Estimado lector, en este breve texto expondré algunos apuntes que hay que tomar en cuenta ahora que se acerca la temporada de promesas. La clase política de la cual formo parte, -lo digo sin ningún tapujo, lo he dicho en privado, en público e incluso lo he dejado por escrito en varios lugares de la red, tengo una vocación de servicio, que encuentra su cauce en hacer política, haciéndolo desde cualquier trinchera (iniciativa privada, sociedad civil organizada, universidades o desde el gobierno)-, tiende a hacer promesas que después no puede o no quiere cumplir. La intención de escribir estos párrafos es transmitirle algunos aspectos que debe observar cuando le ofrezcan “lo que viene siendo” la promesa campañera.
Una promesa de campaña sin sustento jurídico, es demagogia. Aunque parezca broma, hay propuestas que hacen los candidatos en campaña que cuentan con las tres i: Ilegales, Inmorales y por lo tanto inviables. Aunque suenan bien, implican algún delito. Incluso estas ideas son propuestas por “súper asesores” que venden estas grandes ideas. Hoy muchos están asesorando a aspirantes de precandidaturas y los instan a cometer actos que cumplen con las tres “I” antes descritas.
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Por ejemplo, en anteriores campañas, escuché la propuesta de mejorar cierta Unidad Deportiva en San Martín Texmelucan, sin antes analizar el cómo regularizar su situación jurídica. No se deben invertir recursos públicos en un predio que no es propiedad del municipio. Lo peor, a cierto personaje le escuché decir que el ayuntamiento debería de rentar algún ejido por tres años y construir oficinas para desarrollar cierta parte de la ciudad. Ni siquiera me detendré en comentar la aberración de la propuesta, lo peor, esta propuesta tuvo posibilidades de ganar en las elecciones pasadas para la presidencia municipal de Texmelucan.
Una promesa de campaña que no es viable financieramente, es un fraude. Sé que suena aún más descabellada que la afirmación anterior, pero cuántas veces no hemos escuchado grandes ideas que son financieramente inviables. Para hacer una propuesta, hay que conocer el contexto presupuestal del municipio o estado a gobernar. No solamente saber con cuánto presupuesto se contará, hay que conocer las obligaciones financieras que se tienen, juicios con sentencia firme, concesiones suscritas por administraciones anteriores, proyectos en esquema de asociación público-privado; y saber cómo recaudar de forma más eficiente. Esta medida siempre es impopular, pero hay que trabajar en ello; esquemas para eficientar el recurso sin caer en la demagogia de disminuir la nómina, cualquier organización siempre tiende a crecer y más si la población lo hace. En Texmelucan, por ejemplo, sin duda, hay un déficit en el número de personas que atienden el mantenimiento de parques y jardines, así como en muchas otras áreas.
Algunos dicen que la solución para combatir la inseguridad consiste en aumentar el número de elementos de seguridad pública en un cien por ciento, pero nunca dicen cómo le van a hacer. Para ello, primero habría que hacer que una persona quisiera sumarse a las filas de la policía, haciéndolo más atractivo: dotándoles de seguridad social, salarios competitivos, mejor equipamiento, más capacitación y un largo etcétera. Después de generar el interés, habría que contratarlos, lo que implica un gasto en pruebas de control y confianza, así como las certificaciones, antes de que puedan ser policías en función. Con estos datos, habrá que revisar qué porcentaje se podrá aumentar cada año, tomando en cuenta la rotación natural, así como los elementos que ingresen y no logren mantenerse con los controles de confianza y certificaciones, lo que implica por supuesto un gasto. Ya no sonó tan fácil como aumentar el cien por ciento el número de policías de golpe.
Una promesa no socializada, es una antipromesa. Parecería irreal que en una campaña algún candidato hiciera una propuesta inviable por el contexto social. Puede haber promesas que sean viables jurídica y financieramente, pero por el contexto social, tendrían como consecuencia un conflicto, que por una mezcla de ignorancia y equívoco fervor, pasaría inadvertida. El que alguna propuesta tenga riesgo de ser complicada de llevar a cabo por el contexto social, no significa que no deba de ser propuesta o incluso aplicada. En ese momento es cuando entra en juego la capacidad de diálogo y de negociación de los actores políticos y sobre todo la prudencia, el justo medio, que decía Aristóteles; es la virtud clave del gobernante.
Quizá con este texto ya le di algunos consejos a futuros candidatos que seguramente estarán en otra trinchera a la mía; no importa, vale la pena elevar el nivel del debate, construir una clase política más responsable, que vea a los ciudadanos como aliados al momento de gobernar y no solamente como potenciales consumidores a la hora de votar. Así que en está época de Adviento vayamos preparando nuestra carta a Santa Claus, pidiéndole que nos traiga candidatos que no prometan de manera obscena y arbitraria todo, como si prometer no empobreciera, porque sí empobrece y daña a una sociedad de por sí ya convaleciente, que hagan promesas que sean viables en lo legal, en lo financiero y en lo social; que de concretarse en realidades, no dejen problemas legales o hereden crisis económicas y/o sociales. Y si Santa no lo logra, habrá que pedírselo a los Reyes Magos.