​“Una de las festividades más señaladas en nuestro país es la referida a la celebración del día de la Santa Cruz o de la Invención de la Santa Cruz (que más que invención sería “descubrimiento” por parte de santa Elena, madre del emperador Constantino, el 3 de mayo del año 327) “.

Así lo expresa el historiador Sergio M. Andrade Covarrubias en su texto 3 de Mayo: Día de la Santa Cruz, en el que añade que “En esta fecha se festeja al gremio de los albañiles o alarifes, aunque ya por extensión a todos los trabajadores de la construcción, incluidos arquitectos, ingenieros, carpinteros y demás que intervienen en una obra”.

La colaboración de Andrade Covarrubias se publica íntegra a continuación:

Una de las festividades más señaladas en nuestro país es la referida a la celebración del día de la Santa Cruz o de la Invención de la Santa Cruz (que más que invención sería “descubrimiento” por parte de santa Elena, madre del emperador Constantino, el 3 de mayo del año 327) “.

En esta fecha se festeja al gremio de los albañiles o alarifes, aunque ya por extensión a todos los trabajadores de la construcción, incluidos arquitectos, ingenieros, carpinteros y demás que intervienen en una obra”.

Aunque ciertamente es una fiesta de tradición arraigada, no se puede decir que prevalezca desde una larga data, más bien se podría afirmar que su importancia se acendró a partir de la segunda mitad del siglo anterior, aun cuando el Papa Juan XXIII la haya retirado de las celebraciones litúrgicas anuales.

No hemos encontrado referencia alguna a celebraciones parecidas en el entorno prehispánico ni en el virreinal, ni aun en la época decimonónica. Todo lo más es lo que nos dice George M. Foster en La cultura tradicional en España y América afirmando que en España “En la actualidad (1960), las celebraciones religiosas del 3 de mayo se reducen, usualmente, a una misa especial y, quizás, una corta procesión callejera. Lo festivo del día radica más bien en sus aspectos populares que en las actividades eclesiásticas” Estas se reducen a adornar con flores las esquinas de las calles y en las casas, con velas encendidas a sus pies.

Y aún en algunos pueblos se dan representaciones del descubrimiento de la Cruz por parte de la emperatriz Elena bastante impresionantes. Remata Foster: “En España todos los habitantes reverencian a la Cruz; no se trata de la norma de ningún grupo en especial; ello contrasta con el patrón mexicano, en cuyo caso la Cruz es la patrona de los albañiles y peones de albañilería, siendo este grupo el que celebra el 3 de mayo, adornando con flores y papel de colores los edificios en construcción, tirando cohetes, y comiendo y bebiendo a expensas del dueño o contratista”.

Se ha especulado con que la celebración del día de la Santa Cruz corre paralela a antiguas celebraciones agrícolas de las culturas mesoamericanas en torno a la llegada de la temporada de lluvias y, por ende, al comienzo del tiempo de las nuevas siembras y que esta costumbre fue llevada a las grandes ciudades por parte de aquellos trabajadores nacidos y criados en el campo, los cuales en recuerdo de las viejas tradiciones indígenas trasladaron el hábito de señalar con cruces adornadas las fachadas de las obras en construcción y festejar con misa, comida, bebida y cohetes tan significativa fecha para ellos.

Otro motivo podría ser el de repetir la añeja idea de colocar una cruz labrada (u otros motivos religiosos) en las portadas de las casas, justamente arriba de la puerta principal, con la intención de proteger la vivienda de cualquier agente dañino, ya fuera algún fenómeno natural o acción humana. Igualmente se podría deber a la solicitud de protección divina, ya que la cruz como símbolo juega el papel de salvación y redención ante Dios. Lo cual de algún modo coincide con la visión cosmogónica de las culturas prehispánicas en el sentido de la trascendencia.

Durante el periodo virreinal de la Nueva España existió un tipo de cruz muy especial: la llamada cruz atrial, siempre colocada en el centro de los amplios atrios de las construcciones religiosas erigidas por las diferentes órdenes evangelizadoras, donde precisamente se congregaba a las poblaciones para escuchar “la palabra divina”, así como para catequizar a los niños y otras actividades.

En algunos casos también eran utilizados como cementerios, utilizando a la cruz como señal o “decorado universal de los cementerios cristianos”, según María de los Ángeles Rodríguez García, quien también nos dice que en Europa “…la cruz de cementerio va a tener una significación muy especial, ya que, además del sentido litúrgico que señala la existencia de un cementerio, indica el derecho de asilo que tiene el sitio”.

Aunque normalmente las cruces de cementerio no deberían contar con la efigie de Cristo, la mayoría de las cruces atriales son un dechado de ornamentación utilizando las llamadas “armas de Cristo”, que no son otra cosa que los símbolos referidos a la pasión y muerte de éste, entre ellos la escalera, la lanza, el gallo, los clavos, las pinzas, etc., sirviendo como recordatorio del sacrificio del mesías para salvar a los hombres del pecado. Curiosamente, una de estas cruces atriales se ubicó, hacia el año de 1960, en el mercadillo del Parián de la ciudad de Puebla, añadiéndosele una cartela donde se la dedica a los miembros del “gremio de albañiles y alarifes”, lo que nos permite apreciar la utilización de este símbolo en lugares no correspondientes con su función, pero respetando cierto criterio de honra y simbolismo.

Murmullo de los portales