas. Además del catálogo de éxitos, regresó la memoria de un artista que logró algo cada vez más raro, convertir la herida en canción universal.

Michael Jackson no fue solo el más grande de su tiempo. Fue, y sigue siendo, el más grande del planeta. Y es muy probable que quienes hoy tenemos treinta, cuarenta o cincuenta años jamás volvamos a ser testigos de una genialidad de esa magnitud. El hueco que dejó es muy difícil de llenar, ya que es la ausencia de alguien capaz de convertir el dolor más hondo en algo que el mundo entero puede bailar y llorar al mismo tiempo. Y eso, hasta ahora, nadie ha podido ni siquiera acercarse a reemplazarlo.

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