Jesús “vive” una vida de recogimiento (o prisión) al interior de las canteras que forman parte de los muros con los que se construyeron las imponentes iglesias durante la conquista. No aparece en la vida cultural de la sociedad más allá de las propias manifestaciones promovidas por la misma Iglesia católica en Occidente.
Las instituciones culturales de Occidente se encuentran desvinculadas de la máxima tradición religiosa occidental. Todo se remite a una antigua disputa entre judíos y cristianos y no es el que los judíos no reconocen a Jesús como su mesías que, por supuesto, debe tomarse en consideración.
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A lo largo de la lectura que se haga de este texto es necesario que se tenga presente un suceso histórico particular: el día en que Jesús expulsó del templo a quienes utilizaban el dinero para enriquecerse a través de la usura, es decir, de prestar dinero a cambio de que sea regresado al prestador original, pero con un interés adicional.
Y ese segmento o sector de la población que llevaba a cabo esa actividad era un porcentaje de la población judía (a la que pertenecía el mismo Jesús) pero que, como en todo, existen distintas maneras de vivir la vida. Jesús rechazó y miró con desconfianza prácticas que forman parte de la cultura judía por lo que implicaron en el pasado y en nuestros días.
En el siglo XV naciones europeas iniciaron la invasión de América y luego otros continentes con el fin de subyugarlos. Siempre y en todo momento con la presencia de la Iglesia católica, por lo que respecta a las oleadas que partieron desde la península Ibérica. El imperio romano había encumbrado a la religión católica en un lugar privilegiado y con ello logró expandirse del Oriente Medio hacia Europa.
La posterior hegemonía occidental llevó al catolicismo a todo el mundo, pero ya fracturado por el cisma ocasionado por Lutero y minorías religiosas que cuestionaron la legitimidad del catolicismo a partir de 1517.
Debido a los factores expuestos el lugar privilegiado que ocupó la Iglesia católica en el imperio romano y la conquista e invasión de América no implicó la superioridad incuestionable de Jesús como figura religiosa a pesar de la hegemonía de Occidente en el mundo iniciada en 1492.
En el Oriente Medio, además, el islam había desplegado una estrategia, a partir de la aparición del profeta Mahoma, de expandir la influencia de las enseñanzas del Corán como parte del “mandato” que el ángel San Gabriel le había encomendado al profeta. Lo que implicó un primer y gran crecimiento de esta corriente religiosa por todo el mediterráneo y el norte de África.
Otro suceso que resulta relevante para comprender la inferiorización de Jesús como figura religiosa universal es la existencia del judaísmo de cuya corriente surgió o derivó en sionismo luego de la creación del Estado de Israel en el Oriente Medio, en 1948.
Estados Unidos e Inglaterra modelan la creación de un Estado, a través de la ONU, que coloca una espada en el cuello de las naciones del medio oriente, principalmente cristianos y musulmanes, debido a que establece la creación del Gran Israel cuyos límites territoriales de expansión abarca territorios de los palestinos (Gaza y Cisjordania), Líbano y Siria, pero también como protector de los intereses petroleros de EE. UU. en la región.
Pero no fue lo único. Al surgir el Estado de Israel ocurrió una especie de debilitamiento de territorios y símbolos que recuperan la presencia de Jesús en la región en donde surgió el catolicismo y del islam igualmente. El Estado israelí al ocupar territorios de Cisjordania, de manera particular, y de la ciudad de Jerusalén se apropia y anula un símbolo del cristianismo.
Es la ciudad en donde se llevó a cabo la muerte y resurrección de Jesús, entre otros aspectos. A ese lugar se organizaron las cruzadas para liberar al Santo Sepulcro y ese mismo lugar es de los principales centros de adoración y peregrinación de los católicos. De lo que se trató fue de borrar vestigios de quien humilló a los judíos en el templo.
Entonces, lo que ocurre con respecto a los territorios palestinos (Gaza y Cisjordania) además de los ya ocupados por el Estado de Israel a los que llegaron desde principios del siglo XX, no es únicamente el hecho de que Israel quiera e intente ocuparlos por una simple expansión del Estado hacia otros territorios.
De lo que se trata es de lo siguiente: desplazar del juego estratégico al lugar en donde nació Jesús porque es la figura religiosa que los ha ridiculizado históricamente y que tiene un peso especial en las representaciones que el mundo se hace de la población judía, aunque no de todos caen en esa tesitura.
Si esto lo pudo hacer un Estado recién formado como es el caso de Israel, eso únicamente fue posible debido al poder de los integrantes de esa entidad estatal. Su población posee esa cultura: del préstamo con interés fuertemente condenada por Jesús. Durante la posguerra se consolidó su poder durante el ascenso de sistemas financieros mundiales asociados a casi todas las naciones del mundo, sobre todo a partir de los años setenta del siglo XX. La mayoría de las naciones fueron sometidas a ese poder cimentado en Estados Unidos e Inglaterra sobre capital judío y árabe. A la ofensa histórica de haber sido corridos del templo por Jesús la venganza fue minimizar al palestino.
Es decir, contra Jesús en la región del Oriente Medio y en el mundo se unieron dos bandos con el paso del tiempo. Las monarquías petroleras que se beneficiaron del sistema financierista adoptado por Estados Unidos, por un lado y, por el otro, el Estado de Israel y sus dirigentes, por supuesto.
Las monarquías petroleras no tendrían en general ninguna razón para mantener una determinada distancia hacia Jesús salvo el hecho de que para Mahoma, el hijo de José, era un profeta más como el mismo Mahoma y no un mesías. Sin embargo, las petromonarquías del Oriente Medio han sido más aliadas de Israel en las disputas locales. Son refractarias a las tendencias religiosas proclives a inclinarse a favor de los pueblos.
Las megariquezas adquiridas a través de las ganancias petroleras ha incidido en el fortalecimiento de las tendencias conservadoras de las corrientes sunnitas del islam. Son más aliados de las élites estadounidenses e inglesas que de los pueblos que han sido expoliados por las potencias mundiales contemporáneas. Todo lo contrario, con respecto a lo que ocurre con los chiitas iraníes propensos a respaldar a pueblos en conflicto con las potencias hegemónicas de Occidente como lo han demostrado en Venezuela y Cuba.
Ahora veamos al aparato cultural dominante en Occidente. Como se sabe los medios de comunicación tradicionales, su relevancia a partir del siglo XX, su estructura mundial, fue dominada por familias de origen judío (aunque no semita sino de origen jázaro, insiste el profesor Jalife).
Si no reconocen a Jesús como el mesías por supuesto que para los que tienen un dominio sobre periódicos, radio, televisión, agencias de noticias del mundo, pues no van prestar esos medios para difundir la proclividad de Jesús hacia los pobres y menos su figura mesiánica que para ellos no es reconocida. Jesús es un don nadie, simplemente. La prensa tradicional está copada por Israel, Netanyahu y Jesús ni en cuenta.
La otra parte es Hollywood y luego Netflix, que son una de las fuentes de formación de representaciones colectivas más importantes del mundo occidental. Estados Unidos adquirió desde la posguerra una hegemonía universal tanto económica como cultural que le permitió, y todavía puede hacerlo, moldear la conciencia de las masas de Occidente.
Si se presta atención a la producción cinematográfica de Hollywood serán los Diez mandamientos o la vida de Moisés o algunos sucesos del imperio romano y sus vínculos con la época de Jesús, pero nada que implique la relevancia de Jesús. La explicación del por qué está expuesta a lo largo de este texto. Netflix sigue la misma tendencia.
Jesús, sus enseñanzas, su prédica hacia los pobres, los territorios donde nació y difundió sus ideas, donde tocó a los leprosos, expulsó a los mercaderes del templo por dedicarse a la usura, nada. Jesús está minimizado, inferiorizado y borrado de la cultura de masas de Occidente.