Los momios están contrapunteados. Para unos es demasiado rojo para el común social poblano, mientras que para otros ya era tiempo que se remontara la anodina labor cultural de los últimos años de los insufribles funcionarios de antaño (dos de ellos con el mismo apellido del actual) y los imberbes nepobabies de la actualidad.
Asimismo, parte de la tribuna cultural cibernética ─esa que permanece pendiente del Facebook y el Tiktok─, lo considera -de acuerdo a los videos que de él circulan en el ciberespacio-, harto deslenguado, innecesariamente soez en sus intervenciones públicas y demasiado “taibonizado” en sus modos y maneras.
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En cuanto a la pinta, se opina que el desgarbo no es mal estilo cuando va de la mano del prolijo y el esmero y, sobre todo, si de cuando en vez se le enriquece con un blazer o un buen corte de cabello, acorde a la máxima representatividad cultural estatal.
También bulle en los mentideros culturales la rasquiña sobre la solidez de su expertise gubernamental, debido a que ha sido señalado como medianamente eficaz en su encomienda más reciente que arrastra la maldición de su quiebra moral y administrativa, al permitir que el Fondo de Cultura Económica se zampara a Educal sin mayores reparos ni reclamos, debilitando con ello un flanco editorial y de lectura popular que, al desaparecer, empobrece la diversidad gubernativa y editorial de antaño y concentra poderes culturales en manos no siempre serenas y reflexivas como es el caso del director general del FCE.
Una más de las suspicacias refiere su lejanía, en años recientes, de la realidad cultural poblana actual, más plural, demandante y combativa que antaño y de la cual, el clan al que pertenece dio muestras de ignorancia y desdén. Con Julio por falta de empatía y tacto, y con Enrique por su distanciamiento y abulia.
En contrapunto, los animosos arguyen, 1) Que, por su edad, rompe la maldición de la Generación Gerber armentista abriendo con ella la esperanza más allá de los veintitantos años como límite para lograr una plaza gubernamental decorosa en sueldo y prebendas en la SAC; 2) Que si consintió o aceptó que su esposa no continuara en la OPD Museos Puebla evitando con ello un flagrante nepotismo o al menos un conflicto de intereses, tiene algo de congruencia o de adecuada estrategia política; 3) Que el hecho de que, a decir del gobernador, la Presidenta “avalara” su designación como secretario y no que lo dejaran ir por algunas otras razones menos fotogénicas y más maquilladas, abre la posibilidad de una mayor y mejorada relación en la materia entre el estado y la federación.
Por mi parte, considero que el entusiasmo debe reservarse al menos un par de meses para conocer de veras los beneficios para la Cultura y los cultos poblanos con esta nueva designación y, sobre todo, los alcances de su intención de mejorar la SAC de la cual, asegura: “Tengo la información genérica, periodística y hemos comenzado a valorar en qué estado se encuentra todas estas situaciones; que llamémosle, tal vez de manera irregular, tal vez de manera acelerada se suscitaron en otras administraciones”; puesto que en dichas “irregularidades” pudieron estar involucrados, por omisión o por comisión, sus parientes Julio y Enrique cuando fungieron como secretarios del ramo.
En cuanto a la OPD Museos Puebla, la degradación de Aurelio Leonor de la Subsecretaría de Arte a la Dirección de Museos, aligera a la subsecretaría y deja el campo franco para que un parna de Fritz llegue a ella, pero se convierte en una pésima noticia para Museos por la absoluta ignorancia de Aurelio en la materia.
Finalmente diré que, el avance por el arrebato de la SAC al clan Pacheco, no alivia en la actualidad tanto como quisiéramos puesto que, una vez más, quedó en manos del clan Glockner, del cual al parecer Fritz es el último miembro culturalmente activo, por lo que, sin importar sus resultados, suponemos que no habrá ni uno más, ¿o sí?