Furia de la naturaleza: prevención y adaptación

Martes, Septiembre 7, 2021 - 06:41

Estamos llegando al punto en que no habrá espacio seguro para librarnos de la furia de la naturaleza

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Las imágenes que llegan desde Nueva York no tienen precedente. Grandes cascadas y torrentes de agua entrando al icónico Metro de la Gran Manzana, destruyendo todo a su paso. Solo que esta vez no se trata de una película. Es la cruda realidad de las inundaciones en calles y departamentos de zonas muy conocidas de Manhattan y Brooklyn, ocasionadas por lluvias récord que dejó a su paso el huracán Ida.

Inundaciones que han sido calificadas como “brutales” y que han obligado a las autoridades locales a declarar Nueva York en estado de emergencia, lo mismo que a los estados de Luisiana y Mississippi. El presidente Joe Biden comparó al huracán Ida con Katrina, para dimensionar la situación de emergencia que se vive en los estados afectados. Se tuvieron que cancelar los vuelos y los servicios ferroviarios están suspendidos. La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, dijo que, a pesar de las medidas preventivas, la situación “es terrible” y que “la madre naturaleza estaba muy enfadada”.

Y es que no es para menos, los efectos de la actividad humana sobre el clima y la alteración de los equilibrios ecológicos han obligado a la naturaleza a “defenderse”. Primero fueron las imágenes de los glaciares derritiéndose y los osos polares muriendo. Hoy son imágenes más próximas a nosotros: inundaciones devastadoras en Alemania, incendios forestales en Grecia y Turquía, grandes terremotos, como el de Haití. Esas son las imágenes del enojo e inconformidad de la naturaleza. Imágenes trágicas como las que estamos viendo de la costa Este de Estados Unidos ya las habíamos visto hace semanas en Canadá, Europa, Asia, América Latina. Y seguramente cada vez las veremos con más frecuencia y en los lugares menos imaginados.

Sin ir más lejos, aquí en México hace unos días, nos golpearon simultáneamente los huracanes Grace y Nora, afectando grandes extensiones de territorio y dejando a su paso una devastación severa en infraestructura que difícilmente se podrá reconstruir antes de que lleguemos de nuevo a la temporada de huracanes del próximo año.

Igualmente, inusual fue lo ocurrido en San Luis Potosí hace unos días, en una zona considerada como “carente de actividad sísmica”, en la que durante ¡tres días consecutivos! se sintieron movimientos telúricos totalmente atípicos, el mayor de ellos con una intensidad de 4.5 grados en la escala de Richter. Si bien se trata de movimientos leves, es muy significativo que “nunca” antes se había dado un fenómeno como éste, en esa zona.

La lección es clara: estamos llegando al punto en el que no habrá espacio seguro en el que podamos librarnos de la furia de la naturaleza, que cada vez nos golpeará con más fuerza. La pregunta obvia es ¿qué hacer ante el embate de la naturaleza, mientras logramos estabilizar la temperatura promedio del planeta, suponiendo que estamos haciendo lo suficiente para que esto ocurra?

Ya sabemos que, cuando hablamos de desastres naturales provocados por el cambio climático, la palabra clave es “prevención” y todo lo relativo a protección civil y gestión de riesgos. Según los expertos, “si el mensaje concluyente de la ciencia en cuanto al cambio climático es que los eventos extremos aumentarán sin precedentes tanto en su magnitud, frecuencia, ubicación o momento del año, la atención obligadamente debe estar en el tema de la gestión y prevención de riesgos” (Ana Cecilia Conde). (https://bit.ly/3zTHqiP).

No obstante, de acuerdo con la experta Julia Carabias, también debemos considerar con mucha mayor seriedad las acciones que debemos realizar para reducir la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos frente al cambio climático. “Para adaptarnos, tenemos que prepararnos… Estamos hablando de que, si hay sitios muy propensos a la inundación, pues tienen que estar las casas adaptadas a niveles más altos. Si estamos hablando de puentes o de presas, pues hay que reforzar. Es una inversión también en adaptación”. Lo mismo si hablamos de resiliencia. Ser resilientes no solo se refiere a nuestra capacidad para reponernos de una desgracia, sino a nuestra habilidad para adaptarnos a situaciones adversas que, en el caso del calentamiento global, tiene que ver con estar mejor preparados para futuras catástrofes. El Acuerdo de París pone especial énfasis en fortalecer nuestra capacidad de adaptación, fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad frente al cambio climático.

Septiembre es un mes icónico de fiestas patrias y celebraciones. Pero también es un mes que nos recuerda las grandes tragedias y desastres naturales que hemos padecido. Septiembre también ha sido un mes en que la naturaleza expresa su furia con vehemencia. Deberíamos aprovechar este simbolismo para convertirlo en el mes de la prevención, la adaptación y la resiliencia, tanto en Puebla, como en el resto del país.