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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La pasión del poder

La fascinación del poder. Los tiempos inmemoriales. Los clásicos y el poder. Maquiavelo. La posmoder

José Alarcón Hernández

Lic. en economía, con mención honorífica. Diputado Local dos veces y diputado federal dos ocasiones. Subsecretario de Educación Superior de la Entidad y Subsecretario de gobernación del Estado. Autor de 8 libros publicados por la Editorial Porrúa. Delegado de la SEP Federal en el Estado. Actualmente Presidente del Colegio de Puebla. A.C.

Lunes, Septiembre 12, 2016

“El hombre ordinario con poder extraordinario

es el principal peligro para la humanidad”

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Erich Fromm

El poder es una característica fundamental de los seres humanos, unos en su carácter de posesionarios y otros en su papel de subordinados.

La sociedad siempre ha estado constituida en torno al poder, desde que el hombre empezó a ser sedentario hasta estos tiempos de la post modernidad en la que dominan las grandes compañías, los monopolios.

Ahora se presenta el fenómeno de la globalización, que no es más que el dominio de unos sobre otros, esto es, de pocos sobre muchos.

El poder es la capacidad que tiene una persona sobre otra u otras, respecto de la consecución de determinados objetivos.

El poder tiene muchas expresiones y varias caras, unas visibles, otras no advertibles.

Frecuentemente alguien controla a otros y estos a su vez a muchos.

El poder se convierte en una clave para entender la experiencia humana.

El poder ha tenido su máxima expresión en la conformación de lo que llamamos el poder público, que no es más que, aunque no se quiera aceptar, el domino de un grupo o unos cuantos sobre la mayoría.

El poder en el tiempo de las tribus se expresaba a través de un jefe, de sus soldados y de sus sacerdotes.

En las sociedades esclavistas el poder residía en una sola persona que era el emperador y un grupo que ayudaba a gobernar, esto es, a mantener el poder.

Hay que recordar la etapa de los doce césares romanos y el senado que también gobernaba.

Ese poder del que hablamos fue constituido para mantener el dominio, el orden, la paz, que se sustentó en la creación de las leyes, que siempre han sido la expresión de la fuerza imperiosa cuyo éxito se consagra en las mismas.

En esta estructura se advierte fácilmente que el poder fascina a todos, aunque por razones distintas.

José Antonio Marina, un autor español, afirma en su teoría y práctica de la dominación que “Maquiavelo supo leer el rostro demoníaco del poder. De la misma manera que su coetáneo Savonarola, creyó leer el rostro salvífico del poder de Dios”.

Shakespiare lo expresó con frase certera: “es bello tener la fuerza de un gigante, pero es horrible emplearla como un gigante”.

En las relaciones entre personas, que hemos llamado relaciones humanas, por supuesto que se dan expresiones del poder.

Este se presenta en las relaciones entre la familia, entre la esposa y el esposo, entre los padres  y los hijos, entre los hermanos, entre los patrones y sus trabajadores, entre éstos y sus compañeros, entre maestros y alumnos, entre los propios alumnos, entre profesionistas que dominan y los que obedecen.

El poder existe entre el clero y sus obispos, entre los propios clérigos, lo mismo que entre los obispos, entre los generales del ejército y las jerarquías superiores, entre éstas y los soldados rasos.

El poder encontró su molde en la ley. Ésta se hace a la medida de la necesidad del mandante, del todo poderoso.

Esta es una breve relación de la existencia del poder, que es muy importante, porque así se sabe quién domina a quien, pero es mejor hurgar en las causas del poder.

Sabedores de que el poder se enmascara de muchas maneras y entra en conflicto a través de los poderosos, con la libertad.

Lord Acton ha dicho que el poder corrompe siempre, por lo que nadie se atreve a reconocer que ansía tenerlo ya que sería reconocer que se está dispuesto a ser corrupto.

Los filósofos clásicos Platón y Aristóteles, como también San Agustín y más recientemente Maquiavelo, o los autores contemporáneos, de alguna manera afirman que los deseos de poder encuentran su causa en la naturaleza del hombre.

El ser humano es imperfecto, lo que lo distingue es el orgullo y la envidia que luego alimentan el poder del que venimos hablando.

No hay que excluir que el poder también encuentra su alimento en la acumulación de riqueza, que finalmente circula como la sangre en el cuerpo humano.

El poder tiene sus causas: orgullo, avaricia, gula, lujuria, pereza, ira y envidia.

El poder frecuentemente trae envenenado al hombre, de aquí la necesidad de la educación de la persona desde la infancia hasta la madurez. Siempre hay necesidad de  una educación continua. Es necesario estar extirpando a lo que clásicamente se han llamado los siete pecados capitales.

El proceso de educación es largo, permanente, continuo, para que los seres humanos puedan convivir.

Aprender a vivir es luchar contra el poder que frecuentemente asfixia la existencia humana.

No se trata de ser moralista, tampoco puritano.

Lo que sí es indispensable es aprender a vivir y para esto es necesario ejercitarse en las normas no escritas que derivan de la conciencia humana, en las disposiciones del buen trato y por supuesto en las normas legales.

No se puede aprender a vivir si no se vive, si no se está en relación con los demás en la comunidad.

Estas normas requieren de tolerancia y solidaridad, comprensión y apoyo, para construir todos los días una sociedad amigable donde el poder no sea el que domine, que luego envenena.

Mis correos: vivereparvo45@yahoo.com.mx / vivereparvo45@hotmail.com

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