Siempre me ha parecido ridículo que les llamen “desaparecidos”; en mi opinión las personas no desaparecen, las personas se van por su propia voluntad o por su seguridad, a las personas las privan de su libertad, las secuestran o las asesinan, y luego desaparecen sus cuerpos, pero no se desaparecen como un mero acto de ficción.
Pues como en este país la realidad supera justo la ficción, no muy lejos de aquí en el Rancho Izaguirre, en el poblado de La Estanzuela, en Teuchitlán, Jalisco, parece que allí fueron al menos 200 de los más de 100 mil desaparecidos a nivel nacional.
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En este lugar, se encontró por una denuncia anónima, un campo clandestino de reclutamiento, desaparición y exterminio, un hallazgo realizado por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco porque la Fiscalía de Jalisco, a pesar de haber cateado el lugar el septiembre de 2024, se hizo de la vista gorda y no encontraron restos humanos; sin embargo, para eso existimos los y las activistas, para dejar de taparle el ojo al macho y mostrar la terrible en indignante situación de inseguridad e impunidad que se vive en este país.
La desaparición de personas en México es una crisis de derechos humanos que ha aumentado en las últimas décadas debido a diversos factores, incluyendo la violencia del crimen organizado, la impunidad y la falta de respuestas efectivas por parte del Estado. Es una realidad que nos supera como sociedad, un tema que a nivel internacional es inhumano y despierta asombro, pero en México es un tema tan cotidiano que a muchos ya ni siquiera les sorprende.
Deberíamos estar alzando la voz y exigiendo cuentas a las autoridades, pero estamos tan acostumbrados a que no pase nada, que pasará la noticia como una más.
Según datos oficiales, más de 100 mil personas han sido reportadas como desaparecidas en México. Los estados con mayores índices de desapariciones son Jalisco, Tamaulipas, Tabasco, Estado de México, Veracruz y Nuevo León.
Las causas de las desapariciones son muy diversas: crimen organizado, trata de personas, autoridades corruptas, impunidad, represalias políticas contra activistas, periodistas o defensores de derechos humanos, entre otras.
El macabro hallazgo de este centro del Cártel Jalisco Nueva Generación, en el que se menciona que los reclutas eran sometidos a entrenamientos brutales, castigos inhumanos y obligados a cavar pozos donde eran enterradas las víctimas; en el que además se encontraron crematorios clandestinos, restos humanos, ropa, identificaciones y objetos de las víctimas, revela la crisis humanitaria y del tejido social que estamos viviendo en nuestro país,
Los colectivos, la sociedad civil organizada y las familias exigen justicia, búsqueda efectiva y el fin de la impunidad; sin embargo, la crisis sigue sin resolverse y miles de familias continúan sin respuestas.