División: gobernar a través del odio

Martes, Septiembre 7, 2021 - 06:11

Sólo alguien que no quiere a su país puede aspirar a dividirlo y gobernar a través del odio

Licenciado en Derecho UNAM, Maestría en Derecho Universidad de Harvard, Diplomado en Mercadotecnia Política ITAM. Primer mexicano en “Bradshaw Seminar”. Presidente PCN Consultores, empresa con más de 89 campañas electorales, dos presidenciales

A menudo, los daños que cometen los hombres de poder a sus pueblos son duraderos.

Unos son tangibles: el holocausto, la hambruna asesina en Ucrania y China, Tlatelolco.

En otras, sin embargo, son intangibles: no se ven. No se tasan. No se registran en los bancos ni en las cuentas presupuestales.

Pero ahí están: carcomiendo por años. Socavando. Debilitando.

El legado más duradero y triste de Donald Trump será la división, por muchos años, de la sociedad estadounidense.

Trump no inventó ni el racismo, ni el extremismo. Hizo algo quizá peor: lo despertó y lo inflamó.

El racismo a Estados Unidos le costó una Guerra Civil (la más sangrienta de todas sus guerras), y más de un siglo de políticas sensatas y políticos de altura para doblar el espectro de Dred Scott, del Ku Klux Klan, de Selma, del fanatismo y el odio.

Pero eso, como un virus, dormía dentro del cuerpo social: esperando que alguien lo exacerbara.

Trump lo usó para ganar una elección y, luego, como modelo de gobierno. Nunca le importó gobernar para todos: sólo lo hizo para su base. Le tocó la fortuna -para él, no para su país- de nominar a dos ministros de la Suprema Corte de Justicia, con lo que se quedó con una mayoría conservadora.

La minoría radical se envalentonó y ahora desafía décadas de avances políticos, democráticos y sociales.

Van contra los programas sociales, contra los derechos de voto de las minorías, contra los migrantes, contra los derechos de género, contra el cambio climático, contra el uso de vacunas y cubrebocas.

Estados Unidos es un país dividido en todo. La minoría blanca se enfrenta con encono a la otra mitad.

La palabra del poder es importante: su mensaje, su mesura, su templanza.

Las cicatrices se vuelven heridas otra vez. El sistema óseo de la concordia se fractura.

Sólo un irresponsable puede pretender gobernar a través del odio. Sólo alguien que no quiere a su país puede aspirar a dividirlo.

Trump se fue. Su legado queda.

Y lo hará por muchos años más: de sufrimiento, de locura.

De dolor.

@fvazquezrig