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OPINIÓN

El ayer y el ahora. Pablo Latapí Sarre

Justicia social y educación. Se ha propuesto mucho pero se ha realizado poco. Los grandes retos.

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Sábado, Septiembre 2, 2017

“Construir esperanza invocando nuestras utopías,

 trabajando tenazmente para realizarlas hasta

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el último día de nuestra vida”

Pablo Latapí Sarre

 

Este jueves y viernes se llevó a cabo la “Cátedra Pablo Latapí Sarre”,  con la participación de diversos investigadores y especialistas en educación en la Universidad Iberoamericana, Puebla.

La cátedra se realizó en un seminario sobre  Educación Popular y Educación para Adultos “Tendencias Actuales de la Educación de Adultos al nivel Global y Regional” con dos cuestionamientos básicos principales: ¿Progresan los países de América Latina? ¿Qué aporte pueden hacer a la agenda 2030 de desarrollo educativo?

Muchos de los acuerdos y tratados internacionales a través de los cuales se monitorean los avances, problemas y debilidades de los programas que existen en los países de la región,  conservan aún  las ideas pioneras de Latapí.

A través de un debate informado y un diálogo interactivo se realizaron las sesiones del seminario. La evidencia es clara, un número importante de países  siguen arrastrando déficits educativos, especialmente en lo relacionado con la educación de adultos,  que se ubican actualmente en un nivel marginal  dentro de  las prioridades políticas de las autoridades educativas en los países en Latinoamérica.

Lo anterior está  afectado por diversos factores mencionados por Marcela Gajardo en   su presentación sobre el   “Panorama Educativo de América Latina 2030”: Los países se agrupan dentro del grupo denominado de ingresos medios y medios bajos; es una región heterogénea y desigual y con profundos desbalances en la distribución de los ingresos; la pobreza disminuye de manera muy lenta; existe  alta proporción de población en zonas rurales y concentración de población indígena entre algunas de sus  principales causas, es decir, sigue existiendo  un gran vacío en disminuir las brechas entre países y hacia adentro de ellos.

Ante estos datos, recordé el concepto mencionado de manera reiterada  por Latapí: La “justicia social”: “Tenemos que ayudar a vivir en la verdadera justicia social, pues una sociedad de desiguales,  no es una sociedad justa”. El escribía que si la educación se utiliza para seguir  promoviendo  los privilegio de unas cuantas  personas y no para participar activa y críticamente  en la construcción de ciudadanía, entonces no se está  logrando la justicia social.

El primer artículo publicado de Pablo Latapí en el diario Excélsior  publicado el 8 de enero de 1964, abordó el tema de la  “justicia social”. Escribió  que  no puede ser resultado de factores cuantitativos como la ampliación de la cobertura, más niños, adolescentes y jóvenes  inscritos o adultos alfabetizados o certificados por ejemplo,  dejando de lado lo que la educación puede instaurar y promover. Insistía en poner atención en los contenidos, si se basan  en una filosofía que fundamente un orden, si se fomentan relaciones de convivencia, si sirven para transformar mentalidades, si se fomentan  actitudes y se forman  conciencias  para servir a los demás.

Es un hecho que las enormes desigualdades que se siguen presentando en la sociedad se siguen  reproduciendo  en el sistema educativo,  lo que indica la  inexistencia de un orden social justo porque en  muchos de los casos, se siguen reproduciendo los círculos de la pobreza:  niños, jóvenes y adultos  pobres en contextos pobres, en escuelas pobres y con maestros/instructores  pobres ( sin apoyos, materiales, ni  motivaciones, malos salarios, profesores con ninguna o poca experiencia, sin contratos laborales, desarraigados de  sus comunidades, sin seguimiento o monitoreo y sin acompañamiento académico ).

Desde las enseñanzas de Latapí hasta ahora, siguen prevaleciendo muchas de las condiciones estructurales de nuestro sistema educativo, mucho se ha propuesto pero  poco se ha hecho. En la cátedra se discutió el hecho de que  no se toman  en cuenta las recomendaciones fundamentadas en investigación educativa por ejemplo y se construyen y diseñan políticas por intereses personales o de grupo, con lo que  se desperdician  un mantón de recursos, aunado a decisiones gubernamentales que promueven  la simulación por el  uso político que se les da, la realidad es que los resultados son magros especialmente para  la población pobre y vulnerable.

¿Han cambiado los actores, las políticas, los maestros, las realidades?  Sin duda, todo cambia en mayor o menor grado  porque la dinámica social es compleja y vertiginosa, pero hay que tener la capacidad de adaptarse porque  es un proceso, además hay que agregar otros factores como los cambios culturales, el currículum, la gestión, la problemática magisterial etc. Lo que es cierto es que para lograr la justicia social,  la educación no puede sola, hay que vincularse  con otros sectores sociales, no podemos resolver la situación del país solamente  los maestros y la educación.

Los participantes en esta cátedra  terminamos  destacando los desafíos y posibilidades para seguir construyendo trabajo interdisciplinario de manera colectiva.  También que la crítica independiente fundamentada es indispensable como contrapeso al poder del Estado. Latapí recomendaba: “denuncia, presiona, alerta, aporta diagnósticos divergentes, presenta propuestas alternativas, fortalece demandas sociales, en una palabra, construye al sujeto de interlocución ciudadana”

Concluyo que como se planteó en el seminario, hay que mirar hacia abajo  lo micro social sin perder de vista lo macro social, para ir aportando en la transformación  de los procesos educativos. Pienso además que  vale la pena   seguir persiguiendo y trabajando  la utopía de  la “justicia social” construyendo esperanza como Latapí destacaba,  ese es el reto y la oportunidad.  ¡Gracias por siempre, don Pablo! 

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