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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El ejército en la revolución venezolana (XI)

Hugo Chávez con una fracción del ejército encabezó una rebelión para capturar al presidente Pérez

Rafael Alfaro Izarraraz

Periodista por la UNAM, maestro por la UAEM y doctor en Ciencias por el Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Es profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UATx y Coeditor de la revista científica Symbolum de la Facultad de Trabajo Social, Sociología y Psicología.

Jueves, Diciembre 29, 2022

En Venezuela ocurre un suceso inédito que no había presentado en Latinoamérica y el Caribe y puso los pelos de punta a los políticos en Washington (aparte del interés por no perder el control sobre el petróleo) y que, por supuesto, no desean que se repita. Lo anterior, por otro lado, explica la reacción brutal, injerencista y de acoso cotidiano a esta revolución bolivariana como la bautizó Hugo Chávez, ¿qué sucedió? Inicialmente una fracción pequeña, pero significativa del ejército, en un contexto de crisis de legitimidad del sistema dominado por partidos tradicionales como el AD y Copei, se alza contra el gobierno neoliberal de Carlos Andrés Pérez, durante su segundo mandato, el 4 de febrero de 1992. Esto sucedió casi tres años después del caracazo y la represión del 27 de febrero  al  3 de marzo de 1989.

En la historia reciente nunca había ocurrido en Latinoamérica o el Caribe. El ejército había sido un instrumento usado por las élites en el manejo y control de las sociedades latinoamericanas y del Caribe. En Latinoamérica y el Caribe el concepto de Nación y la defensa de la misma tiene connotaciones diferentes al europeo y estadounidense. Durante la posguerra los ejércitos fueron utilizados para la defensa de las élites locales que deseaban protegerse del comunismo. Al interior del ejército la ideología anticomunista tuvo un peso significativo y se orientó en contra del bloque soviético. Una vez que el comunismo se ha alejado del escenario internacional (por supuesto que no falta quien desee asustar con el petate del muerto) los ejércitos latinoamericanos y del Caribe se han desideologizado aunque ahora están en alerta contra a los grupos criminales, aunque esto es algo distinto al pasado.

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Los ejércitos latinoamericanos y del Caribe, en general, nutren sus filas del pueblo. El impacto que tiene en la tropa el llamado a reprimir, con una carga ideológica bastante pesada, a comunistas, como ocurría hace unas décadas, es distinto a que un soldado reciba órdenes para acudir a reprimir al pueblo, a sus iguales, a la población de los que ellos provienen. Simbólicamente (desde el poder) una cosa es reprimir a “comunistas” que hacerlo contra un hermano porque el que protesta es quizá una experiencia ya vivida por los integrantes de la tropa. De ahí que para mantener al ejército en “calentamiento permanente” (entre otros propósitos), se construyó y alentó al crimen organizado desde los mismos centros de poder estadounidense y europeo, ahí está el ejemplo del “Rápido y furioso” en el que desde Estados Unidos se le entregaron armas a los grupos criminales mexicanos.

Aparte de mantener la necesidad de un ejército que esté siempre en “calentamiento” permanente para que no pierda el pulso a través del combate al crimen organizado y endurecer su estado de ánimo, también es verdad que comparado el ejército de hoy con el de la posguerra se observa un cambio sustancial en las fuerzas armadas debido a la caída del Muro de Berlín y el Nuevo Orden Mundial en donde la hegemonía estadounidense ya no es la misma. En todo Latinoamérica y el Caribe así se educó al ejército bajo la doctrina anticomunista de Estados Unidos. Lo ocurrido en Venezuela es un quiebre de esa política. No estoy aseverando que las características del ejército hayan cambiado con respecto al hecho de que concentra el uso “legítimo” de la violencia, que es otro tema. Lo que digo es que en Venezuela se escribió una historia distinta que puede repetirse en otras naciones.

El 4 de febrero de 1992, Hugo Chávez, al frente de una fracción del ejército encabezó una rebelión con el fin de capturar al entonces presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, quien había tomado posesión en 1988, quien llegó a Venezuela de una reunión de Davos, Suiza, en donde se citan cada año las élites económicas y políticas del mundo. El contexto en que esto ocurre está asociado con los compromisos de Pérez con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de aplicar políticas neoliberales que, como ya expusimos en la anterior entrega, fue parte de la “tratamiento” aplicado en todo el mundo en contra de los derechos y las conquistas sociales ganadas por los pueblos incluido el venezolano. Con la imposición de las políticas de austeridad, la pobreza pasó del 36 por ciento al 66 en tan solo una década, de mediados de los ochenta a la mitad de la década de los noventa. Asimismo, la pobreza extrema pasó del 11 al 36 por ciento en Venezuela (ver: Azzellini: La revolución bolivariana: “O inventamos o éramos”. Llaves para leer el proceso de transformación social venezolana, Bajo el volcán, núm. 12).

Este mismo autor señala que el hecho de que los mandos medios del ejército hayan participado en la represión durante el “caracazo” incrementó el sentimiento al interior de esa institución, de los soldados afines a Chávez (quien había formado el Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR200), de que era necesario poner fin al gobierno de Carlos Andrés Pérez. No partió de la nada. El MBR-200 surge en el año de 1982 al interior del ejército, año en el que 200 años atrás nació Simón Bolívar, una de las figuras latinoamericanas emblemáticas y que formará parte de la narrativa del gobierno que encabezará posteriormente Hugo Chávez. A la figura de Bolívar se une la de Simón Rodríguez (1769-1854), filósofo y maestro de Bolívar, así como la de Ezequiel Zamora (1817-1860), que pertenece a la fase ya de la independencia venezolana, promotor de una sociedad justa y libre, a quien Chávez destaca en sus discursos (ver texto de Azzellini que citamos y algunas biografías de Hugo Chávez y Bolívar)…

Sobre el surgimiento del MBR-200, Azzellini le acredita parte de su aparición a la estrategia de grupos de la izquierda que revisaron su participación en la guerrilla (la estrategia foquista), y que se propusieron incidir en el ejército con el fin de promover un levantamiento cívico-militar. También, por otro lado, hemos referido que en parte se debe a cambios ocurridos al interior de la formación del ejército al que algunas reformas de sus sistemas educativos que incorporaron la lectura de filósofos e historiadores (ver entrevista de Harnecker a Chávez). Lo que aquí interesa, es que la coordinación con agrupaciones de izquierda del MBR-200, durante el levantamiento, fue insuficiente, aunque despierta amplias simpatías entre los segmentos de la población que durante décadas les habían hecho creer que tuvieran paciencia porque una parte de la renta petrolera les iba a llegar, mejorando sus condiciones de vida. El intento de Chávez fracasó y al siguiente día ordenó a las unidades militares que se rindieran. El Teniente-Coronel fue detenido y expulsado del ejército, así como loa mayoría de los que participaron en ese experimento de tomar el poder.  

En diferentes textos que hemos consultado sobre la intentona de una fracción del ejército venezolano de detener al presidente Pérez, coinciden en que este suceso, ante la crisis de legitimidad de un modelo que había surgido del Pacto de Punto Fijo, en 1958, catapultó al Teniente-Coronel del ejército a la popularidad pues estaba muy fresca en las representaciones sociales la brutal represión de tres años antes. Ante la televisión, Chávez expresó que se hacía responsable de lo ocurrido y que, no obstante el fracaso, consideraba que “el objetivo que en ese momento se habían propuesto no se había cumplido”.

Continuará…

Bibliografía consultada:  Azzellini: La revolución bolivariana: “O inventamos o éramos”. Llaves para leer el proceso de transformación social venezolana, Bajo el volcán, núm. 12; Medeiros Arce, A., (2012). Historia e ideología bajo Hugo Chávez. Diálogos Revista Electrónica de Historia, 13(2),141-159. José Ignacio Ponce López, ¿una revolución pacífica y armada? Cambio, conflicto, violencia social y política durante la revolución bolivariana de Venezuela, 1989-2006, Estudios políticos, núm.46). Silva Mendes, F. D., (2010). El Movimiento Bolivariano en Venezuela: ¿de vuelta al populismo? Iconos. Revista de Ciencias Sociales(38).

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