Cada vez se hace más frecuente el cuestionamiento social hacia cierta clase o agrupación política, y algunas veces pagan justos por pecadores. El prestigio de la administración pública y de la procuración e impartición de justicia continúa demeritándose, y es que los hechos hablan por sí solos; en una nación donde el acceso a la educación y a la salud es limitado y los procesos y procedimientos previstos para reclamar justicia son complejos.
Ahora bien, en un estado constitucional de derecho, el perfil de servidor público o político de carrera no sólo se debe de basar en su experiencia y conocimientos técnicos sino también en valores laicos inherentes a su educación y calidad de persona.
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Cualquier gobierno o sociedad requiere de sujetos sensibles, leales, perceptivos, empáticos, congruentes, transparentes, solidarios y comprometidos con su entorno, es decir, con principios estables, auténticos, independientes y de contacto social.
La simetría nacional necesita amantes de los retos y los cambios positivos. La sociedad reclama personas que descubran y generen alternativas de progreso, en pocas palabras: gente con amor y pasión a la región, a su país, al continente, al planeta.
Lo obvio, como hablar el idioma oficial del territorio en que ejercen, será la preparación e idoneidad para el cargo asignado o al que aspiran, debiéndose descartar al experto pero enfermo de poder, al impostor o a quien públicamente no goza de buena reputación.
Así, nuestra atención debe estar en la vocación al servicio público y en la aptitud de cumplir con los valores que ello demanda. La gente está harta de los usurpadores de principios y de la cara amable de la ayuda aparente. De los fervientes buscadores del vivir a expensas del Estado y los negocios que se pueden hacer con el abuso de su potestad.
Nuestro contexto reclama un ser humano preparado para superar los problemas sociales y del planeta, siendo necesario aportar y reforzar la educación de nuestra juventud y de los interesados en cargos públicos. Quien creyó que la función política o de servicio público era mantener un escritorio limpio y perfumado se equivocó de época o se resiste al cambio.
El perfil de quien se dice político o se interesa en la política consiste en ser honesto y ejercer con base en la verdad y distinguir entre temas que se resuelven mediante leyes de aquellos donde la emisión de normas no resuelve la problemática.
La humanidad requiere echar mano de su voluntad y carácter en el ejercicio y defensa de sus derechos y libertades; pero ante todo, de un nuevo perfil de político o servidor público, basado en valores y principios seculares, donde la preparación es obvia pero los valores son indispensables.