El día que lo dejaron sólo, el día que nadie llamó, en el que todos se marcharon, ese día, por fin llegó y dentro de la política hay que estar preparado para dejar de ser, más allá de los discursos, de las sonrisas, las alianzas, de las lealtades, que entre más se repite esta palabra se torna más confusa, más fuerte y menos presente.
La búsqueda es del nombrado, electo, escogido funcionario traiga todo lo nuevo, hasta cambios y mejoras en lo laboral, en horarios, en salario, en la oficina, pero poco a poco esos sueños se van alejando cuando se ve que todos pasan, primero los amigos, los financiadores, luego los parientes y poco a poco se van alejando una vez que han logrado su cometido.
Más artículos del autor
Las viejas glorias se van acumulando en recuerdos de reuniones, cosas que nunca pasaron pero que se hacen presentes entre las intrigas del propio vino, entre las bocanadas de humo, entre gritos y felicitaciones se dice que todo el pasado fue mejor, aunque ya toque, a otra generación o a otro grupo, pero los modos y las costumbres siguen y seguirán heredándose como el secreto del poder que son.
Ese día lo dejaron sólo. Ya no volvieron esas tertulias interminables y los hipócritas abrazos, esas insinuaciones a los hijos para emparentar con los hijos de los otros y esos otros buscando a otros más para hacer una pirámide de poder, en donde la capacidad es lo de menos, pero lo familiar es lo que en realidad les importa y saben del poder de una unión de tal calibre.
Llegar al restaurante anónimamente, ya no hay ese peso en esos pasos que ahora en lugar de levitar hace ese caminar más pesado en donde las miradas ya no son de alegría sino de reclamo.