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El rictus de quienes son eternos | Alejandra Fonseca
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El rictus de quienes son eternos

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Mayo 26, 2016

La veo mientras baila. Su música es la del momento y tiene unas muy buenas “oldies”. No para, no deja de ir día a día. Puntual como el sol sale y se mete, así ella llega y se va.

Con grabadora y discos que guarda dentro de un morral como toda herramienta de trabajo, se para a la mitad de la Plaza de la Democracia en el centro de Puebla. En el suelo acomoda la grabadora dentro del morral, le mete el disco de su elección y la prende. Le pone su suéter encima y empieza a tocar sus canciones. Da unos pasos al frente, pone una gorra frente a ella para las monedas que le quieran obsequiar y se pone a bailar sin parar dejando la música por detrás. ¿Qué cómo elige la música? Es un misterio que todos quienes nos hemos detenido a verla, nos preguntamos.

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--Estaba gordita, -me dice un compañero-, ha adelgazado un buen.

--Lo hace diario, y ahí está, no falla, -suelta otro-.

--A mí a veces ya me duele la cabeza por la música, ustedes la ven un rato pero yo estoy aquí a diario y llega un momento que te cansa, -replica uno más-.

No quito la vista de ella que no se inmuta de mi presencia ni de los demás. En sus giros y tempos, suelta frases aleatorias entre paso y paso, entre brinco y brinco, entre cadencia y cadencia, de que seamos felices, que la vida es hermosa, que si bailamos hay menos violencia, que ojalá vivamos en paz.

Se lo dice a los paseantes y no le importa si la miran o la ignoran, si la oyen o le huyen: ella sigue baila y baila soltando frases de concordia y alegría. Su rostro es de total desenfado, su gesto de alegría y disfrute. Tiene el rictus de quienes son eternos: Baila y no le importa si le dan monedas o no; baila y no le importa si está el sol o la lluvia; baila y no le importa que sea ella la que baile o la música la baile a ella.

Si te fijas, viste de jeans y playera sencillos y gastados; sus zapatos minados le dan para lo que son, caminar y bailar. El suéter, color oscuro, es para la grabadora, para que no se caliente por el sol y no se moje con la lluvia. De ahí, viaja ligera.

Recargada en un barandal y abrazando mi bolso, la observo por un buen rato más. Admirable como cumple el cometido de hacer lo que importa y de que nada más importe: bailar y expresar su mensaje a quien quiera y pueda escucharla, lo entienda o no, piensen que está loca o no.

A veces me pregunto: En un bosque donde cae un árbol, ¿existe el sonido si no hay nadie que lo escuche? Y me pregunto más: Si no existe la felicidad, ¿entonces la risa de un niño no es felicidad y sólo ríe?

--¿Qué se mete?, pregunto a mis compañeros que la ven y escuchan a diario.

--Hambre, responde el que tampoco le ha quitado la mirada de encima.

 alefonse@hotmail.com

 

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