“No solo de pan vive el nombre;
Ni solo de matemáticas, ciencias,
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y de las nuevas tecnologías de la información.
La tarea central es crear un mundo que de significado
a nuestras vidas, a nuestros actos, a nuestras relaciones”
Bruner, 2008
¿Qué bagaje trae la juventud? Es la pregunta permanente que nos hacemos muchos padres y maestros ante el consumo tecnológico mundial que se expande cada vez más en todos los ambientes socioculturales y que, esa es la afirmación, crea una barrera para establecer relaciones sociales porque no se reflexiona en el impacto que tiene en la cultura, el arte y los valores sociales en los niños y los jóvenes que se están formando.
¿Estas nuevas generaciones podrán frenar el ímpetu tecnológico que está cambiando mundialmente la visión del mundo y encontrar aquellas alternativas donde se vinculen los nuevos tiempos con la realidad física cotidiana tal y como ahora la conocemos? ¿Cómo? ¿Podrá la electrónica y todos sus inventos sustituir, hasta ahora el necesario contacto físico? ¿Es posible ejercer nuestro derecho a abrir brechas hacia dónde caminar, sin dejarse llevar por el pensamiento homogéneo y seductor de las redes sociales?
Sherry Turckle afirma, que estamos perdiendo la capacidad de conversar porque se nos olvida que ya hay nuevas generaciones que ha crecido sin saber que es una conversación ininterrumpida y recuerda que hasta aparecen nuevos conceptos para nombrar ciertas prácticas, por ejemplo, el phubbing, que representa el acto de ignorar a alguien al mirar el dispositivo móvil y que está presente en casi todos nuestros ámbitos cotidianos.
Es cierto, las nuevas tecnologías transforman de manera sistemática los ámbitos social y cultural; de hecho casi se depende de ellas para funcionar. Los medios audiovisuales se han convertido en los canales de socialización más importantes y su control tiene poder e influencia creciente en los puntos de vista de las audiencias.
Abrir el debate social es urgente, ante lo que Coronado define como “remolino caótico,” cuestionando en dónde estamos ubicados, qué nos está pasando y qué necesitamos; hacer evidente y explícito el vacío que nos rodea ante estos juegos de lo superfluo, lo banal, lo sin sentido y permita plantear alternativas que nos conduzcan que esos tan influyentes estímulos virtuales, puedan canalizarse nuevamente a lo humano, a lo sensible, a lo emotivo, a la ética natural.
Mi punto de vista es que no hay que satanizar a esta nueva era tecnológica, hay que alfabetizarnos y acercarnos al mundo de los niños y los jóvenes y tratar de armonizarlo con el proceso educativo, si bien las redes sociales se han vuelto un escaparate del culto al ego, más relacionado a lo comercial, también pueden favorecer la comunicación humana en todo tiempo y en todo lugar.
De cada uno de nosotros depende darle sentido social y humano a esas relaciones en nuestros círculos cotidianos del trabajo, la familia, la escuela, las amistades, los colegas etc.
Las juventudes están creciendo en esta dinámica de relación que implica otro sistema de valores, y los padres y maestros estamos confundidos y hasta ansiosos ante esta situación.
Es bien cierto que la adicción a lo audiovisual, como todas las adiciones, limita la capacidad de reflexión, por eso, hay que buscar estrategias que eviten una adicción y formar para la recepción crítica de los medios, reflexionar detenidamente que sí y que no de lo audiovisual especialmente en los medios de comunicación y tomar muy en cuenta lo que Martín Calva denomina autorregulación del consumo.
Bruner argumenta que el modo que tenemos para dar significado a nuestras vidas y comprender las ajenas, para entender nuestros actos e interpretar las acciones de los otros es mediante narrativas, relatos, que permitan comprender lo extraño o aquello que quebranta lo esperable, canónico o normativo. Esta es una veta que podemos explorar dentro de muchas otras más.
Termino con una de las preguntas que plantea Coronado:
¿Es posible ejercer nuestro derecho a abrir brechas hacia dónde caminar, sin dejarse llevar por el pensamiento homogéneo y seductor de las redes sociales? Afirmó que si, pero hay que atreverse a caminar por esas brechas acercándose a lo que los niños y jóvenes caminan y que nosotros, aún no conocemos.
Referencia.
Coronado, X. F. (2016). El mundo a través de una pantalla; Juventud y sociedad en la era digital. La Jornada Semanal, Cultura, En http://semanal.jornada.com.mx/2016/03/04/el-mundo-a-traves-de-una-pantalla-juventud-y-sociedad-en-la-era-digital-633.html