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OPINIÓN

La Fortaleza vs impotencia, pusilanimidad y miedo

Como toda virtud, involucra a la razón y a la voluntad. Adquirirla, sólo con ejercitación.

José Alarcón Hernández

Lic. en economía, con mención honorífica. Diputado Local dos veces y diputado federal dos ocasiones. Subsecretario de Educación Superior de la Entidad y Subsecretario de gobernación del Estado. Autor de 8 libros publicados por la Editorial Porrúa. Delegado de la SEP Federal en el Estado. Actualmente Presidente del Colegio de Puebla. A.C.

Lunes, Julio 31, 2017

 

La fortaleza es un arma eficaz
 contra los pusilánimes

 

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En artículos anteriores nos hemos referido a la humildad, la paciencia, la prudencia y la confianza; ahora nos ocuparemos de la fortaleza que también es una cualidad y en grado superlativo una virtud.

Ninguna de estas cualidades o virtudes se venden en el mercado, se compran o se inyectan en los hospitales. No se adquieren con una serie de yerbas o tecitos que a veces se suministran a las personas, incluso a los bebés.

Todas se adquieren a través de la práctica desde muy temprana edad. El ejemplo es el medio para adquirirlas pero siempre a través de la ejercitación vivencial en la familia o entre los grupos o personas.

La fortaleza no se da sola, parte de los valores, de los principios y de la capacidad del que los enseña, los demuestra y de los receptores de esas lecciones.

La fortaleza en principio, tiene que empezar por un hábito deliberado y racional, no se adquiere a la fuerza, ni como castigo.

Hay que tener presente siempre que la fortaleza es una cualidad racional que emerge de la racionalidad, esto es, del raciocinio y de la voluntad.

La fortaleza no se inyecta por vía intramuscular o intravenosa, o a través de pastillas o cápsulas. Se adquiere por el ejemplo, por el consejo, por el ejercicio y por la práctica. Estas formas no se dan de manera individual, necesariamente se tienen que dar en medio de la comunidad partiendo de la familia o de los grupos colectivos.

Para adquirir la fortaleza, es necesaria la voluntad de poder querer adquirirla y por otra parte entender que la voluntad forja el carácter y a través de este se alimenta la fortaleza.

La fortaleza no se sustenta en actos incompatibles o heroicos, se sustenta en el yo puedo, yo soy libre, yo actúo.

La fortaleza es acción con los demás, no se da sola, necesariamente tiene que convencer y vencer, según el caso, males y fracasos, y lograr bondades y ejemplos.

Llegar lejos en este camino de la fortaleza, requiere comenzar de muy cerca con las cosas mínimas, en las cuales la persona se demuestra a sí misma que puede, porque tiene talento y voluntad.

La ociosidad es la madre de todos los vicios y la madrastra de la fortaleza, la madrastra frecuentemente no quiere a sus hijos, por eso es enemiga de la fortaleza.

La otra cara de la moneda considera a la fortaleza como fuente de magnanimidad y de magnificencia. La fortaleza es contraria a la brutalidad, es amiga del alma, es como las buenas enfermeras que cuida a los desvalidos, a los enfermos y a los desheredados.

La fortaleza es una virtud que cruza del tiempo hacia la eternidad.

La temeridad y la cobardía solo se combaten, entre otras virtudes, con la fortaleza. Esta termina finalmente haciendo el bien.

El ejemplo cotidiano de hoy y de la historia es que solo con fortaleza es posible comenzar una obra y trascender lo ordinario o lo común.

La fortaleza lleva en su propia naturaleza, como ADN, un espíritu de superación, de cambio y de transformación. Sólo a través de ella se combate a la terquedad, a la inconstancia y a la dejadez.

Con la fortaleza, la persona resiste males y adversidades.

La fortaleza es un guardián permanente de las demás cualidades y virtudes, es una adversaria permanente del miedo, es una fuente del autodominio.

San Pablo escribió a los Efesios en el capítulo 6, versículos del 10 al 13:

“Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza de su poder. Revestíos de las armas de Dios para poder resistir las asechanzas del Diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. Por eso tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneos firmes.”

La fortaleza obliga a cuidarse de los males que se atraviesan y se incrustan, en la mente y en el corazón.

Mis correos: vivereparvo45@yahoo.com.mx / vivereparvo45@hotmail.com

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