Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La comunicación familiar también protege en Internet

El grooming puede prevenirse con comunicación constante, confianza y acompañamiento digital

Elena Zárate

Especialista en Comunicación Estratégica y Familiar con más de veinte años de experiencia. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, maestra en Comunicación Estratégica y maestra en Ciencias de la Familia, así como doctorante en Comunicación y Mercadotecnia Estratégica. Encabeza la iniciativa COMFAM Comunicación Familiar.

Sábado, Noviembre 15, 2025

En los últimos meses hemos visto un aumento alarmante de reportes relacionados con grooming en distintas plataformas de videojuegos y redes sociales. Roblox, por ejemplo, ha sido señalado de manera recurrente por casos donde adultos se hacen pasar por menores para generar confianza con niños y adolescentes, iniciar conversaciones privadas y manipularlos emocionalmente.

El grooming no es un fenómeno ajeno a México; ocurre aquí, en Puebla, y en toda Latinoamérica. Tanto que en países como Argentina, el 13 de noviembre ha sido instituido oficialmente como el Día Nacional de Lucha contra el Grooming, un recordatorio necesario de un problema que crece en la medida en que aumenta la presencia infantil en entornos digitales.

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Pero más allá de la legislación -que sin duda es relevante y necesaria-, hay un aspecto que a menudo se deja en segundo plano y éste es la prevención comienza en casa, en la calidad del diálogo entre padres e hijos. Antes que hablar de artículos de ley, procesos judiciales o vacíos normativos, urge hablar de comunicación.

Porque el grooming no ocurre de un día para otro, sino que es un proceso, que poco a poco va dejando señales, las cuales muchas veces pueden pasar desapercibidas cuando la comunicación en la familia es superficial, esporádica o basada más en prohibiciones que en vínculos de confianza.

Precisamente, el grooming es una forma de acoso sexual digital en la que un adulto manipula psicológicamente a un niño o adolescente para obtener confianza, afecto o información personal con fines de abuso. Quien agrede suele adoptar una identidad falsa, ofrece regalos virtuales, escucha, halaga, promete amistad o “comprensión” que el niño o niña quizá no siente en casa.

¿Por qué lo logran? Porque sus tácticas se mezclan con dinámicas cotidianas del entorno digital, entre chats, emojis, partidas en línea, solicitudes de amistad, invitaciones a grupos privados. Todo parece normal… hasta que deja de serlo.

Y si bien las plataformas tienen mecanismos de seguridad, la principal defensa siempre será lo que ocurre dentro del hogar.

Los padres suelen preguntar: “¿Cómo puedo saber si algo está mal?” y la respuesta no está en convertirnos en espías digitales, sino en construir vínculos sólidos que permitan que nuestros hijos nos hablen antes de que ocurra un daño.

Un niño que confía y siente que puede decir lo que siente, incluso cuando sabe que quizá no nos guste, tiene menos probabilidad de caer en manipulaciones externas. Esto no es un cliché educativo; es una realidad psicológica. Los groomers buscan niños con vacíos emocionales, con poca supervisión, con miedo a ser castigados, o a quienes no se les cree fácilmente.

La comunicación protectora se construye desde lo cotidiano, no desde el miedo. Por ello, algunas claves que puedes poner en práctica son: Primero, habla del mundo digital como hablas del mundo real. Si le preguntas a tu hijo cómo le fue en la escuela, pregúntale también cómo le fue en Roblox, Fortnite, TikTok o Discord: ¿Con quién jugaste?, ¿Qué te gustó de hoy?, ¿Hubo algo que te incomodó? Hazlo con interés genuino y no sólo lo conviertas en un interrogatorio.

Segundo, deja claro que en tu casa no hay secretos peligrosos. Considera que un groomer suele decir “no le digas a nadie”, “tu mamá se enojará”, “esto es solo entre tú y yo”. Para ello, la familia debe tener la regla de oro, como es que en casa nada que lo haga sentir raro o incómodo debe guardarse en secreto.

Tercero, no castigues las revelaciones, ya que muchos casos de abuso digital se mantienen ocultos porque el niño piensa que va a perder el celular o la tableta si cuenta lo que ocurrió. Si la consecuencia de pedir ayuda es el castigo, dejará de pedirla.

Cuarto, evita los discursos basados en miedo o vergüenza. Frases como “te dije que esas cosas pasan”, “¿ves por qué no quería que tuvieras redes?” o “¿cómo no te diste cuenta?” solo cierran puertas, no las abren.

Quinto, construye una presencia digital acompañada, y que no es vigilancia absoluta, sino acompañamiento. Aprovecha para que juntos puedan configurar la privacidad y revisar qué plataformas usa. También, acuerden reglas claras y razonables, además de conocer a los amigos en línea cuando sea posible.

No olvides que el error más común es prohibir sin explicar, pues muchos padres, ante el miedo, optan por prohibir videojuegos, grupos privados o redes. Y aunque puede ser necesario en ciertos casos, la prohibición sin diálogo no construye criterio, solo genera silencio y evasión.

Lo ideal es enseñar a pensar, no solo a obedecer. El objetivo no es que nuestros hijos no se conecten, sino que “se conecten con conciencia”, que identifiquen riesgos y se sientan capaces de pedir ayuda.

Por ello, recuerda que hay un tipo de diálogo que abre puertas. Un diálogo que combina tres habilidades: Asertividad, para hablar claro sobre temas incómodos. Empatía, para validar emociones sin minimizar. Escucha activa, para atender más allá de las palabras.

Ciertamente el grooming es un delito y por ello las leyes importan, pero ninguna ley sustituirá la presencia emocional de una madre o un padre que acompaña, pregunta y escucha.

No se trata de desconfiar del mundo, sino de formar niñas, niños y adolescentes con criterio y confianza. Hablar para proteger debería ser, hoy más que nunca, la consigna de toda familia.

 

 

 

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