Domingo, 17 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Quién cuida a las cuidadoras? Una deuda social

Es urgente que la ciudad adopte una nueva prioridad: cuidar a quienes cuidan

Araceli Molina Diz

Coautora del libro “La Campaña”, Guía para Estructurar Candidaturas; creadora del podcast Política en Femenino. Consultora con experiencia en políticas, gestión y administración públicas, comunicación política y perspectiva de género.

Jueves, Julio 31, 2025

Desde los inicios de la humanidad, lo doméstico, el trabajo de cuidados ha sido invisibilizado y relegado.  Esta labor que sostiene la preservación de la vida misma ha sido realizada mayoritariamente por mujeres —madres, abuelas, trabajadoras del hogar, jefas de familia— sin reconocimiento social, remuneración ni derechos laborales.

El hacer invisible esta labor ha llevado a los sistemas a organizarse sin tomarnos en cuenta; las ciudades no son neutrales. Están diseñadas, organizadas y presupuestadas desde una mirada que invisibiliza la experiencia cotidiana de las mujeres, especialmente de aquellas que cuidan.

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La ciudad, tal como está configurada, castiga a quienes cuidan: banquetas rotas que dificultan el paso con una carriola o una silla de ruedas, transporte público inseguro, en el que es casi imposible acceder con un bebé en brazos, mucho menos con una silla de ruedas, desconectado de clínicas o mercados, calles sin alumbrado, sin baños limpios, con parques sucios, inseguros e inaccesibles.

Las ciudades han sido pensadas desde una lógica masculina, acelerada, productivista, dejando fuera a quienes habitan el tiempo del cuidado, lento, comunitario y desprotegido.

La deuda con nosotras las mujeres cuidadoras es doble: de reconocimiento y de infraestructura urbana con perspectiva de género. No se trata solo de visibilidad simbólica, sino de transformar la forma en que se planifican las ciudades para que podamos transitar sin peligro, movernos con facilidad, acceder a servicios y recreo con dignidad.

Es urgente que la ciudad adopte una nueva prioridad: cuidar a quienes cuidan.

Esto implica presupuestar con enfoque de género, construir banquetas accesibles, alumbrado público, transporte público eficiente, baños públicos limpios y seguros, parques dignos, así como, procesos de participación ciudadana donde las cuidadoras nos involucremos en la planificación y presupuestación de la ciudad, para así decidir los cambios en nuestro entorno.

También implica confrontar y rechazar discursos que invisibilizan, estereotipan y desprecian esta labor. Como la polémica generada por las afirmaciones del futbolista Chicharito, en las que afirma que las mujeres “están fracasando” y deben “honrar la masculinidad”, sugiriendo que su labor se reduzca al cuidado doméstico, la obediencia y la sumisión; estos comentarios no pueden ser desestimada como “error” o “opinión personal”.

Esto es un espejo de estructuras patriarcales que minimizan y estigmatizan la labor del cuidado. En esta lucha, no basta con campañas ocasionales, se requiere una narrativa política que visibilice, valore y respalde con acciones concretas el trabajo de las cuidadoras.

Porque al menos para mí, cuidar nunca será una carga, proveer seguiré siendo parte de mi labor, pero nunca dejaré de alzar la voz y de visibilizar la deuda que la ciudad tiene con nosotras.

Una ciudad que no cuida a las cuidadoras está destinada al abandono, a la desigualdad y a perpetuar la invisibilidad de quienes sostienen la vida— literal y simbólicamente.

Nuestra deuda no espera: debe ser saldada ahora, construyendo ciudades que reconozcan, protejan y dignifiquen a las cuidadoras

 

 

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