Los sueños tienen sus ciclos, muchos se quedan en la realidad de la persona y los cargan como cadáveres y con estos hasta de la lluvia se protegen, de las miradas, de las críticas, y las glorias vuelven, a pesar que el sueño nunca se volvió realidad, se vuelve motivo de vida, el hijo que no sobrevivió, el que no se graduó, el coche que no se compró, el noviazgo que nunca volvió a ser, el cual se transforma en un grito, murmullo y eco de una noche, en donde todo termina con la pregunta del por qué.
Al sueño se le ve de lejos, se mide uno, se le observa, y se espera para ver si uno está preparado para probarse el sueño, es decir, si es a la medida de uno o es solo una ilusión, esta es inalcanzable, lejana, ajena, impropia y sabe uno que jamás la línea de la vida propia jamás se acercara a ese instante de conjunción, en ocasiones ocurre que como en el sueño, la oportunidad estuvo cerca, pasó a lado de uno y uno mismo no se dio cuenta.
Más artículos del autor
El sueño nace y se vuelve una promesa para muchos, como un bebé, en la espera si será un un abogado, una arquitecta, un médico, o profesor, o quizá un empresario, o un enamorado de las letras, filósofo o pintor, escultor o tal vez un ministro de lo celestial en la tierra.
Muchos tienen el sueño vuelto realidad, lo viven, lo disfrutan y al final se niegan a dejarlo vivir su ciclo y pasan en depresión durante muchas noches, muchos días, años, y hasta su vida se transforma en un ancla pesada clavada en la espalda que a todos lados se escucha su crujir, y lo pesado de sus eslabones.
Elegía, realidades, captaciones.