-¿Nos robaron?
-¿Perdimos?
-¿Ellos ganaron?
-¿En realidad quién compitió?
-¿Para qué nos enseñan en la escuela el tema de la ética si nadie lo va a cumplir?
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Todo el salón quedó en silencio.
La tristeza del profesor era más que inminente; no sabía cómo responder ante las palabras de su alumna.
El ánimo de apoyarlos, de decir que las cosas van a cambiar, se quebró esa tarde, cuando en el concurso de oratoria ganó la hija del ministro.
-Pero, yo no ordené que ella ganara, sólo pasé a ver declamar a mi hija- dijo eufórico ante los medios de comunicación.
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