Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La vergüenza cultural

Doce meses decepcionantes por la ausencia de plan y proyectos, y designación de funcionarios chatos

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Viernes, Enero 23, 2026

A un año de distancia, la vergüenza, en dos de sus acepciones etimológicas, se ha instalado en la Secretaría de Cultura: como pundonor y decoro en la más reciente directora de la OPD Museos Puebla ─quien ha renunciado o está por hacerlo─, y como baldón y agravio en la titular de la dependencia ─si es verdad que continúa, contra viento y marea, al frente de ella.

Ambas acciones contienen gracia y desgarbo y sobre ellas versaremos en esta colaboración.

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Si bien el primer tramo del sexenio tuvo su momento de efímera gloria al anunciarse la estrambótica liquidación de buena parte del adeudo del Museo Internacional del Barroco ─que no es en sí una acción cultural sino financiera y más que sospechosa por necesitar del enigma y secreto administrativo─, al hacer el recuento anual se debe admitir que han sido doce meses culturalmente decepcionantes por la ausencia de plan y proyectos y la incomprensible designación de funcionarios chatos y lerdos en la materia.

Y lo más asombroso de esta ecuación no es solamente que el gobernador provocara esta chatez, sino que se sintiera y sienta orgulloso de la ramplonería y cortedad que estos funcionarios muestran día tras día, provocando con su inacción y medianía el drama cultural en el que hemos navegado este año y, del que no hay necesidad de señalar nuevamente sus dislates, pues la propia secretaria Alejandra dio cuenta de ello en su tautológica comparecencia, acorde al más rancio formato priista de los años setentas, cuando el presidente en turno leía interminables párrafos de cifras y cifras que, más que la justificación de su encomienda, perseguían el hartazgo de los oyentes.

Y nada más habría sucedido en la aborregada comparecencia de la secretaria Pacheco si las diputadas Fedhra Suriano Corrales y Susana Riestra Piña no le cuestionan tímidamente su quehacer al frente de la dependencia. Y fue ahí, ante un par de cuestionamientos sin mayores alcances ─centralización de los recursos en la capital y el deterioro de los museos (¿por qué no la cuestionaron sobre las vergüenzas en el MIB, los recientes señalamientos del colectivo que solicitó al gobernador su renuncia, su magna ignorancia en materia cultural, las oscuras razones por las que su familia tiene “concesionada” la Secretaría de Cultura?)─, repito fue ante estos descafeinados cuestionamientos que la funcionaria “mostró el cobre” responsabilizando de esta inacción cultural estatal a:

1) Al gobierno federal, 2) A los gobiernos municipales, 3) A la sociedad poblana y, 4) A las Secretarías encargados de las dineros estatales porque no le dan suficiente. Y, como punto final de su exculpación al mejor estilo de Poncio Pilato, terminó su lastimosa comparecencia sorrajándole a la audiencia dos “descubrimientos burocráticos” que muestran, por un lado, su absoluta inexperiencia administrativa y, por el otro, su cortedad como presunta líder de la cultura poblana: “Tenemos la obligación, pero no las atribuciones”, y “Hay una legislación ambigua y desactualizada para que la secretaría tenga un mayor margen de acción y sea eficaz”.

Pues bien, ¿por qué, en cuanto se dio cuenta de ello, no procuró en estos 365 días de su encomienda corregir estas deficiencias administrativas? Sólo encuentro dos posibles explicaciones a su inacción: 1) No sabe cómo, o 2) No se atreve a solicitarlo. Cualesquiera de estas califica como vergonzosa y vergonzante su labor al frente de la SAC.

Como punto final de este lastimoso año cultural poblano, recordemos lo dicho hace unos días por un colectivo poblano sobre Alejandra: Incompetencia técnica, maltrato al personal, prepotencia hacia los creadores y pésima disposición para entender las necesidades de fondo. ¿Así o más vergonzoso?

En contraste con esta pusilánime actitud, la salida ─al parecer por decisión propia─ de Cecilia Márquez de la OPD Museos Puebla, nos proporciona un dejo de esperanza cultural poblana, ya que, cualesquiera que hayan sido sus motivos para aceptar el cargo, dos meses fueron más que suficientes para tomar conciencia en que debía dejarlo.

Dicha acción la inviste de cierta cordura y pundonor puesto que, a como se han comportado las últimas cuatro directoras de museos: María de los Ángeles, Carolina, Josefina y Anel ─ninguna de ellas, al igual que Cecilia, calificada ya sea administrativa o moralmente para el puesto─; en vez de aferrarse al sueldo y las prebendas, decide soltarlo y no esperar a que se lo quitaran de mal modo, como fue el caso de sus antecesoras. Y eso purifica su brumosa y subrepticia designación. Bien por ella y su decorosa decisión.

Por último en esta ocasión, diré que la vergüenza cultural de este sexenio creo que continuará sin cambios ni redención mientras Alejandro no designe en las dependencias del ramo personas capacitadas, comprometidas y empáticas con la cultura y no con él.

Cosa que no sería nada difícil si en vez de buscar entre sus cuates y correligionarios, lo hiciera entre los poblanos calificados para ello.

Tan fácil que sería efectuar una convocatoria de conocimientos y experiencia culturales al más puro estilo de los concursos del Servicio Profesional de Carrera. ¿O es que estará esperando a los primeros “egresados” de la Universidad de las Bellas Artes de Puebla para “fortalecer” a la Secretaría de Arte y Cultura?

Podría ser, después de todo: “Soñar ─al igual que amar─, no cuesta nada”.

 

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