El 2 de noviembre se contempla como el Día Internacional para poner fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas”. La comunidad internacional, consciente de las graves consecuencias de la impunidad, especialmente por lo que respecta a los crímenes contra periodistas, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó en el año 2013, la resolución que insta a los estados miembros a implementar medidas firmes para luchar contra la actual tendencia a la impunidad, pues según datos de la ONU, en los últimos 14 años han sido asesinados 1.200 periodistas, sin incluir aquellos que han sido torturados, desaparecidos, detenidos arbitrariamente, intimidados y acosados, aunado a que las mujeres periodistas además de lo anterior tienen mayor riesgo a sufrir agresiones sexuales; todos estos crímenes en un 90 por ciento quedan impunes a nivel mundial.
Estos crímenes son gravísimos pues motiva que las personas no se enteren de lo que realmente sucede en su entorno, lesionando incluso el derecho al diálogo, la paz y el buen gobierno. Las noticias que son silenciadas por estos delitos son precisamente las noticias que la gente necesita escuchar y si los responsables y sus acciones son impunes, lo único que provocan es que se envalentonen aún más a los políticos y criminales y ejerzan una mayor violencia con tal de encubrir su corrupción, violaciones a derechos humanos y otros siniestros, hechos que deberíamos erradicar y en realidad sólo se están invisibilizando.
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A nivel mundial en los últimos once años hasta el 2021, cerca de 930 periodistas han sido asesinados por informar y brindar información al público. En promedio, esta cifra constituye una muerte cada cuatro días. En nueve de cada diez casos, los asesinos quedan impunes. La impunidad conduce a más asesinatos y, a menudo, es un síntoma de un empeoramiento del conflicto y del quebrantamiento de la ley y de los sistemas judiciales.
Entre 2000 y 2022 (22 años) han asesinado a 154 comunicadores, 144 hombres y 12 mujeres. En el primer semestre de 2021 se registraron más de 362 agresiones contra periodistas en México (un promedio de 12 cada hora). En lo que va de 2022 se ha registrado una agresión contra periodistas cada 14 horas. 88 mujeres fueron agredidas y 219 hombres, 22 medios de comunicación, 2 identificados como prensa nacional y seis radios comunitarias incluyendo a 13 periodistas indígenas. 112 directores generales los que fueron amenazados de alguna manera, 81 reporteros, 38 freelancer, 17 corresponsales y 13 locutores. México ocupa el sexto lugar del Índice Global de Impunidad del Banco Mundial. Vivimos en el país más peligroso para ejercer el periodismo. Siendo el Estado mexicano el principal agresor, le siguen los funcionarios públicos, las fuerzas de seguridad, los partidos políticos, las fuerzas armadas, el crimen organizado y particulares. En ese orden y en cuanto las coberturas que más pusieron en riesgo a los periodistas fueron las de corrupción y política, después las de seguridad y justicia, derechos humanos, protesta y movimientos sociales, tierra, así como territorio y por último el sector privado.
Puebla, tercer lugar nacional con más agresiones a la prensa en 2021, con un total de 46 casos documentados. La entidad poblana se posicionó sólo por debajo de la Ciudad de México, la mayoría de estos ataques fueron realizados por autoridades municipales, pues de los 46 ataques, 20 fueron de su parte. Este año 2022 Puebla registró 16 agresiones a periodistas entre enero y junio.
En el momento que estoy escribiendo esta columna, estoy enterándome del asesinato de Fernando Urbano Castillo Pacheco, quien era un conocido abogado, pero también columnista por lo que se tiene que agregar este asesinato como una agresión más para aquellas personas que ejercen su derecho de libertad de expresión. Si bien es cierto que Fernando y su servidor caminábamos por rutas muy diferentes y antagónicas, él como yo y como cualquier persona tenía su derecho a manifestarse como él quisiera, sin que lo mataran. Esto es consecuencia de la impunidad tan lacerante que vivimos en Puebla, pues ese velo de impunidad anima a los delincuentes a ser incluso arrojados y atrevidos como lo fue para matar a alguien en plena luz del día, en un estacionamiento privado y frente a cientos de personas, porque al final en Puebla la ley sólo se aplica: “para los amigos justicia y gracia y para los enemigos la ley a secas” y en los casos de los periodistas en Puebla ni justicia ni ley a secas.
En México se han conformado equipos multidisciplinarios de apoyo en investigación, como parte de la estrategia de seguridad nacional pública y la política de cero impunidad del Gobierno de México, y por instrucciones del presidente López Obrador, se han constituido este tipo de equipos en casos de alto impacto, siempre en apoyo a las fiscalías de los estados y la Fiscalía General de la República, aseguró Rosa Icela Rodríguez Velázquez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno de México. Explicó que para la atención de los casos que son hechos relevantes, llega personal especializado de la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina, la Guardia Nacional, la Coordinación Nacional de Inteligencia, de la Coordinación Nacional Antisecuestros para realizar los trabajos de judicialización y recopilar las evidencias, trabajando en conjunto con los ministerios públicos, a fin de esclarecer los hechos.
Sin embargo, ninguno de esos esfuerzos rendirá frutos, mientras la impunidad en México tenga números tan escandalosos, pues en nuestro país de cada 100 delitos que se cometen, solo 6.4 se denuncian; de cada 100 delitos que se denuncian, solo 14 se resuelven. Esto quiere decir que la probabilidad de que un delito cometido sea resuelto es tan solo de 0.9 por ciento, pero como no va a suceder esto si a 4 jueces les toca atender las necesidades de justicia de 100,000 habitantes o que son 10 fiscales locales y 2 federales para investigar delitos, integrar carpetas de investigación y representar a las víctimas en los juicios de 100,000 habitantes. A todo esto, sumémosle que la prisión preventiva es el arma que encarcela a los más pobres de México y mantiene en libertad al que tiene.
Insisto, frente a la impunidad que vivimos en México necesitamos actuar de manera preventiva y local, es decir, necesitamos inhibir los crímenes contra periodistas cercando a los agresores y fortaleciendo los valores, el respeto y la dignidad como una semilla que crezca dentro de todas las personas, para que como comunidad busquemos fortalecernos frente a las agrupaciones criminales, y esto lo tenemos que hacer desde la base, desde lo local, desde la fortaleza que necesitamos construir en el barrio, la manzana, construyendo valores en la familia, en el grupo de amigos etc.
Urge caminar en la ruta de vernos como los constructores y protagonistas de la paz en nuestro entorno y no seguir dejándoselo a la autoridad, al policía, al alborotador de la colonia, o al merolico que habla en la radio o escribe en los periódicos. Todos si fuéramos protagonistas de la construcción de paz lograríamos tal vez romper con este círculo de violencia que tanto nos está lastimado a todas y todos.
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