Vivimos en una tensión permanente. Motivos sobran. Nadie esta conforme con nadie, nada nos gusta y si existe algo “bueno” queremos acabar con ello. Nadie lo niega, yo no lo niego, pero apostar por dinamitar a las instituciones, no es el camino para que las cosas se “arreglen”.
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No comparto en lo absoluto, la sobrecarga de emociones encontradas, negativas la mayoría en contra de las instituciones, en especial contra el Instituto Nacional Electoral (INE), porque muchas de esas sentencias kamikazes tienen dedicatoria, pública y privada. En el transcurso de mi experiencia como Consejera Electoral Local, fui parte del antes Instituto Federal Electoral y también del INE, en el transcurso de doce años.
Considero que esta es la segunda crisis inducida del INE, como alguna vez la llamo el ex Consejero General del Instituto Federal Electoral, Francisco Guerrero, es un tema que confronta a quienes participamos en la arena electoral, pero que percibo no pretende sacudir consciencias, sino colocar intereses. Denostar el papel central INE es no querer reconocer nuestro pasado reciente y sufrir amnesia selectiva para desear borrar la experiencia democrática, como es tener elecciones pacíficas.
Algunas y algunos de los personajes que insisten en querer dinamitar lo que ha llevado años construir, fueron en algún momento historia de dichas instituciones, no juzgo si lo hicieron bien o mal, pero fueron parte de ellas, lo que ahora tanto critican en algún momento fue su espacio, y también abonaron a lo que hoy en día sostiene el Estado democrático en el que vivimos.
Decir verdades a medias, sabiendo que son eso, es un discurso propagandístico deshonesto, porque los escenarios cambian, porque el país cambia, porque los y las ciudadanas somos otras, nada más desafortunado que señalar con el dedo índice, apuntando de manera despectiva, queriéndole hacer al súper héroe.
Estamos en un momento de exigencia, de rendición de cuentas, de que lo público es público y punto, que el “viejo estilo” ya no es sostenible, porque el espacio público tiene un nuevo ingrediente que son las redes sociales, de que los agravios a la ciudadanía se cobran en las urnas. Sí vivimos momentos complicados, difíciles, pero querer o pretender que el barco democrático se hunda, no es ni la única ni la mejor salida, y menos por el interés de unos cuantos.
No olvidemos que los Organismo Electorales, trabajamos bajo el principio rector de la legalidad, y que las y los consejeros no legislamos las normas electorales, nosotras (os) tenemos como obligación acatarlas, esa es nuestra responsabilidad y protestamos además cumplirlas. Así que sembrar ideas mal informando a las y los ciudadanos, daña a todas (os).
No esta mal estar enojada (o), tenemos derecho a estarlo las veces que así lo queramos, las veces que lo sienta, nuestro estómago, nuestro cerebro o nuestro ego, pero el querer sorprender a la ciudadanía con información sesgada o a medias, para desprestigiar a una institución, y pretender que los ojos de las y los ciudadanos volteen a vernos o alzar la voz para sentirnos escuchados, es la manera menos inteligente de fortalecer nuestra democracia, es querer manipular a una sociedad que vive hartazgo por la mentira, lo importante es construir sin destruir.
Hoy nuestra sociedad necesita actores congruentes, con pasión, decisión y prudencia, no voces incendiarias que pretendan destruir un camino que si bien, aun tiene temas pendientes, es la base de la democratización, del estado de derecho y la gobernabilidad que hoy se traduce en vivir en paz.
En Twitter @luza1975