Ya se acerca el 25 de noviembre y como cada año recordamos un lamentable episodio que marcó la historia y dio paso al Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
A pesar de que fue en 1999 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció la conmemoración, en Latinoamérica se rememora desde el año 1981 en honor a Minerva, Patria y María Teresa, tres hermanas dominicanas conocidas como "Las Mariposas", opositoras del dictador Rafael Trujillo, el cual las mandó a asesinar un 25 de noviembre de 1960.
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Han transcurrido 62 años y lamentablemente siguen siendo muchas las mujeres que sufren algún tipo de violencia hasta llegar al feminicidio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y ONU Mujeres señalan que un tercio de las mujeres del planeta son víctimas de violencia física o sexual, generalmente desde muy jóvenes.
Según estas agencias de las Naciones Unidas, 736 millones de mujeres han sufrido violencia a manos de una pareja y una de cada cuatro jóvenes de entre 15 y 24 años que ha tenido alguna relación íntima lo habrá padecido al llegar a los 25.
Sin embargo, la violencia contra las mujeres trasciende lo físico. Basta ver lo que sucede en estos momentos en Medio Oriente, donde se desarrolla el Mundial de Futbol en Qatar, donde claramente las mujeres no pueden ejercer sus derechos con plenitud. Por ejemplo, en Irán hasta este 2022 se les permitió a las mujeres asistir a un partido de futbol soccer en ese territorio.
En México, la discriminación hacia las mujeres es estructural. Este 51.2% de la población mexicana (INEGI 2020) históricamente ha sido víctima de exclusión en diversos ámbitos como la escuela, el trabajo, en su propio hogar, en las calles, en la política, en los medios, en la academia y en las actividades científicas y tecnológicas. En ese sentido, más de la mitad de la población del país es o ha sido discriminada debido a su sexo.
Lo más alarmante es que este fenómeno no ha disminuido en los últimos diez años, por el contrario, en el año 2020 aumentó debido a los confinamientos por la pandemia de COVID-19. El Sistema Nacional de Seguridad Pública registró 326 mil 634 casos de violencia de género entre 2020 y mayo de 2021, mientras transcurría la crisis sanitaria.
Es así que tan solo en 2021, hubo 3 mil 750 asesinatos de mujeres y alrededor de mil de ellos fueron considerados feminicidios. Esto quiere decir que vivimos en un país en el que al menos 10 mujeres son asesinadas al día.
Si de por sí cualquier tipo y modalidad que tenga la violencia contra las mujeres y niñas socava sus derechos fundamentales con múltiples consecuencias físicas, económicas y psicológicas, se puede notar que día a día suele escalar el grado en el que los violentadores tratan de dañar a sus víctimas; un ejemplo de ello son los ataques con ácido.
Para la Organización de Naciones Unidas (ONU) los ataques con ácido son una forma de violencia premeditada con una altísima carga simbólica que pretende desfigurar, mutilar y cegar deliberadamente a sus víctimas.
De acuerdo con la Fundación Carmen Sánchez, la primera asociación civil en nuestro país creada en 2021 para prevenir, atender, erradicar, investigar y sancionar este tipo de violencia, son un tipo específico de violencia feminicida que debe entenderse como parte del continuum de violencias machistas que las mujeres experimentaron a lo largo de su vida y en todos los contextos de interacción social.
En México no existen cifras oficiales del número de ataques de este tipo hacia mujeres; sin embargo, la Fundación Carmen Sánchez lleva un conteo de 28 víctimas en las últimas dos décadas, de las cuales solo 22 han logrado sobrevivir.
En la mayoría de los casos, las víctimas tenían entre 20 y 30 años de edad y en el 90%, el ataque fue dirigido al rostro.
Estas cifras llaman la atención, ya que la lucha para erradicar la violencia contra las mujeres parece no disminuir, al contrario, prevalecen actos perpetrados contra las mujeres de todas las edades, en todas las condiciones sociales, económicas y educativas.
Si bien con el tiempo, las hermanas Mirabal se han convertido en leyenda al recordar su historia cada año, hoy nos toca a nosotros continuar en el camino de la educación y sensibilización de una nueva cultura libre de violencia y de mayores oportunidades para las mujeres.
En este sentido, es que el 25 de cada mes se denominan “Día Naranja”, una fecha en la que nos unimos al llamado de ONU Mujeres para levantar la voz contra la violencia de género; sin embargo, estamos conscientes de que no es suficiente un solo día para terminar con conductas violentas arraigadas durante décadas en nuestra sociedad.
El reto de combatir la violencia, discriminación y desigualdades que enfrentan las mujeres en México es mayúsculo, por ello debemos sumar esfuerzos todos los días y a todas horas para lograr que todas las mujeres puedan acceder a una vida libre de violencia.
Es primordial fomentar un cambio cultural que favorezca el respeto general hacia las mujeres y sus derechos, empezando desde la educación familiar y desde luego es necesario seguir fortaleciendo a las instituciones que previenen la violencia contra las mujeres.
Hoy, en memoria de las hermanas Mirabal, de cientos de activistas que han luchado por erradicar la violencia contra la mujer y de las víctimas de violencia de género, levantemos la voz a favor de esta causa, pero sobre todo materialicemos el ejercicio de sus derechos desde cualquier trinchera que nos permita construir juntos una sociedad incluyente y pacífica.