De todo lo expresado por Alejandro Armenta en su Primer Informe de Gobierno, lo más alucinante fue el anuncio de que el Museo Internacional del Barroco se transformará en la Universidad de las Bellas Artes de Puebla.
Fue sólo un aviso pues no especifico el cómo y el con qué se realizaría tamaño emprendimiento, pero la noticia bastó para evidenciar tres circunstancias:
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1. Los asesores armentistas en materia de arte y cultura han involucionado de la ignorancia —cuando orillaron al gobernador a “presumir” que Puebla era la cuna de juego de pelota prehispánico—, hacia el franco delirio al contemplar la posibilidad de crear, de la nada, una universidad de las bellas artes.
2. Nadie en la Secretaría de Arte y Cultura, Museos Puebla, funcionarios culturales, amigos y cuates a los que podría escuchar el gobernador sobre temas de arte y cultura, tienen la más remota idea de qué hacer con el MIB para que deje de ser, de una vez por todas, el fantasmal recinto insignia de la administración de Rafael Moreno Valle y Rosas.
3. Es innegable que, desde el gobernador para abajo, ningún individuo en esta administración tiene claro que los retos de crear una universidad de las bellas artes son más complejos y menos rentables que, digamos, una universidad de los deportes, cuya demanda de esperanzados futbolistas y boxeadores es millonaria, en comparación con aquellos que pretenden ser “artistas”. Todo ello aunado a que, además de la infraestructura física donde habría de asentarse una universidad de las artes, demanda un sustento artístico y académico a muy largo plazo, así como una definición puntual de los “productos” que creará, pero, sobre todas las cosas, necesita que los alumnos egresen como “artistas” y una condición esencial de los “artistas” es “el talento”, cosa que no cualquiera que desee serlo lo tiene.
En el arte —a diferencia de los deportes donde se puede ser futbolista de fin de semana o tenista en las vacaciones—, no hay medias tintas: se es o no pintor, escultor, literato, pues no existen los “casi” pintores, escultores o escritores. Y sí lo duda, dese una vuelta por el Barrio del Artista y se convencerá que el talento y la originalidad no son la regla sino la excepción.
Pero, para que en este gobierno no continúen pensando que los colaboradores de e-consulta únicamente estamos buscándole los ijares al armentismo, hagamos un ejercicio de realidad real —y no de realidad virtual— sobre la posibilidad de que el MIB sea, antes de que termine esta administración, una exitosa Universidad de la Bellas Artes de Puebla, evaluándola con alguna institución similar.
Primero, el sitio, después la planta académica y el alumnado y, finalmente, los costos.
El MIB tiene un poco más 18 mil metros cuadrados de superficie, 9 mil 855 en la planta baja y 7 mil 316 en la planta alta, asentados en un terreno de 5 hectáreas. Contiene once salas, un auditorio, restaurante, talleres y un lago.
Siendo así, a cada una de las siete artes que aquí se cursarían, les corresponderían algo más de 2 mil 500 metros cuadrados de superficie construida y tres cuartos de hectárea de jardín.
En primera instancia, no parece tan mal… hasta que te enteras que el Centro Nacional de las Artes —en el que desde 1994 (31 años ya) se enseñan danza, teatro, música, artes plásticas y demás disciplinas artísticas que Armenta quiere para su Uni— tiene una superficie de 12 hectáreas; es decir, una y media veces más que el MIB, llena de recintos y edificaciones para alguna de las artes y, no como en el museo barroco, donde más de tres hectáreas son sólo parque.
Y a pesar de estas bastas dimensiones, el CENART conserva la modestia académica, pues jamás han pretendido denominarse universidad, sino que, congruentemente, se hacen llamar centro de formación, bajo el modelo de Escuelas de Educación Artística Profesional y, para ello, además de los edificios que albergan a las escuelas, cuenta con tres teatros, tres foros, un auditorio, un aula magna, una biblioteca, cuatro plazas de artes y cinco galerías.
En cuanto a su matrícula, alberga alrededor de 9 mil estudiantes y su profesorado lo constituyen catedráticos de tiempo completo y de asignaturas específicas para las áreas de Danza, Teatro, Música y Artes Plásticas.
Asimismo, los centros de investigación cuentan con investigadores que a su vez instruyen y guían a sus profesores y alumnado. El centro multimedia, por sus características de enfocarse en las nuevas tecnologías y artes electrónicas, tiene su propio y especializada planta docente.
En cuanto a sus finanzas, debido a que el CENART pertenece al INBAL, no es sencillo determinar en forma precisa el porcentaje de los 15 mil millones de pesos que le tocan al centro, de ese total presupuestario que tiene asignado el INBAL, pero otras instituciones, como la UNAM, se publican su costo alumno anual y que, para el 2025, fue de alrededor de 79 mil pesos per cápita, cantidad esta que ninguna universidad estatal pública o privada poblana le destina a sus alumnos, por la sencilla razón de que no cuenta con tamaña capacidad presupuestaria. Entonces, ¿de dondré saldrán los dineros actuales y futuros para la Uni barroca?
A la luz de estos datos, surgen las siguientes inquietudes sobre lo anunciado por Alejandro Armenta:
1. ¿En cuáles estudios estadísticos o de sondeo poblacional se basa el gobernador para suponer la necesidad de crear una Universidad de las Bellas Artes de Puebla? ¿Cuántas mujeres y hombres poblanos han manifestado su inquietud por ser ejecutantes activos y profesionales en alguna de las disciplinas artísticas y que no lo han podido lograr por la falta de una universidad de esta naturaleza?
2. ¿Con cuántas de las siete bellas artes comenzará la Uni barroca y cuál superficie y ubicación tendrá cada una de ellas en el MIB? ¿Habrá aulas masivas o gabinetes individuales, multiespacios artísticos o galerías y espacios disciplinarios internos? ¿Será gratuita o de paga?
3. ¿Los planes de estudio de las bellas artes serán mayoritariamente prácticos, 50/50 o preferentemente teóricos? ¿Quiénes los elaboraron y cuándo podremos conocerlos? ¿Serán planes semestrales, cuatrimestrales o modulares? ¿Habrá un tronco común o cada disciplina irá a su aire? ¿Debido a la subjetividad implícita en todo arte, habrá un mínimo y un máximo de créditos o será aleatoria la significación curricular?
4. ¿Cuántos profesores de base y cuántos de asignatura se tienen contemplados para cada una de las disciplinas que se impartirán? ¿La Uni tendrá personal administrativo, auxiliar y de intendencia o estos servicios serán subrogados?
5. ¿Cuánto del presupuesto estatal del 2026 al 2030 se tiene contemplado para ejercer en la reconversión y funcionamiento del MIB cuando ya sea la Uni barroca?
Y, sobre todas estas cuestiones, la más importante a mi juicio:
¿Qué tiene pensado hacer Alejandro Armenta para que los egresados de esta Uni barroca, encuentren un empleo en Puebla en el cual desarrollen todo eso que les habrán de enseñar?
Y, esto último lo destaco sobre todo lo demás que ya tiene lo suyo, porque, suponiendo que en verdad la Uni barroca comenzara en el 2026, los primeros egresados —si el plan de estudios que, como todo aquel de una universidad que se respete, sería de al menos cuatro años (los pianistas estudian en realidad de 5 a 7 años por los propedéuticos)—, repito, los primeros egresados saldrían en el año 2031, cuando Armenta ya no fungiría como gobernador y, por lo tanto, no podría entonces hacer nada por estos retoños de su bella artística alma mater y, ante ello, considero que todo padre consciente debe procurar con antelación que sus hijos tengan, al menos, un empleo decoroso con el cual sobrevivir.
Dicho lo cual, desde mi categoría ciudadana de contribuyente y mi entusiasta condición de amante de las bellas artes, conmino al gobernador y a su gabinete cultural y artístico a que tengan la amabilidad de aclararnos las cuestiones arriba enlistadas.
Todo ello, con la única finalidad de evitar que en un futuro cercano —los cinco que le restan a este gobierno— no tengamos que repetir la cantaleta que han esgrimido hasta ahora los armentistas, de que el MIB, ahora transformado en una Uni barroca, ha representado un inútil e innecesario despilfarro, pudiéndose habido utilizar todo lo que se piensa invertir en dicha ocurrencia universitaria, en algo culturalmente viable como:
1. Música: Consolidar la Orquesta Sinfónica del Estado de Puebla mediante la asimilación de esta al Conservatorio de Música del estado —en tan lamentable estado actualmente— y cuya fusión con la orquesta proveería no sólo una fuente de práctica real para los alumnos, sino que los músicos podrían fungir como profesores del conservatorio y obtendrían mejores salarios y prestaciones en su calidad de profesores estatales.
2. Artes plásticas: Elevar de categoría académica la Escuela de Restauración transformándola en un centro estatal de formación artística cultural en la cual, a la par de aprender las técnicas de restauración artística, aquellos alumnos poseedores de verdadero talento artístico lo incuben y desarrollen en dicha escuela, en las disciplinas que ya se imparten actualmente como la del manejo de materiales pétreos, metales, madera y telas.
3. Danza: Redimensionar la capacitación, formación y desarrollo de la danza regional poblana en la Casa de Cultura del Estado, transformado sus talleres artísticos, hoy elementales, en centros de formación dancística.
4. Arquitectura: Consolidar, mediante la modernización de la fototeca estatal, de un centro de registro y acopio fílmico, fotográfico y documental del patrimonio edificado, tanto de la ciudad capital como del estado, en sus vertientes arquitectónicas poblanas más simbólicas como el virreinato, las haciendas y el industrialismo textil.
Digo, ¿no sería todo esto más sensato y menos oneroso, que una Uni barroca que, además de innecesaria ante la existencia de sendos programas de formación artística de la BUAP, la UDLAP y la UPAEP, destruiría la única condición respetable que aún conserva el MIB, que es la de haber sido concebido como museo por uno de los talentosos ganadores del prestigiado premio internacional de arquitectura Pritzker?
Sinceramente Alejandro, creo que deberías recapacitar en tu propósito de crear una universidad de las bellas artes antes que sea demasiado tarde para tu reputación y legado, así como para nuestras finanzas estatales presentes y futuras.