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OPINIÓN

La Familia como Valor Imprescindible

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José Enrique Ortiz Rosas

Licenciado en Administración de Empresas, con estudios en Administración Pública y Planeación Estratégica. Experiencia laboral en Gobierno, Iniciativa Privada y Organismos Empresariales.

Lunes, Julio 4, 2016

 

Es de todos conocidos el interés que la familia suscita a nivel de cada uno de nosotros, pero también cuando pensamos en ella como una institución, las cosas mejoran y se fortalecen, se buscan argumentos que demuestran que se trata de una organización insustituible. Y es fácil encontrar razones para afirmar que para construir el futuro de un país es imprescindible contar con ella.

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La familia tiene dos dimensiones: la privada y la pública, y ambas determinan la configuración y el desarrollo de la sociedad. Realiza funciones fundamentales para el equilibrio social, que justifican la necesidad de apoyarla. En primer lugar la reproductora, para un crecimiento económico sostenido es esencial el capital humano y su origen, al menos hoy por hoy, tiene lugar en la familia; desempeña también una función educativa y de transmisión y priorización de valores, siendo el mejor antídoto contra la desorganización social, si faltan normas y límites durante la infancia se crea un vacío moral que repercutirá en el individuo y en la sociedad; como tercera instancia lleva a cabo la socialización, que también se produce a través de los medios de comunicación, grupos, escuelas, etcétera, aunque cada cual lo hace de manera diferente, todos actúan como piezas de un rompecabezas en el que cada uno es imprescindible para construir bien la figura; pero si la familia es lo que falta en ello el resultado final no estará completo ni será el correcto. Por último sirve de enlace entre generaciones, lo que facilita la transmisión de la cultura y la permite actuar como una red de protección y solidaridad.

Todas estas funciones convierten a la familia en una institución de un valor incalculable que la hace merecedora de un mayor reconocimiento social, así como de más atención por parte de los poderes públicos. En ella los niños comienzan a formar su personalidad, interiorizan valores morales y cívicos, y aprenden actitudes y reacciones emocionales que les acompañarán durante toda su vida. Las familias siempre educan, no pueden no hacerlo, pero necesitan ayuda para desarrollar su papel de la manera más eficaz posible.

El sector público, no puede ser indiferente a las decisiones que toman las familias ni a las nuevas necesidades a las que se enfrentan. Las empresas tampoco pueden ser ajenas a ellas, ya que se benefician, en términos económicos, de familias estables y fuertes porque todos los estudios demuestran que ellas generan trabajadores más productivos. Existen además otros ámbitos en los que las interdependencias son especialmente significativas, demostrando la necesidad de la familia para el crecimiento de un país.

En definitiva la familia actúa como una red de protección primaria que alcanza a muchas personas y que si se rompe hará inviable la estabilidad social.

La necesidad de arbitrar políticas públicas de familia no está en circunstancias coyunturales, puesto que existen argumentos más sólidos y duraderos. Es necesario reflexionar en torno a ellos y trabajar en la elaboración de nuevas propuestas, acordes con la realidad de las situaciones a las que se enfrentan. Las mejores políticas de familia no son exclusivamente de tipo social o económico, para tratar de mejorar su calidad de vida es preciso tener en cuenta, además de su nivel de sociedad, otros factores y su puesta en marcha exige mucha imaginación y mucha voluntad política.

Si se llega a establecer una normativa a su favor, se trabajará entonces por la igualdad de trato entre todos sus miembros y se defenderán sus valores y derechos: el de la mujer a entrar y permanecer en el mercado de trabajo, el de los hijos a ser cuidados por sus padres, el de éstos a educar a sus hijos, etcétera. Dejando aparte convicciones religiosas o morales, el valor social y económico de la familia resulta incuestionable, y por ello es necesario que se le reconozca como un elemento imprescindible para la permanencia y solidez de la sociedad y se convierta en un centro de decisiones.

[el autor es Licenciado en Administración de Empresas y

Especialista en Administración Pública y Planeación Estratégica]

 

 

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