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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La difunta del avión

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José Alarcón Hernández

Lic. en economía, con mención honorífica. Diputado Local dos veces y diputado federal dos ocasiones. Subsecretario de Educación Superior de la Entidad y Subsecretario de gobernación del Estado. Autor de 8 libros publicados por la Editorial Porrúa. Delegado de la SEP Federal en el Estado. Actualmente Presidente del Colegio de Puebla. A.C.

Lunes, Diciembre 15, 2014

“Mors certa, hora incerta

“La muerte es segura, la hora incierta”

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Son cinco hermanos, más bien tres hermanos y dos hermanas.

El martes recibieron un telefonema trágico, su mamá Natalia había fallecido.

Por eso viajarían de San Diego California a Cuautlancingo.

Se alistaron compungidos. Las hermanas lloraron sus tristezas.

Los hermanos también tuvieron que recoger sus lágrimas.

Y ahora como le hago, no encuentro mi pasaporte. Llamó Florinda a su otra hermana, Matilde.

En fin, llegaron al aeropuerto a San Diego y parecía que no tendrían problema. Viajarían a la ciudad de México.

Uno de ellos, Pedro, fue interrogado por la policía y por lo tanto no podía viajar.

Pasaron unas horas. Desapareció la confusión y entonces pudo viajar con sus otros cuatro hermanos.

El avión despegó y bueno, mientras viajaban se preguntaron: ¿a dónde irá a quedar mamá, en Cuautlancingo o en Zavaleta?

¡Pues en Cuautlancingo! Esa era la voluntad de mamá.

La otra hermana y tal vez uno de los hermanos, Pedro, registraron en su mente a quién se le quedaría la herencia.

Los cinco urdían: ¿qué les tocaría?

¡Hey!, ¡Hey!, ¡Hey!

Azafata, Ayúdenme, mi abuelita se muere, gritaba una jovencita que iba en el avión.

Los gritos eran de desesperación.

Entonces, una de las azafatas corrió al asiento 123 a auxiliar a Mari, la nieta de la casi difunta.

Doña Cleotilde sufrió un infarto.

Nada se puso hacer por ella.

Era la mitad del vuelo.

Llegarían a la ciudad de México, con la aflicción por la muerte de un ser querido.

Por otra parte, doña Natalia ya difunta fue llevada aún con vida a la clínica de Apizaco, ciudad a la que había ido para visitar a una de sus comadres, doña Magdalena.

La ambulancia llevo a doña Natalia a la clínica, los médicos corrieron a atenderla pero ya no resistió los golpes de la muerte.

Pronto la noticia de la difunta corrió entre sus familiares.

Ahora era necesario llevarla a Puebla, a su casa, donde vivía.

Sí, pero había que pagar 15 mil pesos.

Ninguno de los parientes dolientes tenía ese dinero.

Entonces los envolvió una pena sobre otra.

La nieta de doña Natalia, Julia vio a su marido y casi suplicante le dijo: Ayudemos con estos 15 mil pesos.

El marido, de buena gana, ante la expresión de su esposa Julia, aportó el dinero  para llevar el cuerpo a su casa, en Zavaleta.

El avión llegó a la ciudad de México, era el día siguiente al fallecimiento de doña Natalia.

El dolor invadía a los hijos.

Llegaron y ungieron con sus lágrimas el cadáver de su madre.

Llego el momento en el que se definió que la difuntita fuera sepultada en Zavaleta. Ahí tenía sus terrenos, sus propiedades y esa fue su voluntad siempre.

Entonces doña Natalia encontró su última morada hasta el tercer día. Era miércoles.

Alguno de los parientes cercanos de la difunta, no pudieron abstenerse de comentar: Ahora vendrán las diferencias y tal vez hasta el enfrentamiento entre hermanos por los terrenos, que sin querer heredaba la difunta.

En fin, no se sabe en que acabo el lió que se originó por las propiedades.

El avión aterrizó en el aeropuerto de la ciudad de México.

Bajaron todos los pasajeros. Una de las azafatas espero a que el agente del ministerio público, radicado en el aeropuerto levantara el acta correspondiente.

Mari, la nieta, estaba inconsolable.

En fin, el cadáver fue llevado a una funeraria, la cual se encargó de hacer todos los trámites para que doña Cleotilde reposara en su última morada.

En el caso de los cinco hermanos, tres ya no se preocuparon por nada, ni por los bienes por heredar ni por su regreso a San Diego.

Tenían sus papeles en regla.

Dos de ellos, a la preocupación de regreso, el coraje por la distribución de la herencia.

Doña Natalia tenía muchos nietos. La familia era grande.           

Ella tenía ochenta años, sus hijos adultos, maduros.

De Mari ya no supimos nada, seguramente encontró su descanso sin problemas, porque ella no tenía nada que heredar.

De cualquier modo, de la muerte nadie se salva, pobres y ricos tienen el mismo fin.

Los bienes se quedan, los males se van.

La buena fama es ejemplo y perdura.

Con motivo de este tema, traigo a colación estas citas:

Séneca: “La vida no es más que un viaje hacia la muerte”.

Cicerón: “Ningún hombre puede ignorar  que tiene que morir, ni debe estar seguro de que ello no pueda ocurrir en este mismo día”.

Séneca: “Vive con los hombres como si Dios te viera; conversa con Dios como si los hombres te oyeran”.

Mis correos: vivereparvo45@yahoo.com.mx / vivereparvo45@hotmail.com

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