-¿Por qué no pensé en venir antes?, se dijo Iván.
Fueron cuatro viernes de ir a hacer antesala sin que el titular del sindicato lo recibiera; no estaba, no había dejado mensaje, su número lo habían clonado y no tenían autorizado darlo, etc.
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Vendió su coche, dejó al límite los préstamos de su tarjeta. Nunca se quejó de su situación con alguien.
-Un secreto en uno está mejor guardado-, se decía y continuaba.
-Yo creo que esto ya se pudrió, ya no iré más al sindicato.
Varias visitas al parlamento, lo recibían, charlaban, reían y todo quedaba en un veremos.
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