Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Conectarnos más allá del conflicto

La Comunicación No Violenta nos guía a comunicar con empatía y construir vínculos reales en familia

Elena Zárate

Especialista en Comunicación Estratégica y Familiar con más de veinte años de experiencia. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, maestra en Comunicación Estratégica y maestra en Ciencias de la Familia, así como doctorante en Comunicación y Mercadotecnia Estratégica. Encabeza la iniciativa COMFAM Comunicación Familiar.

Sábado, Mayo 17, 2025

Todo puede empezar tal y como le ocurrió a Mariana, una mamá de dos adolescentes, quien alberga en su interior la preocupación de sentir que ha perdido el vínculo con su hija mayor. “Todo el día está en su cuarto, pegada al celular. Cuando intento hablarle, me ignora o se pone a la defensiva. A veces ni me mira a los ojos. Siento que ya no sé comunicarme con ella”, me confió en una charla que tuvimos.

Lo que detonó su llamado fue una discusión familiar: Mariana le pidió a su hija que dejara el teléfono durante la cena. La adolescente respondió con un “¡ni siquiera estoy haciendo nada malo!” y salió furiosa del comedor. El papá se molestó por la actitud de ambas, y lo que debía ser un momento de conexión, acabó en silencio y puertas cerradas.

Más artículos del autor

Historias como ésta no son nuevas, pero hoy se ven amplificadas por el uso de la tecnología. La desconexión emocional entre padres e hijos, o entre parejas, muchas veces se origina no por la falta de palabras, sino por cómo nos comunicamos o, mejor dicho, por lo que no comunicamos.

Paul Watzlawick, uno de los padres de la Teoría de la Comunicación Humana, afirmó que “no es posible no comunicarse”. Incluso cuando guardamos silencio, estamos diciendo algo. Una mirada, una ceja levantada, el tono en que decimos “nada”, simplemente todo comunica.

En el caso de Mariana, el conflicto no empezó en la cena, sino en una serie de interacciones acumuladas: respuestas rápidas, conversaciones interrumpidas, falta de escucha. Todo eso fue construyendo una sensación de distancia. Su hija, al sentirse incomprendida, comenzó a aislarse. Mariana, al sentirse ignorada, reaccionó con más exigencias. Así se forma un círculo vicioso.

Otro de los axiomas de Watzlawick dice que “la naturaleza de una relación depende de la puntuación de las secuencias de comunicación entre los comunicantes”. Es decir, cada persona interpreta la situación desde su propia perspectiva. Mariana cree que su hija es la que se aleja. Su hija cree que su mamá no la entiende ni la respeta. Cada una reacciona desde su visión, sin ver el conjunto del patrón relacional.

¿Cómo rompemos este ciclo? Aquí es donde la Comunicación No Violenta, propuesta por Marshall Rosenberg, puede ser una brújula poderosa.

Precisamente, la Comunicación No Violenta nos invita a cambiar el enfoque, ya que en lugar de reaccionar con juicio o exigencia, se pueden seguir cuatro pasos para comunicarnos desde la empatía y la conexión.

  • El primero de ellos es observar sin juzgar, En vez de decir “siempre estás en el celular”, podríamos decir: “He notado que esta semana has pasado varias horas en tu cuarto con el teléfono”.
  • De ahí, la propuesta es identificar los sentimientos que están surgiendo en la situación, como podría ser: “Me siento preocupada y un poco sola cuando no compartimos tiempo en familia”.
  • El tercer paso es reconocer las necesidades y expresarlas de manera asertiva: “Necesito sentirme conectada contigo y saber que estás bien”.
  • Y finalmente, hacer una petición clara: “¿Podríamos acordar un momento del día para hablar o hacer algo juntas, sin pantallas?”

Este tipo de comunicación requiere valentía y práctica. No se trata de hablar bonito, sino de hablar desde la autenticidad, sin culpar ni exigir, sino conectando con lo que sentimos y necesitamos, y abriendo espacio para escuchar al otro con la misma profundidad.

Y es que para todos resulta evidente que los conflictos son parte natural de toda relación. Pero si aprendemos a comunicarnos con conciencia, estos pueden convertirse en oportunidades de crecimiento y conexión.

Sabemos que la vida en familia no es perfecta. Pero podemos aprender a transformar el enojo en diálogo y el juicio en empatía. Por ello, te comparto algunas recomendaciones prácticas.

La primera es respirar y pensar si tu respuesta está sumando o alejando. Después escucha para comprender, no para responder. Muchas veces, solo necesitamos sentirnos escuchados para calmarnos.

Continúa expresando tus emociones sin culpar. Usa frases como “yo me siento…” en lugar de “tú me haces sentir…”. Acuerda espacios sin tecnología. Una comida al día sin pantallas puede ser un inicio poderoso.

También, sé ejemplo. Los adultos modelamos con nuestra forma de hablar, de mirar, de estar presentes.

Como comunicóloga y familióloga, he visto que las familias no necesitan ser perfectas para estar unidas. Lo que necesitan es aprender a comunicarse de manera honesta, empática y consciente. Volver al diálogo auténtico —ese que mira a los ojos, que se atreve a escuchar y también a pedir perdón— puede transformar el conflicto en un puente hacia el encuentro.

Porque al final del día, lo que todos anhelamos es sentirnos vistos, escuchados y amados. Y eso, sí se puede construir… palabra a palabra.

Vistas: 610
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs