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Duelo | Alejandra Fonseca
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Duelo

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Octubre 9, 2014

En silencio la miró. Con rudeza y dolor, después de algunos instantes, se envalentonó para decir firme y retadoramente: “Estuve muy metida en el budismo. Siempre supe que debía combatir mis apegos. Después de intentarlo por mucho tiempo, me pregunté: ¿Qué tienen de malo los apegos si te hacen feliz? ¿Qué acaso no venimos a esta vida para serlo? ¿Por qué debo renunciar a mi apego si es lo que me llena, me da vida, me hace plena, me hace sentir segura y completa? ¡No lo voy a hacer aunque eso signifique no llegar a la salud mental o perfección espiritual! Prefiero mi apego a vivir ‘sana’, pero vacía y sin sentido”.

La amiga hizo una pausa. La respuesta la dejó desarmada. Con mirada desencajada, empezó a balbucear para intentar responder a tal verdad. “Tienes razón. Si el recuerdo de tu hermano te llena de vida, no renuncies a él. El apego en realidad habla de dolor, no de renuncia a lo que te hace plena. Lo que intento es que vivas el duelo, la pérdida. Que cierres el círculo no significa que tengas que dejarlo ir…”

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“No podría—dijo. Es mi vida. Él era, mi alma gemela. Siempre jugábamos juntos. Estar a su lado me hacía fuerte, valiente, alegre, segura. Era lo más bonito levantarse cada mañana para ir a buscarlo y saber cuál era el plan del día. Qué travesuras haríamos… Amanecer significaba ir a su encuentro. Desde que murió me levanto sin sentido, triste, sin ganas. Amanece oscuro. Siento que no quepo en ningún lado. Me siento extraña en todo lugar. El tiempo pasa sin contenido, lleno de angustias. No me adapto a nada. Me siento incómoda e incompleta a cada momento. Mi familia era él. El universo era él. Ahora me siento sola, tan sola y vulnerable… No, no puedo renunciar a él aunque eso signifique, ante tus ojos y los de mucha gente, que estoy mal. Prefiero estar ‘enferma’ con él, que hueca y hundida sin él. Después de él, nada llena ese hueco”. Hizo una pausa, y sin miedo, expresó: “¿Sabes que cuando murió quise irme con él, que me llevara? ¡Quería morirme para estar con él!” 

“Todavía te quieres morir…”, añadió sin contención la amiga. ¡Qué más podía contestar ante tal autenticidad! Sus ojos se llenaron de lágrimas y sintió un profundo arrepentimiento por intentar ‘ayudarla’ a sanar su alma por el camino que ella pensó sería el adecuado. ¿Cómo se ‘sana’ un alma que ha estado tan plena por tanto tiempo, con tanto contenido, significado y amor, si la salud es eso? ¿Cómo se intenta siquiera, quitarle todo eso que preña de sentido y motivo cada momento de su existencia? Sabía que no le puedes quitar a nadie su verdad si no le das otra de mayor magnitud… y no hay.

Su agobio se evidenció con las palabras: “¡Recupéralo todo! ¡Recupéralo completo! ¡Recupera lo más sagrado de tu ser! Recuerda lo que más te gustaba al estar a su lado, ¿qué era?, ¿qué es?”

Sin dudarlo la muchacha respondió: “Su risa…”

alefonse@hotmail.com

         

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