El 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en donde los discursos y los eventos se multiplicaron, sin embargo, poco se conoce que ese día inician dieciséis días de activismo, que culminan el 10 de diciembre.
Sabemos que muchas personas se vistieron de naranja, se realizaron ceremonias y eventos para hablar del tema, pero pasando ese día, poco se recuerda y se destaca la importancia de este tema social tan complejo.
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Es necesario que, en las instituciones, en el aula, en las escuelas, en las comunidades, los medios de comunicación y la sociedad en general promuevan y participen en actividades o iniciativas en el marco de estos días de activismo. Esta es solo una de las medidas para concientizar e impulsar acciones que permitan disminuir este flagelo social.
Su origen se remonta al asesinato de las hermanas dominicanas Mirabal: Minerva, Patria y María Teresa a quienes se les conocía como las mariposas. Ellas fueron ejecutadas por su activismo en contra del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo (Sahuquillo, 2016).
Es tan importante el tema, que conviene destacar que la escuela, que debería ser un lugar seguro accesible para todos los niños y niñas, puede convertirse en cualquier lugar del mundo en un sitio en el que los niños están expuestos a diversas formas de violencia, desgraciadamente los actos de violencia de este tipo siguen siendo invisibles y quedan impunes, a pesar de que los alumnos siguen sufriendo acoso o agresiones en la escuela o camino a ella (UNESCO, 2015).
La información de cómo participar en estos días de activismo, la podemos encontrar en ONU Mujeres, donde se exhorta de manera particular o colectiva, a participar en diez maneras para contribuir a erradicar la violencia contra las mujeres.
La primera plantea la necesidad de escuchar y creer a las sobrevivientes, especialmente cuando una mujer comparte su historia de violencia, hay que garantizarle el espacio seguro que necesita para hablar y ser escuchada sin juzgarla, especialmente en los casos de violencia sexual.
La segunda se refiere al ejemplo que le damos a la generación más joven, formándola a través de planteamientos sobre los roles de género a una edad temprana y cuestionando los rasgos y las características tradicionales asignadas a hombres y mujeres, fomentando una cultura de la aceptación valorando las diferencias.
La tercera tiene que ver con la exigencia de los servicios esenciales para los sobrevivientes de la violencia de género, como refugios, líneas de atención telefónica, asesoramiento y todo el apoyo que necesiten en cualquier situación social. Cada año, la campaña de los dieciséis días, propone una acción colectiva y global para poner fin a todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas.
La propuesta cuatro, se refiere a la necesidad de integrar el consentimiento convencido en la vida y hablar de él. Frases como “se lo estaba buscando” o “los hombres así son” intentan desdibujar los límites del consentimiento sexual, culpabilizar a las víctimas y exculpar a los agresores del delito que han cometido.
En la cinco se busca conocer los indicios del maltrato y aprender cómo podemos ayudar informándonos sobre los indicios del maltrato, existen recursos disponibles a nivel institucional y de organizaciones de mujeres.
La sexta habla sobre nuestra contribución mostrando nuestra solidaridad con las sobrevivientes de cualquier tipo de violencia y apoyando la lucha por los derechos de las mujeres. Hay muchas maneras: coloreando de naranja el perfil de las redes sociales para los dieciséis días de activismo, mostrar que se está haciendo para erradicar la violencia, etiquetando alguna acción realizada que contribuya, etc.
En la séptima, se propone identificar aquellos sesgos particulares o colectivos que permiten que siga existiendo la cultura de la violación examinando nuestros comportamientos y creencias, reflexionando en como definimos la masculinidad y la feminidad, cómo influyen nuestros propios prejuicios y estereotipos en nuestra actitud acerca de las identidades de género hasta las políticas que apoyamos en nuestras comunidades.
La acción ocho, se refiere a la necesidad de la donación a organizaciones locales que ayudan a las mujeres, que amplifican sus voces, apoyan a las sobrevivientes y promueven la aceptación de todas las identidades de género y sexualidades, básicamente porque: prestan servicios esenciales para las sobrevivientes; promueven cambios en políticas; reducen la violencia de género y desempeñan un papel fundamental en emergencias sanitarias y humanitarias.
La nueve implica recordar que la violencia puede adoptar muchas formas, incluido el acoso sexual en el lugar de trabajo y en los espacios públicos. Hay que pronunciarse contra ciertos comportamientos como los silbidos, los comentarios sexuales inapropiados y los chistes sexistas ya que en ningún momento y lugar son aceptables. Por último, es necesario conocer los datos y pedir más información, que permitan aplicar con éxito medidas de prevención y proporcionar a las sobrevivientes el apoyo adecuado.
El activismo pone el tema como prioritario en la agenda pública, ya que la violencia contra las mujeres se produce en múltiples formas y es un problema global, además es necesario insistir en que las propias mujeres y niñas defiendan sus derechos y busquen ayuda en caso de necesitarla. La educación es fundamental para lograrlo, así como las iniciativas comunitarias que permitan fortalecer la resiliencia y la autoestima, que contribuyan a romper el ciclo de la violencia.
Referencias
Sahuquillo, M.R. (2016). Por qué el día contra la violencia de género es el 25 de noviembre.
UNESCO (2015) Aprender sin miedo: prevenir la violencia de género en el entorno escolar y luchar contra ella.