En la narrativa oficial, el Banco de México es un bastión de ortodoxia técnica, un ente cuya única brújula es su mandato constitucional de combatir la inflación. Sin embargo, en la realidad cruda de mediados de 2025, la Junta de Gobierno se enfrenta a una encrucijada mucho más delicada e interesante, una donde la inflación es solo una de las tres bestias a las que debe domar.
La decisión de política monetaria que se anunciará en los próximos días no será una simple calibración técnica; será la resolución de un dilema estratégico que definirá el rumbo de la economía mexicana en el corto plazo: impulsar una economía estancada, sostener un tipo de cambio artificialmente fuerte o mantener la credibilidad antiinflacionaria. El problema es que es imposible lograr las tres cosas al mismo tiempo.
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Fuerza 1: El imperativo de crecer ante una economía en cero
El primer y más urgente frente es la parálisis económica. Con una proyección de crecimiento al segundo trimestre 2025 que ronda el 0.7% (INEGI, 2025a). Lo anterior, sin contar la inflación de 4.3 por ciento anualizada también para junio 2025 (INEGI, 2025b), con lo que nos quedamos prácticamente con un 0.0% de crecimiento en lo que va del año en términos reales. La economía mexicana está técnicamente estancada.
En este contexto, y con un gobierno federal atrapado en sus propias restricciones fiscales que le impiden un impulso a través del gasto, la política monetaria se ha convertido, por defecto, en la única palanca real y disponible del Estado para intentar evitar una recesión. La presión del sector empresarial y de la propia Secretaría de Hacienda para que Banxico inicie un ciclo de recortes de tasas no es un mero capricho; es un clamor desesperado por oxígeno. Mantener el costo del dinero en un restrictivo 8.00% en una economía sin crecimiento es, argumentan, el equivalente a pisar el freno cuando el coche ya se ha detenido.
Fuerza 2: El pánico a desmantelar el único pilar del "superpeso"
Aquí es donde el dilema se vuelve exquisitamente complejo. La razón por la que un recorte de tasas no es una decisión obvia yace en la frágil realidad de nuestro tipo de cambio. Como hemos analizado, la fortaleza del peso no se sustenta en una economía robusta. La Inversión Extranjera Directa (IED) ha mostrado un crecimiento negativo en términos reales y el flujo de remesas familiares, otrora un pilar de acero ha sufrido una drástica caída en los últimos meses (Banxico, 2025b). El único soporte real que evita una depreciación desordenada es el masivo flujo de capital especulativo que busca el rendimiento del carry trade, un fenómeno alimentado por el gran diferencial entre la tasa del 8.00% de Banxico y la que ronda el 4.00% en Estados Unidos (Banxico, 2025a).
Bajar las tasas de manera significativa sería desmantelar este pilar. Estrechar el diferencial de tasas invitaría a una fuga de capitales tan veloz como su llegada, provocando la depreciación que, paradójicamente, generaría nuevas presiones inflacionarias. Por lo tanto, Banxico se encuentra en la posición de tener que mantener las tasas altas no solo por la inflación, sino como un acto de supervivencia cambiaria para no desfondar su única fuente de estabilidad aparente.
Fuerza 3: La Inflación como justificación necesaria
En este nuevo encuadre, el mandato constitucional de combatir la inflación, si bien sigue siendo el objetivo oficial, se convierte estratégicamente en la coartada perfecta. La persistencia de la inflación en el sector de servicios, ese componente "pegajoso" que se resiste a bajar, le proporciona a la Junta de Gobierno la justificación técnica impecable para hacer lo que, por otras razones, se ve forzada a hacer: mantener las tasas altas.
Si la inflación cediera de manera rápida y contundente, Banxico se quedaría sin argumentos para no bajar las tasas, enfrentando una presión política inmensa y arriesgándose a la fuga de capitales. De esta manera, una inflación moderadamente alta se convierte en un aliado inesperado para el banco central, permitiéndole mantener el atractivo del carry trade y la estabilidad cambiaria, aun a costa de sacrificar el crecimiento económico.
Conclusión: La elección del mal menor
La próxima decisión de Banxico no será sobre si la inflación está en 4.5% o 4.2%. Será una elección estratégica sobre qué riesgo es el mal menor. ¿Una recesión controlada, producto de mantener las tasas altas? ¿O una crisis cambiaria, producto de bajarlas demasiado rápido?
Todo apunta a que la Junta de Gobierno optará por la primera opción. Elegirá sacrificar el crecimiento económico a corto plazo, utilizando la "última milla" de la inflación como el argumento público, mientras su objetivo implícito será proteger la estabilidad del tipo de cambio, el frágil pilar sobre el que se sostiene la percepción de normalidad económica. La decisión revelará que, en la economía mexicana de 2025, el verdadero mandato de Banxico ya no es solo controlar los precios, sino administrar una compleja y peligrosa fragilidad estructural.
Referencias
Banco de México. (2025a). Sistema de Información Económica: Política Monetaria y Tasas de Interés. Banxico.
Banco de México. (2025b). Información Estadística: Balanza de Pagos (Remesas Familiares). Banxico.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025a). Producto Interno Bruto, Cifras Oportunas (Segundo Trimestre 2025). INEGI.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025b). Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). INEGI.