La tormenta que se viene

Lunes, Abril 19, 2021 - 18:26

López Obrador pierde legitimidad. A los políticos hay que valorarlos por sus resultados

Trabaja en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV). Dr. en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros.

La situación política en México es grave. La tormenta todavía no ha llegado del todo, pero por sus visos la pretensión del régimen lopezobradorista es un regreso al autoritarismo centralista, demagógico, populista y, también, corrupto y corruptor. El viejo PRI del nacionalismo revolucionario ha vuelto a re-editarse, ahora desde el Palacio Nacional. Al decir de Signos vitales (https://cutt.ly/ivEqLfj) es ahí ahora la sede de la política del discurso fuera de la verdad; 80 mentiras o medias verdades inundan diariamente la propaganda matutina.

El discurso importa, pero son más relevantes los resultados; éstos hasta ahora son, entre otros: 1) Inseguridad creciente; 2) Economía devastada, sin horizonte ni plan; 3) Pandemia incontenible y con vacunación a medio vapor; y 4) Dos leyes que aprobó el Senado la semana pasada que atentan contra el espíritu de la Constitución. Sobre esto último, no está por demás señalar de qué se trata: a) Prolongar dos años más el periodo del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; b) Aprobación de la reforma de la Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión, que exigirá a los usuarios de teléfonos celulares a otorgar sus datos biométricos a la compañía telefónica que le preste el servicio.

Tenemos un presidente que en vez de respetar y hacer que se respete la Constitución y las leyes, tiene y quiere conservar, con las elecciones del próximo 6 de junio, una mayoría calificada que le permita modificar a su antojo la Carta magna. Su principio no es someterse a la ley, como lo prometió al asumir el cargo, sino servirse de ella para lograr sus objetivos de control. El pretexto que usa es que más allá de la misma Constitución se encuentra el pueblo y si éste quiere cambiarla, puede y debe hacerlo. El asunto es que como el pueblo es él mismo, porque el pueblo real ya vimos que le interesa poco (331 mil muertos por la pandemia, cerca de 70 mil asesinatos en lo que va del gobierno, más niños con cáncer sin atención debida), no existe otra justificación que su sola voluntad. Una voluntad que se impone a la vida de 126 millones de mexicanos.

Si a lo anterior añadimos el apoyo a su compadre Félix Salgado Macedonio como candidato del MORENA, su partido, al gobierno de Guerrero, el circuito de arbitrariedad se completa. Por un lado, porque hizo caso omiso a las acusaciones de abuso sexual que formularon varias mujeres contra el aspirante a la candidatura morenista. El presidente, en vez de instar a las autoridades competentes a investigar el asunto, descalificó a las víctimas y siguió adelante en su apoyo al senador morenista con licencia. Por otro lado, porque enderezó sus dardos contra el INE como árbitro de la contienda electoral. Lo llamó el supremo poder conservador que le quiere quitar al pueblo guerrerense su prerrogativa de elegir a quien quiera como gobernante.

Los principios de independencia, certeza, objetividad, imparcialidad, legalidad y máxima publicidad ni siquiera fueron aludidos. No; aquí la legitimidad es la “verdadera democracia” que emana del “pueblo”. Como López Obrador cree que él es el pueblo (no se ha dado cuenta que la legitimidad también se pierde cuando las decisiones gubernamentales atentan contra el pueblo, o contra algunos sectores de éste, como el abandono de los niños con cáncer y de sus padres, o el de los pequeños empresarios que pidieron ayuda y les respondió negativamente y luego los ignoró olímpicamente). Hablar a nombre del pueblo es un razonamiento simplista e incompleto cuando no se respetan sus instituciones. Además el INE no está al margen del pueblo. De hecho goza de una credibilidad también amplia. No es la institución perfecta, pero bajo su organización, supervisión y ejecución se han hecho elecciones pacíficas que han permitido el acceso al poder público de los diversos partidos políticos.

No sólo el INE, sino el régimen de partidos y la democracia misma se encuentran en riesgo de ser desmantelados. Varios amigos y conocidos critican a la oposición, o a lo que de ella queda, señalando que está obsesionada con un discurso anti-AMLO y sin propuestas, lejos de la gente y de sus necesidades. Todavía más: lejos de sus propios simpatizantes a quienes no escucha pero sí utiliza para las campañas electorales.

No les falta razón en muchos casos a esos amigos. Empero, si comparamos perfiles entre los candidatos o aspirantes a candidatos, que es lo mínimo que como electores debemos hacer, por supuesto que encontramos diferencias no menores entre las candidaturas oficialistas y las de la oposición. Pensemos, por poner un ejemplo, en el caso de Puebla capital, que acaba de cumplir 490 años. Los perfiles de los probables contendientes por el gobierno municipal contrastan notablemente. Si comparamos el perfil de la presidenta municipal con licencia y el de su antecesor en el cargo de 2011 a 2014, hay un mundo de distancia. Los resultados de la presidenta municipal con licencia hasta este momento son tan nimios que sobran dedos de una sola la mano para enunciarlos. Su adversario, en cambio, cuando fue presidente municipal, no sólo en cuanto a programas municipales, sino en obras para la posteridad como las mil calles que certificó, entregó mejores resultados. A los políticos hay que valorarlos así: o dan resultados o que se vayan por donde vinieron.


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