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Todos los fines de semana viaja a esta ciudad con su producto, el cual es comprado por locales para ser enviados a Estados Unidos
Poblano mantiene viva la tradición y venta de muéganos en Atlixco
Foto: Angelina Bueno
Roberto viaja todos los fines de semana de la ciudad de Puebla a la de Atlixco, cargando su caja con muéganos, esta rutina la realiza desde hace más de 25 años. Él elabora el postre y lo mantiene entre el gusto de los atlixquenses, en la actualidad es el único vendedor de este dulce.
Fue durante el partido México-Corea que compartió su historia, mientras disfrutaba el encuentro deportivo gracias a que uno de los restauranteros del centro colocó una gran pantalla. De pie tras las macetas que limitan la zona de mesas al aire libre, dejó de lado la venta y festejó el gol de los mexicanos.
Roberto tiene domicilio en Maravillas, una colonia de la capital poblana, cerca de los estadios Hermanos Serdán y Cuauhtémoc. En esta ciudad encontró clientes para su producto, además de andar en el zócalo y la zona del centro histórico, acostumbra a pararse en el portón principal de la parroquia de Santa María de la Natividad ubicada frente al parque Colón.
Espera de pie la salida de la misa de 8 de la noche para poder ofrecer a los feligreses estos dulces típicos de la gastronomía mexicana y que prepara con masa de harina de trigo horneada y unida con jarabe de piloncillo, azúcar o miel, siguiendo una receta tradicional que ha pasado de generación en generación.
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Entre sus principales clientes están también los atlixquenses que tienen familia en Estados Unidos, comentó que le hacen pedidos para mandarlos a la Unión Americana: “Me hacen pedidos de entre mil 500 y 2 mil pesos. Van para Nueva York”, indicó.
Cada uno de los dulces que tiene perfectamente ordenados sobre una tabla blanca junto a un farol de papel de china rojo que dentro tiene una luz cuestan 20 pesos y en algunos de esos pedidos manda hasta 100 piezas que son empacados en cajas especiales que les permiten resistir el largo trayecto.
Son comprados con esta intención debido a que para muchos paisanos atlixquenses y poblanos este dulce es un recuerdo que los traslada a la tierra que los vio nacer. Poco antes de las 21 horas, después de terminarse su coca y una rebanada de pizza que le compartieron algunos reporteros locales y sin ver el segundo tiempo, Roberto se despidió porque tenía que tomar el último autobús para la capital del Estado y no tener que quedarse en Atlixco a dormir. (JH)