Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Disculpe las molestias, estamos en la ruina

La agricultura tradicional de los abuelos es un patrimonio intangible

Guillermina López Corral

Doctorante en Desarrollo Regional Ciencias para la Sustentabilidad y Desarrollo Regional por El Colegio de Puebla. Licenciada en Comunicación y Maestra en Desarrollo Humano y Letras Iberoamericanas por la Ibero Puebla. Actualmente es responsable del Programa formativo y de acompañamiento “Acción Ambiental” en el IIMA IBERO Puebla.

 
 
 
 

Miércoles, Noviembre 19, 2025

Actualmente, los productores de todo el país demandan ser vistos ante décadas de olvido. El olvido se cobra caro, más que meses de cierres y bloqueos carreteros. Los costos de producción agrícola se han disparado más del 46 % en los últimos cinco años.

El paro nacional agropecuario desde hace más de un mes nos interpela a preguntarnos de dónde venimos, y en especial, cómo ha logrado resistir el campo mexicano tantas décadas de exclusión, abandono y pobreza.

La producción, el abasto y el consumo de alimentos han sido cruciales en el desarrollo de las civilizaciones, así como en la evolución de su identidad y de su genética. El Popol Vuh dice que nacimos del maíz, tocayo es nuestra carne. México es centro de origen del maíz, del chile, del jitomate. Existen más de 63 variedades de maíces. Dicen los que saben que casi tantas, como de lenguas originarias. Hacer milpa, sembrar para comer y vender es resistir. Es mantener la tradición con todo en contra.

¿Quién protege a los productores para que puedan sobrevivir? ¿Qué pasa cuando los agricultores han sido olvidados históricamente a pesar de haber tomado las armas en la revolución al grito de tierra y libertad? ¿Cómo pueden vivir con tanta incertidumbre y amenazas?

Ahora que la ciudad desplaza al campo, ¿qué alternativas de vida ofrecen las ciudades y el trabajo asalariado a los inmigrantes?

¿Quién produce ahora lo que comemos? ¿Cómo comemos ahora? ¿Qué pasa ante tanta oferta de productos grasosos y azucarados que se venden en botellas y bolsas, que dejan basura? ¿Por qué se ofrece ahora más la lechuga que los nopales, frijoles y los chayotes? Pobres los que ahora comemos muy mal.

¿Cómo llegamos en treinta años hasta ahora, a ver a diario a tantas personas caminando con su botella de refresco? ¿Serán diabéticos y lo ignoran? ¿Qué había antes en estos grandes fraccionamientos, centros comerciales, hospitales, restaurantes de lujo y universidades?

¿Es un acto político comer? ¿Sándwich o taco? ¿Cuernito con jamón o quesadilla de quesillo y epazote? ¿Arúgula o nopales? ¿Cerveza o pulque? ¿Frijoles o papas a la francesa? ¿Salchichas o frijoles con totopos? ¿Autoservicio o mercadito local?

La agricultura tradicional de los abuelos -esa que casi ya no se practica-, es un patrimonio intangible. ¿Cuántos meses de trabajo vale un taco? ¿Cuántas manos contribuyeron? ¿Cuánto viajó cada semilla cada verdura para llegar al plato? ¿Cuántos litros de agua requirió?

Con el desarrollo, la urbanización, la producción en serie, con los agroquímicos y el saneamiento insalubre de las aguas residuales y la economía de mercado, la supermercadización, la explosión del consumo y la maquila se acabaron la tierra, la libertad y las opciones de una buena cosecha que favorezca longevidad y vida buena.  ¿Qué implicó esta política comercial y cómo impacta ahora en la economía y la salud de los mexicanos?

La chía, el amaranto, el chayote, el cacahuate, el cacao, los nopales son una fuente rica de fitoquímicos esenciales para prolongar la salud y la vida, como el haba y el frijol, los chayotes, las verdolagas, los ejotes y los quintoniles. Otorgan al organismo   fibra soluble y ácidos grasos que evitan las enfermedades degenerativas.

Tristemente, la milpa se acaba. También los traspatios, el autoconsumo, y las verduras y hierbas en los platos de las comidas mexicanas en muchos lugares que antes nos guisaban las abuelas y las mamás. Son platillos de restaurantes de lujo, y algunos lugares excepcionales de gastronomía local, como Milli en Cholula. Que vivan las redes de productores que producen de forma agroecológica y generando redes de comercio justo.

Sin ir más lejos, las comunidades cercanas a la Angelópolis enfrentan una gran vulnerabilidad alimentaria. Los pozos se han contaminado y secado por extracción para la expansión de las ciudades. Sufren a contaminación de residuos y las descargas de agua que les llegan de las ciudades.

 ¿Con qué se riegan muchos productores ahora? Con agua de un río que antes, muy antes estuvo sano y limpio.

En Tehuacán, los pobladores han sufrido la contaminación de las descargas de la maquila en un relleno sanitario ubicado en la Reserva de la Biósfera.

Dice el maestro Esaú, mientras me enseña sus plantas de vid, el llantén, la hierba del golpe y varios arbolitos en la Secundaria Técnica 56: “Si ya se vieron a la ciudad los campesinos, y no hay campo, ¿dónde vamos a sembrar ahora? En las azoteas de la ciudad”.

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