Ahora que la reforma Universitaria en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla es el olvido de todos y el recuerdo de unos cuantos, leemos con vehemencia a esos escasos catedráticos que se rasgan las vestiduras por sucesos como el acontecido en la facultad de Derecho de la máxima casa de estudios.
Se trata de quienes se ven afectados por lo que en realidad es un nuevo modelo de universidad, donde sin embargo, con claridad hay que decirlo las instituciones privadas han pasado a desplazar con sus egresados al intelecto que emerge de la BUAP, ello incluso por que la propia Benemérita ha situado egresados de otras Universidades en los mandos superiores debido a que la autonomía es cosa del pasado, quizá por la grave confusión que se dio a tan ambiguo vocablo.
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La facultad de derecho no es ya “la escuelita” cuya matrícula era del todo controlable donde vacas sagradas disponían a diestra y siniestra de las cargas laborales para amigos, compadres y parentela. La política que hoy se ejerce en la BUAP, es básicamente la que se estructura en las altas esferas de gobierno, por ende, el espíritu crítico y democrático ha sido borrado para fortuna de muchos y consuelo de quienes han permanecido nadando de muertito so pena de no remar contra corriente.
La verdadera molestia de quienes por diversas razones han sido desplazados de la BUAP, no se origina por la preocupación del nivel académico en la facultad de Derecho, la preocupación es de sobrevivencia cuando prácticamente solo se aprendió a vivir de la Universidad, épocas no muy remotas cuando generando tremor político se obtenía un mayor grado académico incluso en el extranjero, cuando se gozaba de años sabáticos y se podía dar la cátedra de un semestre con un mes de asistencias o bien se obtenía un cargo administrativo sin la capacidad mínima para ello.
Preocupa a quienes egresamos de la máxima casa de estudios que hoy día haya catedráticos que expresen a sus alumnos una usual y nefasta frase al darles la recepción de ingreso “conmigo van aprender derecho y cohecho”, nada más alejado que aquello que enseñaban aguerridos maestros formados en el conocimiento impregnado de conciencia social.
Por supuesto que no se añora aquella Universidad estigmatizada por cierto conglomerado social, empero si, una universidad participativa de su intelecto y de sus capacidades al seno social. Prueba de lo antes mencionado es que de acuerdo con el ranking de las mejores universidades en derecho que publicó el periódico Reforma para nuestra entidad, este año el primer lugar es para el Tecnológico de Monterrey campus Puebla, con una calificación de 8.85, en el segundo lugar se sitúa la Escuela Libre de Derecho de Puebla con 8.72, en tercer lugar se encuentra la facultad de Derecho de la BUAP, con 8.67, posteriormente se encuentra la UPAEP, con 8.61 y después la IBERO Puebla, con 8.54, desplazando a la UDLAP, a quien se califica con 8.42. Desde luego, que en este reglón debe haber cabida para la preocupación de académicos y egresados de nuestra casa de estudios, no así por aspectos de carácter personal o de grupo que en nada favorecen al interés superior que en este caso reitero, lo es la búsqueda del mejor nivel académico.
La penosa salida del doctor Carlos Moreno Sánchez, aun cuando estructurada desde las altas esferas Universitarias, tuvo razones y fundamentos ya que su desatención académica y preocupación por su futuro personal incidieron directamente en las directrices que le generaron su remoción, esto es en el pecado encontró su penitencia. Esperemos pues que quienes hoy se encuentran al frente de la facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la BUAP, retomen la preocupación de algunos antecesores como el maestro Emiliano Perea Peláez, que en su momento propiciaron el camino académico y de infraestructura necesaria con una gran visión de continuidad.
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