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OPINIÓN

¿Reprobados?

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María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Viernes, Julio 31, 2015

Después de la publicación de los primeros resultados del proceso de promoción a cargos con funciones de Dirección (Director y Subdirector), Supervisión (Supervisor, Inspector, Jefe de Zona, Jefe de Sector y Jefe de Enseñanza) y Asesoría Técnica Pedagógica (ATP en Lenguaje Oral y Escrito, ATP en Pensamiento Matemático, ATP en Educación Especial y ATP en Educación Física) en la Educación Básica, ciclo escolar 2015-2016 se desató una serie de comentarios en prensa, radio, televisión y redes sociales que han carecido de los análisis necesarios y  han servido para que se hable de directores, supervisores y jefes de sector reprobados y/o no idóneos como lo marca el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE).

Si la evaluación sirve para mejorar, aquí está la oportunidad para que con esos resultados, se puedan implementar acciones de formación continua, tutoría y acompañamiento, sobre quienes deberían descansar los liderazgos académicos de la educación básica.

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Para quienes no son  maestros, es conveniente recordarles que es el servicio profesional docente, en el cual se apoya la realización de esa evaluación, es el  conjunto de actividades y mecanismos para el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia en el servicio público educativo. En él, sobresale el impulso a la formación continua con la finalidad de garantizar la idoneidad de los conocimientos y capacidades del personal docente, directivo y de supervisión que participan en los  procesos de enseñanza y de  aprendizaje en todos los niveles de la educación pública.

Estos resultados de evaluación del desempeño docente serán el insumo para orientar su formación. Así como en la investigación educativa, toda esta información permitirá fortalecer las prácticas de enseñanza y de aprendizaje que ocurren en las aulas del país.

Cuando los docentes se presentaron  a sus sedes de aplicación,  pusieron en juego   sus conocimientos y habilidades directivas, es decir, casos escolares cotidianos y planteamientos a resolver.

Adicionalmente, se evaluaron también a través de la recolección y el análisis de información, evidencias y diversos instrumentos:

Argumentos sobre las evidencias de gestión directiva.

Conocimientos y habilidades para propiciar el adecuado funcionamiento de la escuela.

Ruta de mejora y acciones para llevarla a cabo a través de  rúbricas aplicadas por evaluadores certificados por el INEE para valorar la argumentación sobre el expediente de evidencias de gestión directiva, así como la ruta de mejora y la fundamentación de acciones.

Es importante  precisar que la responsabilidad de este proceso es tripartita: el INEE emite los lineamientos y criterios técnicos acerca de cómo realizar y validar las evaluaciones, la SEP federal define parámetros e indicadores, además de los métodos e instrumentos de evaluación y las autoridades en los estados define la operatividad y las evaluaciones complementarias que se realicen.

Algunos de los resultados generales, en los que se han detenido únicamente los medios de comunicación son los de idoneidad del personal directivo que participó en el proceso.

De 3,934 docentes que participaron para funciones de subdirector, 2,379 resultaron idóneos, ellos conforman el  60.5% del universo de los docentes que participaron en la evaluación; 19,171 directores se evaluaron, el 60.3% resultaron idóneos, es decir 11,562; en la función supervisora el porcentaje fue de 44.3 % ya que de 8,332,  3 689 alcanzaron la idoneidad; en cuanto a los jefes de sector de 1,058 evaluados, los resultados idóneos fueron para 462 lo que constituye el 43.7% de la población evaluada.

Un análisis muy general sobre la función directiva que realizan estos docentes evaluados, nos permite detectar una debilidad no solamente de las figuras evaluadas, sino de todo el sistema educativo en su conjunto: el proceso de mejora continua de la calidad educativa requiere de un tipo de liderazgo con el que aún no contamos.

En palabras de Sylvia Schmelkes: “El director debe ser el primero y el más comprometido con el propósito de mejorar la calidad. Esto significa que el director de una escuela debe sentirse responsable de la calidad educativa de esa escuela. Debe fungir como auténtico líder, capaz de motivar, facilitar, estimular el proceso de mejoramiento de la calidad. Es un animador de la comunidad escolar”.

Aunque los resultados de la figura del director y subdirector superan el cincuenta por ciento, es decir, más de la mitad de los evaluados se encuentran en el rango de idoneidad, hay casi un cuarenta por ciento en los cuales hay que focalizar la formación, el acompañamiento y la tutoría. Así es como se debe tratar lo no idóneo y es tarea en cada uno de los estados implementar las acciones a realizar.

No se trata de señalar si son “burros” o no; o si hay que atacarlos y denostar su esfuerzo, sobre todo con los resultados de supervisor y jefes de sector, ellos han respondido durante mucho tiempo a otros intereses que no han sido precisamente los académicos.

Si se quiere caminar hacia la mejora, es momento de cambiar esa situación y seguir trabajando sobre la vertiente de limitar su función en el papeleo administrativo  para conocer a fondo los procesos importantes que ocurren en las escuelas, sobre todo los pedagógicos y de gestión escolar.

En este proceso que apenas inicia, todos debemos aprender a colocar la mirada en lo sustancial, si no es así, quien esté libre de culpa, que lance la primera piedra.

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