Hora de partir… ¿Y los amigos eternos?
Algunos murieron, otros aún se buscaban a ellos mismos, otros se encontraron en la mirada de sus hijos, o de sus nietos, en la luz de sus padres, en lo escondido de un recuerdo lúgubre que se buscaba olvidar para siempre.
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Muchos buscaron salir del mundo, y les faltó valor, el coraje de otros que sienten los abandonados, lejanos e irreconocibles, valor y cobardía para hacerlo, una meta cerrada por dos polos separados, pero nunca opuestos, solo separados.
Las letras, las sandías, los gritos, las charlas, todos, han guardado silencio, ya no más saludos, ya no mas gruñidos, todo en silencio, un silencio roto por las culpas, en una pérfida tarde, mañana o noche, ya no importa, el camino ha terminado.
La voz de los poemas de Paz, Salvador Novo, Gustavo Adolfo Bécquer, Pablo Neruda, Sor Juana Inés de la Cruz, de muchos otros otros se licúan, se vacían en una hoja donde ya no tienen sentido ni forma las letras, solo el grito en la juventud, en la noche de armonía en los caminos terrosos de los montes y el grito de una raza de bronce que solo existió en la imaginación de Amado Nervo, la caricaturización de las realidades según Nietzsche y la falta de compromiso ante las realidades sociales de Shopenhauer, del compromiso de las letras que Vargas Llosa describió ante la falta de lucidez de la libertad y una exacerbada esclavitud mas a allá de Thoreau y su desobediencia social, tan incomprendida como en su tiempo al propio Camilo José Cela.
Quizá porque requerimos de nuevas letras y en letras el camino más que sinuoso está tapado por las estatuas de otros libros premiados en el pasado, que únicamente dejan fluir el agua de los comprados por el sistema.